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Diócesis de San Felipe

Padre Pedro Vera Imbarack presenta “Amorosas Diferencias”, una nueva obra que invita al encuentro y la reflexión

En el Salón de Honor de la Municipalidad de San Felipe se realizó la presentación del nuevo libro del sacerdote de la Diócesis de San Felipe, acompañado por familiares, amigos, hermanos de comunidad, sacerdotes y representantes de la Iglesia diocesana. La obra propone una reflexión sobre el encuentro, la comprensión y la humanidad.


En un ambiente marcado por la fraternidad, la cultura y el encuentro, se realizó en el Salón de Honor de la Municipalidad de San Felipe el lanzamiento de “Amorosas Diferencias”, nuevo libro del padre Pedro Vera Imbarack, sacerdote de la Diócesis de San Felipe, quien presentó ante familiares, amigos y miembros de la comunidad esta nueva obra literaria.

La actividad reunió a personas cercanas al sacerdote, entre ellas hermanos laicos vinculados especialmente al Camino Neocatecumenal, además de su hermano, quien quiso acompañarlo en este significativo momento familiar. También estuvieron presentes el obispo de la Diócesis de San Felipe, monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, el padre Fabián Castro Marchant, vicario general, y el padre Nicolás Flores Lazcano.

La ceremonia fue conducida por el cantante y locutor Juan Carlos Pezo, mientras que la presentación de la obra estuvo a cargo del reconocido escritor Pablo Cassi, quien compartió algunas reflexiones y elementos que permiten acercarse al contenido y sentido de este nuevo escrito.

“Amorosas Diferencias” no constituye el primer trabajo literario del padre Pedro, quien ha desarrollado anteriormente otras publicaciones. Durante la presentación, además, dejó entrever que tampoco sería el último, anticipando que la obra presentada tiene una continuidad que espera desarrollar en futuros escritos.

Más allá de su dimensión literaria, el nuevo libro busca convertirse en una invitación a detenerse, reflexionar y mirar las diferencias desde una perspectiva que permita favorecer el encuentro y la comprensión entre las personas. En ese sentido, la obra propone una mirada profundamente humana, donde las diferencias pueden ser también una oportunidad para reconocernos y encontrarnos con el otro.

Al finalizar la presentación, el padre Pedro agradeció la presencia de quienes quisieron acompañarlo, expresando especialmente su gratitud hacia su hermano, monseñor Gonzalo Bravo, los padres Fabián Castro y Nicolás Flores, así como a todos los hermanos y amigos que estuvieron presentes.

También valoró la disposición de la Municipalidad de San Felipe para acoger esta presentación en uno de sus espacios institucionales.

La jornada concluyó con un ágape fraterno, donde los asistentes pudieron compartir junto al autor en un ambiente cercano. Posteriormente, el padre Pedro dedicó algunos ejemplares de su libro y compartió con los presentes en fotografías, prolongando así un encuentro que unió literatura, fe, amistad y comunidad.

Desde la Diócesis de San Felipe, felicitamos al padre Pedro por este nuevo aporte a la cultura y la literatura, y por poner nuevamente su palabra y experiencia al servicio de una reflexión que busca acercarnos al valor del encuentro y de la dignidad de cada persona.

Una tarde para compartir y celebrar: Colegio Santa Juana de Arco acogió a niños acompañados por la Fundación María en el Camino

En una significativa expresión de solidaridad y compromiso con las familias migrantes, cerca de 45 niños y niñas participaron de una jornada preparada por estudiantes y la comunidad educativa del Colegio Santa Juana de Arco de San Felipe, en conjunto con la Fundación María en el Camino, del Instituto Secular María en el Camino. La iniciativa permitió vivir una tarde de encuentro, alegría y fraternidad, poniendo en el centro la dignidad y el acompañamiento de los más pequeños.


Una tarde marcada por la alegría, el encuentro y la solidaridad vivieron cerca de 45 niños y niñas de familias migrantes, acompañados habitualmente por la Fundación María en el Camino, del Instituto Secular María en el Camino, quienes el viernes 7 de agosto fueron recibidos por la comunidad educativa del Colegio Santa Juana de Arco de San Felipe para celebrar una especial jornada con motivo del Día de la Niñez.

La iniciativa nació desde la propia comunidad educativa, que quiso abrir las puertas de su establecimiento para ofrecer a los niños una tarde diferente, preparada con cariño por un grupo de alumnas solidarias, acompañadas por la hermana Marisol.

El encuentro se desarrolló en un ambiente festivo, con juegos, bailes, dinámicas, regalos y distintos espacios de recreación, permitiendo que los niños y niñas pudieran disfrutar de una jornada especialmente pensada para ellos.

Una experiencia de encuentro y solidaridad

Desde la perspectiva pastoral, la actividad representa una expresión concreta de cómo la solidaridad y el compromiso cristiano pueden hacerse vida en las comunidades educativas, especialmente cuando estas son capaces de abrir sus espacios y disponer sus talentos para acompañar a quienes viven distintas situaciones de vulnerabilidad.

Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue precisamente la participación de las estudiantes del Colegio Santa Juana de Arco, quienes se involucraron activamente en la preparación y desarrollo de las actividades, acogiendo a los niños, acompañándolos en los juegos y compartiendo con ellos durante toda la tarde.

Más que una actividad recreativa, el encuentro permitió generar vínculos, cercanía y reconocimiento, poniendo en práctica valores como la fraternidad, la empatía y la preocupación por el otro.

Para la Fundación María en el Camino, que acompaña semanalmente a estos niños y sus familias, este tipo de iniciativas contribuye a fortalecer los espacios de integración y acompañamiento que se desarrollan durante el año.

Una red que se une para acompañar

La jornada también contó con la colaboración de distintos actores que hicieron posible la celebración.

A la iniciativa se sumó personal de Gendarmería, que realizó una donación de regalos nuevos para los niños, mientras que la comunidad de la Catedral de San Felipe, mediante su aporte mensual, permitió adquirir alimentos y productos para compartir durante la jornada, entre ellos golosinas, queques, jugos, helados y los ingredientes necesarios para preparar completos.

De esta manera, distintas expresiones de la comunidad fueron capaces de unirse en torno a un mismo propósito: regalar un momento de alegría y acogida a niños y niñas que forman parte de familias migrantes.

La experiencia muestra cómo la solidaridad puede construirse desde distintos espacios y comunidades, articulando voluntades y recursos para responder de manera concreta a las necesidades de quienes requieren acompañamiento.

Una Iglesia que acoge y acompaña

Para la Iglesia de la Diócesis de San Felipe, este tipo de experiencias reflejan el llamado permanente del Evangelio a acoger, acompañar y reconocer la dignidad de cada persona, especialmente de quienes se encuentran en contextos de mayor vulnerabilidad.

La labor que desarrolla la Fundación María en el Camino se inserta precisamente en esta mirada, acompañando a niños y familias migrantes y generando espacios donde puedan sentirse acogidos y parte de una comunidad.

En esta oportunidad, la comunidad educativa del Colegio Santa Juana de Arco se convirtió en un espacio de encuentro donde la solidaridad se expresó no solamente a través de donaciones, sino también mediante algo tan significativo como el tiempo, la compañía, la alegría y la disposición de las estudiantes para compartir con otros niños.

La jornada dejó así una experiencia que trasciende la celebración puntual y que invita a seguir fortaleciendo una cultura del encuentro, donde las comunidades educativas, parroquiales y sociales puedan trabajar juntas por una sociedad más acogedora y fraterna.

Porque cuando una comunidad decide abrir sus puertas, compartir sus dones y poner en el centro a quienes más necesitan sentirse acogidos, la solidaridad deja de ser solo una palabra y se convierte en una experiencia concreta de Evangelio.

Colegios del centro de San Felipe se unen en torno a la solidaridad y el legado de San Alberto Hurtado

La comunidad de la Catedral de San Felipe acogió una significativa Eucaristía con estudiantes y comunidades educativas de distintos colegios del centro de la ciudad, quienes se reunieron para celebrar el Día de la Solidaridad y renovar, a la luz del Evangelio y del testimonio de San Alberto Hurtado, el compromiso de construir comunidades más fraternas y cercanas.


En el marco del Mes de la Solidaridad y de la memoria de San Alberto Hurtado, la comunidad de la Catedral de San Felipe vivió una significativa celebración eucarística que reunió a estudiantes, docentes y representantes de distintos establecimientos educacionales del centro de la ciudad.

La Eucaristía se convirtió en un espacio de encuentro, oración y reflexión en torno a la solidaridad, permitiendo que las comunidades educativas pudieran reunirse en torno al altar y renovar el llamado a vivir una fe que se expresa concretamente en la preocupación por los demás.

La celebración fue presidida por el obispo de la Diócesis de San Felipe, monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, y contó con la participación de los sacerdotes padre Fabián Castro Marchant y padre Nicolás Flores Lazcano, quienes acompañaron a las comunidades educativas en esta jornada.

Una invitación a elegir la comunidad

Uno de los momentos centrales de la celebración fue la homilía de monseñor Gonzalo, quien invitó especialmente a los jóvenes a mirar la solidaridad desde una dimensión profundamente comunitaria.

A partir de la Palabra de Dios, el obispo planteó la necesidad de elegir la vida en comunidad por sobre el aislamiento, recordando que la verdadera fraternidad se construye cuando somos capaces de acompañarnos, escucharnos y hacernos responsables de quienes caminan junto a nosotros.

La reflexión puso especial énfasis en que la solidaridad no puede reducirse solamente a una ayuda material. También se expresa en la presencia, la escucha, el acompañamiento, la capacidad de tender puentes y la disposición a compartir la vida con otros.

En este sentido, el llamado a los jóvenes fue a no vivir de manera individualista, sino a descubrir que cada persona forma parte de una comunidad y que desde allí también puede contribuir a construir una sociedad más fraterna y justa.

San Alberto Hurtado, testigo de una solidaridad que se hace vida

Durante la celebración estuvo muy presente la figura de San Alberto Hurtado, cuyo testimonio continúa inspirando a la Iglesia y a la sociedad chilena en la tarea de reconocer la dignidad de cada persona y responder con amor concreto frente a las necesidades de los demás.

El santo chileno fue presentado como un verdadero testigo de una fe que no permanece indiferente ante la realidad, sino que se transforma en servicio, compromiso y entrega.

Al finalizar la Eucaristía, el padre Fabián Castro Marchant realizó una bendición especial, poniendo bajo la intercesión de San Alberto Hurtado a los jóvenes y comunidades educativas presentes.

Una Iglesia que acompaña a las nuevas generaciones

La celebración permitió además fortalecer el vínculo entre la Iglesia de la Diócesis de San Felipe y las comunidades educativas, generando un espacio donde estudiantes de distintos colegios pudieron encontrarse, compartir la fe y reconocerse como parte de una misma comunidad eclesial.

La presencia de los jóvenes en esta celebración adquirió un significado especial, especialmente en un contexto donde la Iglesia está llamada a acompañar sus búsquedas, inquietudes y desafíos, ofreciendo espacios de encuentro que les permitan descubrir que la fe también se construye en comunidad.

El encuentro mostró, además, cómo la solidaridad puede comenzar desde gestos sencillos: saludar, escuchar, acompañar, compartir, tender una mano y estar disponibles para el otro.

Una solidaridad que se vive más allá de las aulas

Para la Iglesia diocesana, esta celebración se enmarca en el llamado permanente a vivir el Mes de la Solidaridad no solamente como una fecha conmemorativa, sino como una oportunidad para renovar el compromiso cristiano con quienes más necesitan acompañamiento y cercanía.

El ejemplo de San Alberto Hurtado continúa interpelando a las comunidades: mirar la realidad, reconocer al hermano y preguntarse de qué manera cada uno puede ponerse al servicio de los demás.

Así, la Eucaristía vivida en la Catedral de San Felipe fue una expresión de una Iglesia que quiere caminar junto a sus jóvenes y comunidades educativas, ayudándoles a descubrir que la solidaridad no es solamente una acción puntual, sino una manera de comprender la vida desde el Evangelio.

Porque, como recordó la celebración, no estamos llamados a vivir como personas aisladas, sino como una comunidad que acompaña, escucha, sirve y construye juntos un mundo más fraterno.

La comunidad diocesana dio gracias a Dios por los seis años de servicio episcopal de monseñor Gonzalo Bravo

Parroquias, colegios, movimientos, comunidades de vida consagrada, sacerdotes, diáconos y agentes pastorales se congregaron en la Catedral de San Felipe para celebrar la Eucaristía de acción de gracias por el sexto aniversario episcopal del obispo Gonzalo Bravo Álvarez, renovando la comunión y gratitud por el don de contar con un pastor al servicio de la Iglesia diocesana.


En un ambiente de profunda fe, gratitud y comunión eclesial, la Iglesia de la Diócesis de San Felipe se reunió este domingo 16 de agosto en la Catedral de San Felipe para celebrar la tradicional Eucaristía de acción de gracias por el aniversario episcopal de monseñor Gonzalo Bravo Álvarez.

La celebración se realizó a las 16:00 horas, un día después de cumplirse seis años desde que monseñor Gonzalo asumiera el ministerio episcopal, y convocó a representantes de las distintas comunidades parroquiales, colegios, movimientos, delegaciones pastorales y comunidades de vida consagrada, además de sacerdotes, diáconos y monaguillos.

La Eucaristía se convirtió en un momento especialmente significativo para la comunidad diocesana, que quiso agradecer a Dios por estos seis años de camino pastoral y por el ministerio episcopal confiado a monseñor Gonzalo, reconociendo que el obispo está llamado a ser signo de comunión y pastor de la Iglesia particular.

“Celebramos al pastor y la comunión de la Iglesia”

Durante su homilía, monseñor Gonzalo invitó a mirar el sentido profundo de esta celebración, poniendo el foco no solamente en su persona, sino en el ministerio que ejerce al servicio de la Iglesia.

A la luz de las lecturas correspondientes al XX Domingo del Tiempo Ordinario, el obispo profundizó en el llamado de Jesús a vivir la fe con decisión y fidelidad. En el Evangelio, Cristo habla del fuego que ha venido a encender en la tierra, mientras que la Carta a los Hebreos invita a los creyentes a correr con perseverancia, manteniendo los ojos puestos en Jesús.

Desde esta perspectiva, monseñor Gonzalo recordó que el seguimiento de Cristo implica compromiso, perseverancia y capacidad de asumir los desafíos propios de la misión.

En ese contexto, destacó que la celebración de su aniversario episcopal trasciende su propia persona. Más que celebrar a Gonzalo Bravo como individuo, la comunidad celebra el ministerio del pastor que hoy le ha sido confiado y, a través de él, el don de la comunión eclesial.

De esta manera, la Eucaristía fue también una acción de gracias de toda la comunidad por el camino recorrido durante estos seis años y una oportunidad para renovar la misión compartida, continuando el caminar juntos como Iglesia.

Una ofrenda que se transforma en solidaridad

Uno de los momentos más significativos de la celebración fue nuevamente el ofertorio solidario, gesto que con los años se ha convertido en una tradición de esta Eucaristía de aniversario.

Representantes de las distintas comunidades parroquiales llegaron hasta el altar llevando cajas con alimentos no perecibles, como signo concreto de solidaridad y fraternidad.

Estos alimentos son posteriormente recibidos por el obispo y destinados a distintas obras sociales y necesidades presentes en la Diócesis de San Felipe, convirtiendo la celebración del aniversario en una oportunidad concreta para compartir con quienes más lo necesitan.

El gesto permitió expresar que la gratitud por el ministerio episcopal no se queda únicamente en palabras, sino que también se transforma en una acción concreta de servicio y preocupación por los demás.

El reconocimiento del presbiterio

Al finalizar la Eucaristía, tomó la palabra el padre Fabián Castro Marchant, vicario general de la Diócesis de San Felipe, quien expresó, en nombre del presbiterio, un saludo y reconocimiento a monseñor Gonzalo.

En sus palabras, destacó la importancia del ministerio del obispo como signo de sucesión apostólica, comunión eclesial y fidelidad al Santo Padre, resaltando el valor que tiene para una Iglesia particular contar con un pastor que acompañe, anime y oriente su caminar.

El padre Fabián agradeció especialmente la disponibilidad de monseñor Gonzalo durante estos seis años y su servicio pastoral al frente de la diócesis.

En nombre del presbiterio, además, se hizo entrega de un regalo especial al obispo: una filetata y una sotana, vestimentas tradicionalmente asociadas al ministerio episcopal, como signo de cariño y reconocimiento de los sacerdotes hacia su pastor.

“Gracias por este cariño y por acompañarme”

Al finalizar la celebración, monseñor Gonzalo expresó su agradecimiento por las numerosas muestras de cariño recibidas durante la jornada y por la presencia de las distintas comunidades que quisieron acompañarlo en este aniversario.

El obispo agradeció especialmente a las comunidades parroquiales, sacerdotes, diáconos y a todos quienes participaron de la celebración, así como a la comunidad de la Catedral de San Felipe, que colaboró en la preparación de la Eucaristía y de los distintos momentos de esta jornada.

Sus palabras estuvieron marcadas por la gratitud hacia quienes, desde sus distintas vocaciones y servicios, forman parte de la vida de la Iglesia diocesana y han acompañado su ministerio durante estos seis años.

Un encuentro que continuó en fraternidad

La celebración no terminó con la Eucaristía. Al finalizar el momento litúrgico, los presentes fueron invitados a participar de un ágape fraterno en los salones de la Catedral de San Felipe, donde la comunidad pudo compartir junto a su pastor en un ambiente distendido y cercano.

El encuentro permitió prolongar la alegría de la celebración y generar un espacio de fraternidad entre las distintas expresiones de la vida diocesana, compartiendo la mesa y celebrando juntos este aniversario.

Así, la jornada permitió unir Eucaristía, gratitud, solidaridad y fraternidad, expresando que el ministerio episcopal se vive en medio de una comunidad concreta y que la misión de la Iglesia se construye desde la comunión y la participación de todos.

Seis años de camino compartido

A seis años del inicio de su ministerio episcopal, la comunidad diocesana quiso dar gracias a Dios, reconocer el camino recorrido y renovar la oración por su obispo, pidiendo al Señor que continúe fortaleciendo su servicio pastoral.

La celebración reunió en torno al altar a una amplia representación de la vida de la Iglesia diocesana, reflejando que el ministerio del obispo no se comprende de manera aislada, sino siempre en relación con la comunidad que le ha sido confiada y con la misión de anunciar a Jesucristo.

En medio de los desafíos que enfrenta la Iglesia, la celebración recordó la invitación de la Palabra de Dios a mantener los ojos fijos en Jesús, perseverar en el camino y continuar construyendo la comunión desde el Evangelio.

Con esta acción de gracias, la Diócesis de San Felipe puso nuevamente en las manos de Dios el presente y futuro de su Iglesia, agradeciendo por estos seis años de ministerio episcopal y pidiendo por la vida y misión de su pastor y de todas las comunidades que, juntas, están llamadas a seguir caminando en la fe, la esperanza y la caridad.

La vida consagrada de la Diócesis de San Felipe dio gracias a Dios por el don de sus vocaciones

En la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, religiosas, religiosos, sacerdotes, diáconos y laicos se reunieron en la Catedral de San Felipe para celebrar la tradicional Eucaristía de la Vida Consagrada. La jornada estuvo marcada por la gratitud, la fraternidad y la oración por quienes han entregado su vida al servicio de Dios y de la Iglesia.


A pesar de las intensas lluvias que durante la jornada afectaron a la zona, este sábado 15 de agosto, en el marco de la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, distintas comunidades de vida consagrada presentes en la Diócesis de San Felipe se congregaron en la Catedral para dar gracias a Dios por el don de sus vocaciones y renovar su compromiso de servicio a la Iglesia.

La celebración de la Asunción adquiere también un significado especial para la vida consagrada, convirtiéndose en una oportunidad para reconocer, agradecer y orar por las religiosas, religiosos y comunidades que, desde sus distintos carismas, enriquecen la vida pastoral y evangelizadora de la Iglesia diocesana.

La Eucaristía de la Vida Consagrada, ya tradicional en la Diócesis, fue celebrada al mediodía y estuvo presidida por monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, obispo de la Diócesis de San Felipe, y concelebrada por el padre Nicolás Flores Lazcano, contando además con la asistencia litúrgica del diácono permanente Raúl Lazo y monaguillos de la comunidad catedralicia.

La lluvia no fue impedimento para que religiosas, religiosos y laicos llegaran hasta el principal templo diocesano para unirse a esta celebración, que permitió reunir a las distintas congregaciones e institutos de vida consagrada presentes en la diócesis.

Una jornada para agradecer el don de la vocación

La celebración estuvo marcada especialmente por la gratitud por la vida consagrada, reconociendo el aporte que cada congregación y comunidad realiza desde su propio carisma en medio de la Iglesia y de la sociedad.

A la luz de las lecturas propias de la Solemnidad de la Asunción, monseñor Gonzalo invitó a contemplar en María un modelo de disponibilidad, confianza y entrega a Dios.

La figura de la Virgen María permitió así iluminar también el sentido de toda vocación consagrada: una vida que, al igual que María, aprende a escuchar la voz de Dios, acoger su voluntad y ponerse al servicio de los demás.

En María, elevada a la gloria del cielo, la Iglesia contempla además un signo de esperanza y la anticipación de la vida plena que Dios promete a quienes ponen su vida en sus manos. Desde esta perspectiva, la celebración fue también una invitación a renovar la alegría y esperanza de quienes han respondido al llamado de Dios mediante la consagración de sus vidas.

Fraternidad antes de encontrarse en torno al altar

La jornada comenzó durante la mañana con un encuentro fraterno en el Obispado de San Felipe, donde monseñor Gonzalo invitó a religiosas y religiosos a compartir un desayuno.

El espacio permitió generar un ambiente distendido de diálogo y fraternidad, favoreciendo el encuentro entre quienes pertenecen a las distintas comunidades y congregaciones presentes en la diócesis.

Este momento previo a la celebración permitió también reconocer que la vida consagrada no solo aporta desde sus distintas obras y servicios pastorales, sino que constituye una verdadera riqueza para la vida de la Iglesia cuando sus distintas vocaciones se encuentran, dialogan y caminan en comunión.

Posteriormente, todos se trasladaron hasta la Catedral de San Felipe para encontrarse en torno al altar y celebrar juntos la Eucaristía.

Orar por quienes entregan su vida a Dios

La celebración fue también una oportunidad para orar por todas las religiosas y religiosos de la Diócesis de San Felipe, especialmente por aquellos que no pudieron estar presentes físicamente.

Entre ellos fueron recordadas de manera especial las Carmelitas de Auco, quienes, desde su opción de vida contemplativa, acompañan a la Iglesia y al mundo mediante la oración.

De esta manera, la comunidad diocesana quiso reconocer que las distintas formas de vida consagrada, tanto activas como contemplativas, aportan desde sus propios carismas a la misión evangelizadora y a la vida espiritual de la Iglesia.

“Este día es un regalo de Dios”

La hermana Francisca Ponce, religiosa de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor y presidenta de CONFERRE en la Diócesis de San Felipe, expresó su gratitud por la celebración y por las distintas muestras de cercanía recibidas durante esta jornada.

“Estamos muy agradecidos de tantas personas que nos han acompañado y que han expresado sus saludos y cariño a la vida religiosa. También hemos querido orar por tantos hermanos y hermanas que no pudieron estar presentes, especialmente por nuestras hermanas Carmelitas de Auco, que desde su opción de vida contemplativa nos acompañan con su oración”, señaló.

Para la religiosa, esta celebración constituye además una oportunidad para renovar la vocación y fortalecer la vida consagrada.

“Este día es un regalo de Dios, que nos permite renovar nuestra fe y animar la vida religiosa de cada hermana y hermano que entrega sus dones al servicio de la Iglesia y consagra su vida a Dios”, expresó.

Una Iglesia que agradece sus vocaciones

Al finalizar la Eucaristía, religiosas y religiosos participaron en la tradicional fotografía oficial de la Vida Consagrada de la Diócesis, como signo de comunión y memoria de este año de celebración.

Posteriormente, fueron invitados a un ágape preparado por la comunidad de la Catedral, para continuar compartiendo en un ambiente fraterno.

La jornada, organizada por CONFERRE de la Diócesis de San Felipe, culminó con un almuerzo de camaradería, prolongando así el espíritu de encuentro vivido durante toda la jornada.

En la Solemnidad de la Asunción, la Iglesia diocesana quiso así elevar una acción de gracias por cada religiosa y religioso que, desde sus propios carismas y comunidades, ha respondido al llamado de Dios y continúa entregando su vida al servicio del Evangelio.

Una gratitud que alcanza también a quienes, desde la vida activa, la contemplación, la educación, la acción social, la misión pastoral y tantos otros servicios, hacen presente el rostro de Cristo en medio de las comunidades.

Porque celebrar la vida consagrada es también agradecer que Dios continúa llamando, y que hombres y mujeres siguen respondiendo con generosidad: “Aquí estoy, Señor, para servirte”.

Pastoral Juvenil Diocesana convoca a nuevo Encuentro Juvenil en el Decanato de San Felipe

La jornada se realizará el sábado 22 de agosto y reunirá a jóvenes y representantes de los tres decanatos de la Diócesis de San Felipe.


Con el propósito de seguir fortaleciendo los espacios de encuentro, participación y protagonismo de las nuevas generaciones en la vida de la Iglesia, la Delegación Episcopal para la Pastoral Juvenil de la Diócesis de San Felipe prepara un nuevo Encuentro Juvenil, que se desarrollará el próximo sábado 22 de agosto, entre las 15:00 y las 17:00 horas, en el Salón Parroquial de la Catedral de San Felipe.

La iniciativa, que nace desde el Decanato de San Felipe, busca generar un espacio de fraternidad, diálogo y participación para los jóvenes que desarrollan distintas experiencias pastorales y comunitarias en la diócesis. La jornada tendrá, sin embargo, una dimensión diocesana, ya que contará con la participación de jóvenes y representantes provenientes también de los decanatos de Los Andes y Petorca.

El encuentro busca favorecer un espacio donde los jóvenes puedan encontrarse, compartir sus experiencias, expresar sus inquietudes y reconocer los desafíos que hoy tienen como protagonistas de la misión de la Iglesia. De esta manera, se pretende continuar fortaleciendo una Pastoral Juvenil cercana a las distintas realidades de los jóvenes y capaz de acompañarlos en sus procesos de fe y participación.

La convocatoria está dirigida especialmente a jóvenes vinculados a pastorales juveniles parroquiales, pastorales juveniles de colegios, centros de estudiantes, grupos de Confirmación de colegios y parroquias, CEVAS, representantes de pastoral juvenil, pastoral juvenil vocacional y juventudes de movimientos apostólicos, entre otras experiencias juveniles presentes en la diócesis.

Desde la Delegación Episcopal para la Pastoral Juvenil se invita a las comunidades a reconocer este encuentro como una oportunidad para que los jóvenes puedan compartir más allá de sus propias comunidades, generando vínculos entre distintas experiencias y descubriendo que forman parte de una misma Iglesia diocesana.

El encuentro se desarrolla además como parte del camino que la Pastoral Juvenil Diocesana busca seguir construyendo, promoviendo espacios donde los jóvenes puedan sentirse escuchados, acogidos y llamados a participar activamente en la vida y misión de la Iglesia.

La invitación queda extendida a las comunidades parroquiales, establecimientos educacionales, movimientos y organizaciones pastorales que acompañan a jóvenes en los tres decanatos de la Diócesis de San Felipe.

📅 Sábado 22 de agosto
🕒 15:00 a 17:00 horas
📍 Salón Parroquial Catedral de San Felipe

Un nuevo espacio para encontrarnos, compartir y seguir construyendo juntos una Iglesia joven, participativa y misionera.

Sinodalidad, familia, catequesis y trabajo en red marcan la Jornada Nacional de Vicarios 2026

Entre el 11 y el 13 de agosto, vicarios pastorales y sus equipos de las distintas diócesis del país se reunieron en Santiago para compartir experiencias, evaluar procesos y proyectar los desafíos evangelizadores de la Iglesia en Chile. En representación de la Diócesis de San Felipe participó el padre Claudio Acevedo López, vicario de Pastoral General, quien valoró el encuentro como una oportunidad para reconocer el camino que realiza la Iglesia diocesana y fortalecer la comunión con el trabajo pastoral nacional.


Con el propósito de compartir experiencias, evaluar los procesos en curso y proyectar las prioridades evangelizadoras de la Iglesia en Chile, los vicarios pastorales y sus equipos de las diversas diócesis del país, junto a los obispos de la Comisión Pastoral (COP) y los responsables de las distintas áreas y departamentos de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh), se congregaron entre el 11 y el 13 de agosto en la Casa de Retiro de Lo Cañas, en Santiago, para participar en la Jornada Nacional de Vicarios 2026.

La instancia permitió profundizar en diversos desafíos que actualmente enfrenta la Iglesia en Chile, poniendo especial atención en la sinodalidad, la dignidad humana, la catequesis, la pastoral familiar, la comunicación, la educación, el cuidado comunitario, la prevención de riesgos y la ecología integral, además de proyectar los próximos pasos del camino sinodal.

Una mirada al camino sinodal de la Iglesia en Chile

El encuentro comenzó el martes 11 de agosto con la oración inicial, guiada por el obispo auxiliar de Valparaíso, monseñor Mario Salas, y el saludo de bienvenida del secretario adjunto para la Pastoral, padre Heriberto Cabrera. En esta instancia fueron presentados también los nuevos vicarios que se integran a esta tarea pastoral en las distintas jurisdicciones eclesiásticas.

El primer bloque temático estuvo dedicado al diálogo social y eclesial, a partir de un conversatorio sobre el documento Magnifica Humanitas y su vinculación con la realidad del país, a cargo de representantes de Cáritas Chile: monseñor Moisés Atisha, presidente de la institución, y Nicolás Osorio, encargado de Comunicaciones.

Posteriormente, Valeria López, secretaria general adjunta del Episcopado e integrante del Equipo Sinodal Nacional, presentó el itinerario sinodal que continúa desarrollándose en la Iglesia chilena, orientando a los vicarios respecto de la preparación de las futuras asambleas diocesanas.

En este proceso, se destacó que las asambleas que comenzarán a desarrollarse desde 2027 no representan el término del camino sinodal, sino que serán una instancia de celebración, evaluación, síntesis y relanzamiento de la conversión sinodal de la Iglesia.

La jornada también permitió profundizar en la catequesis como respuesta al dinamismo sinodal y a las orientaciones pastorales, junto con la presentación de nuevas Fichas de Iniciación Cristiana y experiencias piloto de implementación.

La experiencia de la Diócesis de San Felipe

En representación de la Diócesis de San Felipe participó el padre Claudio Acevedo López, vicario de Pastoral General, quien valoró especialmente la posibilidad de participar por primera vez en esta instancia desde su actual servicio pastoral.

Para el sacerdote, el encuentro permitió conocer con mayor profundidad las experiencias que están desarrollando las distintas diócesis y, al mismo tiempo, reconocer el camino que se está realizando desde la Iglesia diocesana.

“Es la primera vez que participo en mi calidad de vicario de Pastoral y ha sido una experiencia muy significativa. Me ha servido para conocer la realidad que vive cada diócesis, compartir experiencias y también mirar cómo estamos nosotros como Iglesia diocesana”, señaló.

En este sentido, el padre Claudio manifestó su satisfacción al constatar que el camino que desarrolla la Diócesis de San Felipe se encuentra en sintonía con varios de los procesos que actualmente impulsa la Conferencia Episcopal.

“La verdad es que me siento contento, porque vamos bien encaminados y en línea con lo que la Conferencia Episcopal ha ido trabajando”, afirmó.

Sin embargo, también reconoció que el encuentro permitió identificar nuevos desafíos y ámbitos en los que será necesario continuar profundizando.

“Los desafíos son seguir trabajando y preparándonos para el próximo proceso sinodal que tendrá un momento importante en 2028. Hay mucho que seguir aprendiendo, discerniendo y trabajando como Iglesia”, expresó.

Durante la última jornada, el vicario de Pastoral General de la Diócesis de San Felipe participó además en una de las mesas de diálogo temáticas, donde pudo abordar materias vinculadas al medio ambiente y las comunicaciones.

“Me correspondió participar en la mesa de diálogo y trabajar en los temas de medio ambiente y comunicación. Son ámbitos en los que podemos seguir aprendiendo y también trabajar”, comentó.

Su participación permitió así recoger experiencias de otras diócesis y compartir también los desafíos propios que enfrenta la Iglesia diocesana en estas áreas.

Pastoral familiar y renovación de la catequesis

La segunda jornada estuvo centrada nuevamente en los procesos sinodales y en la preparación de las síntesis y asambleas diocesanas.

Durante el encuentro se presentó una experiencia metodológica de Asamblea promovida por la Diócesis de Los Ángeles y se realizó una síntesis de las fichas narrativas diocesanas, dando paso posteriormente a un trabajo grupal orientado al intercambio de buenas prácticas y a la preparación de los informes solicitados por la Secretaría General del Sínodo.

Durante la tarde, el foco se trasladó hacia la Pastoral Familiar, con la participación de representantes de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar, quienes compartieron experiencias del trabajo en terreno.

Posteriormente, el padre Luis Flores, sdb, presentó distintas pistas y lineamientos para la renovación de la pastoral de las familias, generándose un espacio de diálogo y trabajo grupal en torno a los principales desafíos que enfrentan actualmente las comunidades.

Diálogo con los equipos de la Conferencia Episcopal

Durante el jueves 13 de agosto se desarrollaron mesas temáticas simultáneas junto a directores y encargados de los distintos departamentos de la Conferencia Episcopal de Chile.

En estos espacios se abordaron temas como la educación al servicio de la evangelización, comunicar para evangelizar, una pastoral que cuida, la importancia de una adecuada gestión presupuestaria y la prevención y gestión comunitaria de riesgos de emergencias y desastres desde la perspectiva de la ecología integral.

La jornada permitió también compartir información y coordinar diversos hitos pastorales nacionales, entre ellos la formación de diáconos, la Jornada Nacional de Catequistas, el Mes de la Palabra, el Mes de María y las actividades de Pastoral Juvenil, con especial atención a la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl 2027.

Caminar juntos al servicio de la evangelización

La Jornada Nacional de Vicarios 2026 concluyó con la Eucaristía de envío, presidida por monseñor Alberto Lorenzelli, obispo auxiliar de Santiago y presidente del Área de Educación de la CECh, sellando tres días de encuentro, discernimiento y comunión.

Para la Diócesis de San Felipe, la participación del padre Claudio Acevedo permitió no solo conocer las experiencias y procesos que se desarrollan en otras Iglesias particulares, sino también reconocer el propio camino pastoral y proyectar nuevos desafíos en comunión con la Iglesia en Chile.

La instancia reafirmó así que el camino sinodal continúa invitando a las comunidades a escucharse, discernir juntas, compartir experiencias y poner los distintos dones al servicio de la misión evangelizadora, con la mirada puesta en los próximos hitos del proceso y en la renovación pastoral de la Iglesia.

Como señaló el padre Claudio, el desafío es continuar aprendiendo y trabajando juntos, reconociendo que “hay mucho que aprender y trabajar”, pero también con la confianza de que la Iglesia diocesana avanza en sintonía con el camino que la Iglesia en Chile está llamada a recorrer.

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