Parroquias, movimientos, colegios, delegaciones y diversas comunidades pastorales se reunieron en la Catedral de San Felipe para celebrar la Eucaristía por el Mes de la Solidaridad, renovando el compromiso de una Iglesia llamada a servir, acompañar y estar cerca de quienes más lo necesitan.
En un signo de comunión eclesial y compromiso con los más vulnerables, el Decanato de San Felipe celebró este miércoles 12 de agosto una Eucaristía con motivo del Mes de la Solidaridad, convocando a las distintas expresiones de la vida pastoral presentes en el territorio.
La celebración se vivió en el contexto del mes que la Iglesia en Chile dedica especialmente a la solidaridad y que tiene como uno de sus referentes centrales la memoria de San Alberto Hurtado, santo chileno que hizo del servicio a los más pobres y necesitados una expresión concreta de su fe y de su compromiso con el Evangelio.
En esta línea, el Decanato de San Felipe, encabezado por el padre Francisco Plaza Aguilera, invitó a las comunidades a intencionar esta celebración como una oportunidad para agradecer el servicio que se desarrolla en cada parroquia y espacio pastoral, y al mismo tiempo renovar el compromiso misionero y solidario de la Iglesia con las personas más vulnerables.
Una Iglesia que celebra y sirve
La Eucaristía reunió a representantes de las parroquias, movimientos, delegaciones, colegios y diversas comunidades pastorales del Decanato de San Felipe, convirtiéndose en un espacio de encuentro y comunión.
La celebración fue presidida por el padre Francisco Plaza Aguilera, decano de San Felipe, y concelebrada por sacerdotes del decanato. También contó con la presencia de monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, obispo de la Diócesis de San Felipe, quien quiso acompañar este significativo momento de comunión eclesial.
De manera excepcional, el obispo estuvo a cargo de la homilía, ofreciendo a las comunidades una reflexión centrada en la relación inseparable entre la fe y la caridad, y en la necesidad de que la experiencia cristiana pueda expresarse concretamente en la vida cotidiana.
La liturgia estuvo a cargo de la Pastoral Social Cáritas San Felipe, que preparó la celebración y dispuso diversos signos que permitieron expresar el sentir pastoral y el compromiso solidario del decanato y de la Iglesia diocesana.
“Celebrar la fe es celebrar la caridad”
En su homilía, monseñor Gonzalo profundizó en el llamado a que la fe de los cristianos pueda expresarse concretamente en las obras.
“Celebrar la fe es celebrar la caridad”, afirmó el obispo, invitando a mirar con sinceridad la coherencia entre aquello que los cristianos celebran y la manera en que viven y se relacionan con los demás.
A la luz de las lecturas proclamadas durante la Eucaristía, señaló que una fe que no está acompañada por las obras corre el riesgo de convertirse en una fe debilitada y distante de las necesidades concretas de las personas.
“Muchas veces nuestras obras no dicen lo que celebramos. Pareciera ser que nuestra fe es una fe muy adornada, pero en el fondo puede ser débil y tibia”, reflexionó, subrayando que el llamado cristiano a ayudar permanece siempre vigente.
El obispo también abordó una pregunta que muchas veces aparece cuando se habla de solidaridad: ¿cómo puedo ayudar si no tengo dinero?
Frente a ello, recordó que la solidaridad cristiana no se reduce a los recursos materiales y que existen múltiples maneras de acompañar y servir.
“Siempre podemos ayudar”, señaló, poniendo como ejemplos gestos tan sencillos como una sonrisa, una oración compartida, escuchar al otro y disponer tiempo para acompañar a quien lo necesita.
En este sentido, monseñor Gonzalo vinculó su reflexión con una de las experiencias compartidas durante la jornada educativa desarrollada previamente, donde se abordó la realidad del estrés y las dificultades que experimentan muchas personas.
Frente a estas situaciones, destacó que muchas veces lo que una persona necesita no es necesariamente una ayuda económica, sino también presencia, escucha, cercanía, comunicación y esperanza.
Signos que expresan una Iglesia solidaria
Durante la Eucaristía fueron presentados diversos signos preparados por la Pastoral Social Cáritas San Felipe, que permitieron expresar de manera concreta el compromiso solidario de las comunidades.
Estos gestos buscaron recordar que la solidaridad nace del Evangelio y se traduce en acciones concretas que ponen en el centro la dignidad de cada persona, especialmente de quienes viven situaciones de pobreza, vulnerabilidad, soledad o exclusión.
De esta manera, la celebración permitió agradecer el trabajo que realizan tantas personas en las distintas comunidades y, al mismo tiempo, renovar la invitación a seguir construyendo una Iglesia cercana y disponible para servir.
Un encuentro mensual que se transformó en renovación misionera
Al finalizar la Eucaristía, el padre Francisco Plaza agradeció la presencia de las distintas comunidades, sacerdotes y representantes pastorales que participaron, así como el trabajo desarrollado por la Pastoral Social Cáritas San Felipe en la preparación de la celebración.
El decano explicó además que esta Eucaristía correspondía al encuentro mensual del Decanato de San Felipe, instancia que habitualmente permite a las comunidades reunirse para revisar y proyectar el trabajo pastoral.
Sin embargo, durante agosto, este encuentro adquirió un carácter especial: pasó de ser principalmente un espacio de trabajo pastoral a convertirse en una instancia de gratitud, oración y renovación del compromiso misionero y solidario.
La jornada concluyó con un compartir fraterno en el salón parroquial de la Catedral de San Felipe, donde los participantes pudieron continuar el encuentro en un ambiente de fraternidad y comunión.
Así, en el marco del Mes de la Solidaridad y teniendo como inspiración el testimonio de San Alberto Hurtado, las comunidades del Decanato de San Felipe renovaron una convicción esencial del Evangelio: la fe está llamada a hacerse vida en el encuentro con el otro, especialmente con quien sufre y necesita de nuestra cercanía.
Porque la solidaridad también puede comenzar con gestos sencillos: escuchar, acompañar, sonreír, orar y estar disponibles para el otro.
En este Mes de la Solidaridad, la invitación permanece vigente: que nuestra fe no se quede solamente en aquello que celebramos, sino que pueda reconocerse también en aquello que hacemos por nuestros hermanos.