Ir al contenido principal

Diócesis de San Felipe

Los Andes dio gracias a Dios por Chile con tradicional Misa a la Chilena

La comunidad andina se reunió este domingo 13 de septiembre en la Parroquia Santa Rosa de Lima para vivir la tradicional celebración de Fiestas Patrias, que congregó a autoridades, representantes de instituciones y a numerosos fieles en torno a la fe, las tradiciones y la acción de gracias por la patria.


Con el templo de Santa Rosa de Lima de Los Andes completamente lleno, la comunidad andina vivió este domingo 13 de septiembre la tradicional Misa a la Chilena de Acción de Gracias, una celebración que cada año reúne a la comunidad en el contexto de las Fiestas Patrias para agradecer a Dios por Chile y encomendar su presente y futuro.

La Eucaristía contó con la presencia de autoridades comunales, encabezadas por el alcalde de Los Andes, Manuel Rivera; el delegado presidencial provincial de Los Andes, Ricardo Figueroa Ayala; representantes de las Fuerzas Armadas y de Orden y Seguridad, instituciones públicas y privadas, además de representantes de la Iglesia y numerosos fieles que llegaron hasta el principal templo de la provincia.

La celebración fue presidida por el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, y concelebrada por el párroco de Santa Rosa de Lima, padre Juan Cortés, y el padre Omar Orellana Manríquez, decano de Los Andes y capellán del Ejército.

La celebración adquirió un carácter especialmente chileno a través de la música y los cantos litúrgicos acompañados por la armonía del folclore nacional, integrando la expresión de nuestra cultura con la celebración de la fe y la acción de gracias a Dios.

En su homilía, el obispo iluminó la celebración a partir de las lecturas correspondientes al XXIV Domingo del Tiempo Ordinario, cuyo centro estuvo puesto en el llamado al perdón. La primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, invitó a dejar atrás el rencor y a perdonar las ofensas, mientras que el Evangelio presentó la enseñanza de Jesús sobre la necesidad de perdonar “setenta veces siete”.

Desde esta Palabra, Mons. Gonzalo Bravo vinculó el mensaje del Evangelio con la celebración de Fiestas Patrias, invitando a mirar la construcción de Chile también desde la capacidad de perdonar, reconciliarse y buscar el bien común. En un país que celebra su historia y sus tradiciones, señaló la importancia de recordar que la patria no se construye solamente desde los símbolos que la representan, sino también desde las relaciones que sus habitantes son capaces de establecer entre sí.

El llamado al perdón adquirió así una dimensión profundamente comunitaria: reconocer que todos necesitan de la misericordia y que una sociedad puede avanzar cuando sus miembros son capaces de superar divisiones, sanar heridas y volver a encontrarse. El Evangelio recordó que el cristiano no está llamado a llevar una cuenta de las ofensas recibidas, sino a vivir desde la misma misericordia con la que Dios mira a cada persona.

En este sentido, la celebración permitió unir fe, identidad nacional y compromiso con el país, poniendo ante Dios las familias, las comunidades, las autoridades y todos quienes trabajan diariamente por el bienestar de Chile.

Al concluir la Eucaristía, los presentes pudieron disfrutar de algunos pies de cueca, dando paso posteriormente al tradicional desfile militar realizado en el marco de las celebraciones de Fiestas Patrias. De esta manera, la jornada integró la oración, la música, las tradiciones y el encuentro ciudadano en torno a una misma celebración.

Desde la Iglesia de la Diócesis de San Felipe, se agradeció especialmente a la comunidad de Los Andes y a todos quienes participaron de esta tradicional Misa a la Chilena, contribuyendo a que esta celebración siga siendo un espacio donde la comunidad pueda encontrarse y expresar públicamente su gratitud.

En este mes de septiembre, la comunidad andina volvió a poner a Chile ante Dios, confiando su camino a su providencia y a la intercesión de la Virgen del Carmen, Reina y Madre de Chile, dando gracias por la patria y renovando el deseo de construir juntos un país donde el encuentro, la solidaridad, el respeto y la fraternidad tengan siempre un lugar.

Obispo bendijo nuevos velatorios en los Cementerios de Santa Rosa y San Esteban

Los espacios estarán desde ahora disponibles para las familias que deban despedir a sus seres queridos, fortaleciendo la misión de los cementerios de ofrecer acogida y acompañamiento en momentos especialmente sensibles.


Este jueves 10 de septiembre, el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, bendijo los nuevos velatorios de los Cementerios de Santa Rosa y San Esteban, en una sencilla y significativa ceremonia que contó con la presencia del personal de ambos camposantos, además del administrador de Bienes del Obispado de San Felipe, Guillermo Cabrera Cancino, y funcionarios de la administración central de los cementerios.

Con esta bendición, ambos espacios quedaron disponibles para las familias que necesiten contar con un lugar digno y acogedor para realizar la despedida de sus seres queridos antes de su sepultación. La habilitación de estos velatorios busca responder concretamente a una necesidad de muchas familias y fortalecer la disposición de la Iglesia para acompañarlas en momentos de dolor y especial sensibilidad.

Durante la jornada, Mons. Gonzalo Bravo destacó que iniciativas concretas como la apertura de estos espacios representan también una oportunidad de cercanía con las familias, especialmente con aquellas que enfrentan dificultades para disponer de un lugar adecuado donde realizar la última despedida.

El obispo valoró que estos nuevos velatorios permitan ofrecer una alternativa digna, cercana y acogedora, haciendo visible que la misión de la Iglesia también se expresa en estos momentos de duelo, acompañando a las personas y familias con respeto, humanidad y esperanza cristiana.

Obispos llaman a renovar la mirada pastoral ante la migración: Superar los prejuicios y caminar hacia una auténtica interculturalidad

En el contexto de las actividades del Mes del Migrante y a pocas semanas de la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, se llevó a cabo este martes 8 de septiembre en la sede principal de ENAC el encuentro “Renovar la mirada: claves pastorales ante la migración hoy”.


La jornada reunió a obispos de la Comisión Pastoral (COP), directores y equipos de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh) y Caritas Chile, así como representantes del Instituto Católico Chileno de Migración (INCAMI), la Red Clamor Chile, agentes pastorales y autoridades vinculadas a la gestión migratoria en el país.

El propósito central del acto fue revisitar y proyectar hacia el momento actual el documento pastoral del Comité Permanente de la CECh dado a conocer en mayo de 2024: “Fui forastero y me recibieron (Mt 25,35). Una mirada cristiana a la migración” el que se puede revisar en www.iglesia.cl.

La protección de los más vulnerables y la caridad como compromiso ético
El inicio del encuentro estuvo a cargo del Obispo Cristián Castro Toovey, Secretario General de la CECh y Obispo de Santa María de Los Ángeles; quien abrió la jornada con una oración encomendada a San José y a la Sagrada Familia como signo de quienes debieron huir y vivir la experiencia de peregrinar como migrantes.

En su mensaje de apertura, el Obispo destacó que «la Iglesia en Chile camina en la historia con los dolores y esperanzas de nuestro pueblo» e hizo eco de los llamados magisteriales frente a la paradoja entre el ruido mediático y la convivencia cotidiana. En esa línea, relevó la urgencia de atender el mensaje del Papa León XIV para la próxima Jornada Mundial, centrando prioritariamente la mirada en la dignidad de los niños, niñas y adolescentes migrantes frente a la violencia, la explotación y la separación familiar.

Desafíos estructurales: desmitificar prejuicios y avanzar hacia la interculturalidad
La exposición central fue encabezada por el Obispo de San Marcos de Arica, Moisés Atisha Contreras, Presidente de Cáritas Chile, quien ofreció una lectura profunda sobre la realidad migratoria nacional a partir de los ejes del documento de la CECh en una presentación titulada: “Fui forastero y me recibieron: Una ruta hacia la interculturalidad”.

El Obispo Atisha abordó la paradoja chilena entre la percepción mediática y la experiencia barrial directa, señalando que la inmensa mayoría de las personas migrantes constituyen una fuerza vital honesta y trabajadora que busca construir su proyecto de vida. El obispo analizó nudos críticos actuales, entre ellos, las dificultades de regularización administrativa que sumergen a familias en la informalidad y la precariedad. También la

a necesidad de desmitificar la relación entre migración y criminalidad, enfatizando que nadie delinque por su origen y que las bandas de crimen organizado responden a lógicas transnacionales que no deben confundirse con la condición migratoria.

Finalmente enfrentó la necesidad del paso imprescindible de la simple coexistencia o multiculturalidad estática hacia una interculturalidad dinámica, basada en el enriquecimiento mutuo, el reconocimiento de derechos y deberes, y la cultura del encuentro.

Asimismo, recordó las raíces bíblicas de la fe cristiana -marcada por un ADN de forasteros y por el propio Jesús peregrino y refugiado- y la actualidad de los cuatro verbos del Magisterio del Papa Francisco: acoger, proteger, promover e integrar.

Diálogo con las comunidades: visibilizar lo positivo y derribar el miedo
Tras la ponencia, la Secretaria General Adjunta de la CECh, Valeria López Mancini, animó una ronda de reflexiones y preguntas con los asistentes.

Durante el intercambio, representantes de la sociedad civil y de la Red Clamor plantearon los desafíos para traspasar este mensaje desde la teoría a las decisiones concretas de la sociedad, frente a temores atávicos y barreras burocráticas que angustian a comunidades venezolanas y haitianas. Asimismo, educadores y agentes pastorales advirtieron sobre el impacto del rechazo y el racismo en niños en las escuelas y centros de salud, llamando a utilizar las redes comunitarias para visibilizar los aportes culturales positivos.

Frente a estas inquietudes, Mons. Atisha insistió en la porfía evangélica del diálogo con las autoridades del Estado, llamando a no caer en el desánimo ni en trincheras, e instando a las propias comunidades migrantes a alzar la voz con dignidad para romper el silencio y mostrar su verdadero rostro solidario. Además, destacó iniciativas metodológicas de diálogo como el programa «Con-Vive» impulsado por la Red Clamor.

Un gesto fraterno para Fiestas Patrias: la acogida como primer paso
El cierre de la actividad estuvo en manos del Presidente de la CECh, el Arzobispo de La Serena, René Rebolledo Salinas, quien expresó su gratitud a los organizadores, a las comisiones diocesanas de movilidad humana, al INCAMI y a su delegación por el incansable servicio desplegado durante años.

El Arzobispo Rebolledo subrayó que la actividad comporta un especial desafío: «Nos corresponde retomar este documento, seguir dándolo a conocer y valorar su notable actualidad, de modo que pueda continuar iluminando nuestra reflexión y el compromiso con las hermanas y hermanos migrantes», agregando «que lo más importante será siempre la acogida, la mano tendida y la ayuda oportuna, reconociéndonos todos como miembros de una sola familia y hermanos de camino. Esto adquiere un significado particular en el ámbito eclesial, pues todos somos peregrinos, caminantes hacia la Patria que nos espera, donde nuestro Padre bueno abre sus brazos generosos a sus hijos», recordando el mandato bíblico ineludible de velar por el huérfano, la viuda y el migrante.

De cara a las celebraciones de Fiestas Patrias, el Presidente del Episcopado lanzó una invitación concreta a todas las comunidades y familias: realizar un gesto fraterno que abra la propia mesa a hermanos migrantes para compartir las tradiciones, la cultura y la fe, haciendo viva la palabra evangélica: “Fui forastero y me recibieron”.

Fuente: Comunicaciones CECh
CECh, 08-09-2026

Documentos Adjuntos:

Cabildo volvió a las calles para celebrar con fervor a la Virgen del Carmen

Tras haber sido postergada por las condiciones climáticas, la tradicional fiesta patronal se realizó finalmente entre el 5 y 6 de septiembre y volvió a congregar a miles de personas en torno a una de las expresiones de piedad popular mariana más arraigadas de la Diócesis de San Felipe.


Cabildo volvió a vivir con todo su fervor la tradicional Fiesta de la Virgen del Carmen, una celebración que año tras año convoca a familias, comunidades, bailes religiosos y peregrinos en torno a la Patrona y Reina de Chile. Luego de que las condiciones climáticas obligaran a postergar la festividad prevista originalmente para julio, la comunidad pudo finalmente reencontrarse con su tradición los días 5 y 6 de septiembre, en dos jornadas marcadas por la fe, la devoción y una multitudinaria participación.

La celebración de la Virgen del Carmen constituye para Cabildo mucho más que una fiesta del calendario religioso. Es una expresión de la identidad de un pueblo profundamente mariano, una tradición que ha pasado de generación en generación y que cada año moviliza a sus habitantes, quienes se vuelcan a las calles para acompañar a la Madre del Carmen. Las 13 comunidades que conforman la parroquia se hicieron de una u otra manera parte de esta celebración, que nuevamente transformó el centro de la comuna en un espacio de encuentro, oración y expresión de la piedad popular.

La festividad comenzó el sábado 5 de septiembre con la tradicional Fiesta Chica. A las 14:00 horas se celebró la Eucaristía desde la casa de oración de la señora Zulema, lugar que se ha convertido en un verdadero punto de encuentro y un faro de esta antigua devoción. Desde allí se inició la procesión hacia el templo parroquial, acompañada por los bailes religiosos, que con sus danzas y colores expresaron públicamente su fe y acompañaron el caminar de la imagen de la Virgen del Carmen.

El domingo 6 se vivió la Fiesta Grande, jornada que comenzó desde temprano con la preparación de las calles y de los distintos espacios destinados a recibir a la gran cantidad de personas que participarían de la celebración. El municipio dispuso cortes y medidas de seguridad, mientras Bomberos, Cruz Roja, Carabineros, comerciantes y distintas instituciones colaboraron para que la jornada pudiera desarrollarse con normalidad. Las calles también fueron adornadas por vecinos y comerciantes, dando cuenta de que la festividad involucró a toda la comunidad.

A las 10:30 horas se celebró la Eucaristía solemne en el sector del Orfeón de la Plaza de Cabildo, espacio facilitado con el apoyo de la Municipalidad y que permitió dar a la celebración un carácter especialmente solemne. La Eucaristía fue presidida por el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, y concelebrada por el párroco de Cabildo, padre Jimmy Veliz, junto a diáconos y candidatos al diaconado de la comunidad.

En su homilía, el obispo agradeció a Dios por la posibilidad de encontrarse nuevamente en Cabildo y por la fe expresada en esta celebración, destacando especialmente la presencia de los bailes religiosos y de quienes mantenían viva esta tradición.

A la luz de las lecturas del XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, Mons. Gonzalo Bravo centró su reflexión en el amor como fundamento de la vida cristiana. La primera lectura, tomada del profeta Ezequiel, presentó la responsabilidad de advertir y acompañar al hermano, mientras que el Evangelio de san Mateo llamó a vivir la corrección fraterna y la presencia de Cristo allí donde la comunidad se reúne en su nombre.

En este contexto, el obispo invitó a recuperar una dimensión del amor que muchas veces se ha dejado de lado: la capacidad de corregir fraternalmente. Advirtió que, en lugar de acercarnos al hermano con cariño para ayudarlo a crecer, muchas veces se opta por la crítica, por hablar a sus espaldas o, como se expresa coloquialmente en Chile, por “pelar”. La corrección cristiana, explicó, no nace del juicio ni de la condena, sino del amor que busca el bien del otro.

“Perdonémonos, corrijámonos, amémonos”, fue el llamado que marcó su reflexión, invitando a que el tono de las relaciones entre los miembros de la comunidad fuera siempre el amor. Finalmente, al recordar las palabras de Jesús —“donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo”—, destacó que Dios se hacía presente también en aquella jornada, en medio de un pueblo que se reunía para caminar junto a la Madre del Señor, quien siempre conduce hacia su Hijo.

Tras la Eucaristía, a las 15:00 horas comenzó la tradicional procesión de la Virgen del Carmen, uno de los momentos más esperados por la comunidad. Más de 14 bailes religiosos, provenientes de distintos puntos de la región e incluso de lugares como Ovalle, se hicieron presentes para acompañar a la imagen de la Virgen en su recorrido por las calles del centro de Cabildo.

La procesión volvió a expresar la fuerza de una piedad popular que no se limita al interior del templo. Familias completas, adultos mayores, jóvenes y niños acompañaron el caminar de la Virgen en una jornada marcada por el colorido de los bailes, la música, las oraciones y los gestos de devoción. Las calles se llenaron de personas que quisieron estar presentes en una tradición que para muchos forma parte de su propia historia familiar y espiritual.

Al concluir el recorrido, Mons. Gonzalo Bravo y el padre Jimmy Veliz realizaron la bendición de cierre. El párroco agradeció la masiva participación de los cabildanos y de quienes llegaron desde otros sectores, así como el trabajo de la comunidad parroquial en la preparación y coordinación de la fiesta. También valoró el apoyo de la Municipalidad, del alcalde, de Carabineros de Chile y de las distintas instituciones que colaboraron con la seguridad, los cortes de calles y el adecuado desarrollo de ambas jornadas.

Para el padre Jimmy, la celebración significó también una especial acción de gracias después de la postergación provocada por las condiciones climáticas. “No podíamos fallar”, expresó, valorando que finalmente se pudiera vivir la fiesta con un clima favorable y con la misma respuesta fervorosa que caracteriza a Cabildo, donde —más allá del frío o del calor— la comunidad responde cada año al llamado de la Virgen.

El párroco destacó además el significado especial que tuvo esta celebración en el contexto del centenario de la coronación de la Virgen del Carmen, período en el que la parroquia de Cabildo se encuentra como templo jubilar, permitiendo a los fieles acceder también a la indulgencia plenaria concedida por la Iglesia con motivo de este tiempo jubilar.

Así, Cabildo volvió a encontrarse con su Madre del Carmen. Una vez más, las calles se transformaron en templo, la danza se convirtió en oración y la multitud en una expresión viva de fe. Una devoción que ha atravesado generaciones y que continúa mostrando que, para este pueblo, la Virgen del Carmen no es solamente una tradición: es parte de su historia, de su identidad y de su manera de vivir la fe.

Diócesis de San Felipe participó en el Encuentro Nacional de Pastoral Familiar

Representantes de la Iglesia de la Diócesis de San Felipe participaron, entre el 4 y el 6 de septiembre, en este encuentro nacional que reunió a 15 diócesis y dos movimientos para profundizar en el acompañamiento y evangelización de las familias.


Entre el 4 y el 6 de septiembre, se desarrolló en la Casa de Retiro Lo Cañas el Encuentro Nacional de Pastoral Familiar, instancia que reunió a representantes de 15 diócesis y dos movimientos en torno al lema “El Evangelio de la Familia”.

Durante las jornadas, los participantes reflexionaron y compartieron experiencias pastorales a partir de tres llamados que marcaron el encuentro: “Hoy tengo que alojarme en tu casa”, “Quédate con nosotros” y “Vuelve a tu casa y cuenta lo que Dios ha hecho contigo”, profundizando en una Iglesia llamada a acoger, acompañar y anunciar la Buena Noticia en medio de las realidades concretas de las familias.

La Diócesis de San Felipe estuvo representada por los matrimonios Pilar Leiva y Rodolfo Bonilla, integrantes del equipo ejecutivo de la Delegación Episcopal para las Familias; Vania Tapia y César López, representantes del Movimiento Sagrada Familia de Nazaret; y Pilar Báez y Andrés Figari, responsables de la Delegación Episcopal para las Familias y miembros de la Comisión Nacional.

La participación permitió compartir la experiencia pastoral de la Diócesis de San Felipe junto a otras comunidades eclesiales del país, recoger nuevas experiencias y fortalecer herramientas para continuar acompañando a las familias desde el Evangelio, reconociéndolas como protagonistas de la vida de la Iglesia y de su misión evangelizadora.

Así, el encuentro se convirtió en una oportunidad para renovar el compromiso de una pastoral familiar cercana, acogedora y misionera, capaz de caminar junto a las familias en sus distintas realidades.

 

Ir al contenido