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Diócesis de San Felipe

DUM 2026: Diócesis de San Felipe se prepara para vivir el Domingo Universal de Misiones

El próximo domingo 18 de octubre, la Iglesia en Chile celebrará el Domingo Universal de Misiones (DUM), bajo el lema “Unidos en Cristo, unidos en la misión”. Para la Diócesis de San Felipe será una jornada especialmente significativa, ya que coincidirá con la celebración de sus 101 años de vida diocesana, uniendo la acción de gracias por su historia con la renovación de su vocación misionera.


La Iglesia de la Diócesis de San Felipe se prepara para unirse este próximo domingo 18 de octubre a la celebración del Domingo Universal de Misiones (DUM) 2026, jornada que cada año invita a los católicos de todo el mundo a renovar su compromiso con la misión evangelizadora de la Iglesia.

Este año, la Jornada Mundial de las Misiones estará acompañada por el lema “Unidos en Cristo, unidos en la misión”, escogido por el Papa León XIV. La invitación pone en el centro la comunión con Jesucristo como fuente de toda misión y recuerda que anunciar el Evangelio es una tarea que compromete a toda la Iglesia.

La celebración de 2026 posee además una particular relevancia para la Iglesia universal, al cumplirse 100 años de la institución de la Jornada Mundial de las Misiones, establecida por el Papa Pío XI en 1926. Un siglo después, esta jornada continúa convocando a las comunidades católicas a sostener la misión mediante la oración y la colaboración concreta con la labor evangelizadora desarrollada en diferentes lugares del mundo.

Una fecha especial para la Diócesis de San Felipe

Para nuestra Iglesia particular, el DUM tendrá este año un significado aún mayor. El 18 de octubre coincidirá con el 101.º aniversario de la Diócesis de San Felipe, transformando la jornada en una oportunidad para agradecer el camino recorrido y, al mismo tiempo, renovar el compromiso con la misión que continúa hacia el futuro.

Celebrar más de un siglo de vida diocesana no significa solamente volver la mirada hacia la historia, sino reconocer el testimonio de tantas generaciones de obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos y laicos que han anunciado el Evangelio y servido a las comunidades de los valles de Aconcagua y Petorca.

En este contexto, el lema del DUM adquiere una resonancia particular: “Unidos en Cristo, unidos en la misión”. Una invitación a continuar construyendo una Iglesia diocesana en comunión, capaz de salir al encuentro de las personas y hacer presente a Jesucristo en las distintas realidades de nuestro territorio.

Niños y adolescentes también son protagonistas de la misión

Esta vocación misionera encuentra una expresión especial en la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM), una de las Obras Misionales Pontificias que promueve entre niños y adolescentes una espiritualidad abierta a la misión universal de la Iglesia, ayudándolos a descubrir que ellos también pueden rezar, compartir y anunciar a Jesús.

En nuestra Diócesis esta presencia se hace concreta, entre otras experiencias, en la comunidad de Infancia y Adolescencia Misionera del Colegio Marie Poussepin de Putaendo y en la IAM del Colegio María Auxiliadora de Los Andes.

Su caminar recuerda a toda la comunidad diocesana que la misión no tiene edad y que niños y adolescentes no son solamente destinatarios de la evangelización, sino también protagonistas capaces de compartir la alegría del Evangelio en sus familias, colegios y comunidades.

Por ello, de cara al próximo 18 de octubre, la invitación se extiende a parroquias, capillas, colegios, movimientos, comunidades religiosas y agentes pastorales para vivir activamente el DUM, incorporando en sus celebraciones la oración por los misioneros y por las comunidades donde la Iglesia desarrolla su labor evangelizadora.

Será también una ocasión para recordar que cada bautizado participa de esta misión. Algunos son enviados a lugares lejanos; otros la viven diariamente en sus familias, trabajos, comunidades y ambientes cotidianos. Todos, desde distintas vocaciones y servicios, están llamados a anunciar a Jesucristo.

Así, el próximo 18 de octubre, dos acontecimientos se encontrarán en una misma celebración: el Domingo Universal de Misiones y los 101 años de la Diócesis de San Felipe. Una oportunidad para dar gracias por el camino recorrido y renovar, con esperanza, la tarea que permanece por delante.

Unidos en Cristo y unidos en la misión, celebremos nuestra historia mirando hacia el futuro con un corazón cada vez más misionero.

Eucaristía Aniversario 101 Diócesis de San Felipe

Con alegría y gratitud al Señor por estos 101 años de historia, fe y servicio, invitamos cordialmente a todas las parroquias, movimientos pastorales, comunidades, colegios, sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos, laicos y laicas a celebrar unidos este nuevo aniversario diocesano, con una eucaristía:

  • Domingo 18 de octubre de 2026
  • 12:00 horas
  • Templo Catedral de San Felipe

Animados por el gozo de seguir sirviendo al Señor, pidamos que Dios y la Santísima Virgen María continúen guiando nuestra Iglesia.

¡Los esperamos para celebrar juntos nuestra fe, comunión y misión!

† Gonzalo Arturo Bravo Álvarez

Obispo de San Felipe de Aconcagua

Cerca de 55 niños y adolescentes del Colegio Marie Poussepin de Putaendo renovaron su compromiso misionero en significativa celebración

En el contexto del Mes de las Misiones que vive la Iglesia durante octubre, la comunidad educativa del Colegio Marie Poussepin de Putaendo realizó la tradicional Entrega de Signos 2026 de la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM). La actividad reunió a cerca de 55 niños, niñas y sus familias, quienes compartieron un momento de fe, alegría y compromiso con el anuncio del Evangelio.


Durante la jornada de este martes 06 de octubre, el Colegio Marie Poussepin de Putaendo vivió una significativa celebración junto a los integrantes de la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM), una obra de la Iglesia que busca despertar y fortalecer desde temprana edad el espíritu misionero, formando niños, niñas y adolescentes comprometidos con Jesús y atentos a las necesidades de los demás.

La actividad reunió a cerca de 55 participantes, acompañados por sus familias, quienes fueron protagonistas de la Entrega de Signos 2026, instancia en la que cada integrante recibió los distintivos correspondientes a su proceso y años de participación en esta obra misionera.

Entre los signos entregados se encontraron el carnet y decálogo, chapita, pañoleta, rosario misionero, turco para pañoleta y altar misionero, elementos que representan distintas etapas del camino de formación, pertenencia y compromiso que viven los pequeños misioneros.

Más allá de su significado material, cada uno de estos signos constituye una invitación a crecer en la fe, cultivar la oración, descubrir el valor del servicio y compartir con otros la alegría de conocer a Jesucristo.

Octubre, un mes para renovar el compromiso con la misión

Esta celebración adquiere un sentido especial al desarrollarse durante octubre, Mes de las Misiones, tiempo en que la Iglesia universal invita a todas las comunidades a renovar su conciencia misionera y recordar que el anuncio del Evangelio es una responsabilidad compartida por todos los bautizados.

Este año, la Iglesia celebra el Domingo Universal de las Misiones (DUM), el 18 de octubre, bajo el lema “Unidos en Cristo, unidos en la misión”, una invitación a fortalecer la comunión y el compromiso de llevar el mensaje de Jesús a todos los pueblos.

En este contexto, la experiencia de la Infancia y Adolescencia Misionera adquiere especial relevancia, pues recuerda que los niños y adolescentes también son protagonistas de la misión evangelizadora de la Iglesia, capaces de compartir su fe a través de gestos cotidianos de amor, solidaridad, oración y cercanía con quienes más lo necesitan.

La IAM, presente en distintas comunidades educativas y parroquiales, promueve una espiritualidad que anima a sus integrantes a vivir como pequeños discípulos misioneros, aprendiendo que la misión comienza en sus propias familias, colegios y comunidades, pero mantiene siempre una mirada abierta a las necesidades de la Iglesia en el mundo.

Familias y animadoras acompañan el crecimiento de los pequeños misioneros

La celebración contó con el acompañamiento del padre Diego López, quien compartió con los niños, niñas y sus familias este importante momento de su camino de formación misionera.

Desde el establecimiento también se destacó y agradeció especialmente el trabajo de las animadoras Sandra Milla y Margarita González, quienes, con dedicación, cariño y compromiso, acompañan el proceso formativo de los integrantes de la Infancia y Adolescencia Misionera.

Su labor, junto con el apoyo de las familias, resulta fundamental para fortalecer una experiencia pastoral que permite a los estudiantes descubrir que la fe no se limita a los espacios de oración, sino que también se expresa en la convivencia diaria, la preocupación por los demás y el compromiso con la construcción de una sociedad más fraterna.

La participación de padres y apoderados otorgó además un carácter comunitario a esta jornada, recordando la importancia de la familia como primer espacio donde se aprende a conocer, amar y seguir a Jesucristo.

Una Iglesia que siembra el espíritu misionero desde la infancia

Para la Iglesia de la Diócesis de San Felipe, experiencias como la vivida en el Colegio Marie Poussepin de Putaendo constituyen un testimonio del trabajo evangelizador que se desarrolla en las comunidades educativas católicas, especialmente en la formación de nuevas generaciones comprometidas con la fe y el servicio.

La Entrega de Signos 2026 permitió reconocer el camino recorrido por estos pequeños misioneros y renovar la invitación a continuar creciendo en el amor a Jesús, descubriendo que cada gesto de bondad, cada oración y cada acción solidaria pueden convertirse en una forma concreta de anunciar el Evangelio.

En este Mes de las Misiones, la celebración deja también un mensaje para toda nuestra comunidad diocesana: la misión de la Iglesia comienza desde los primeros años de vida y se fortalece cuando las familias, los educadores y las comunidades acompañan a los niños y adolescentes en su encuentro con Cristo.

Así, con sus nuevos signos y el entusiasmo propio de su edad, los integrantes de la Infancia y Adolescencia Misionera del Colegio Marie Poussepin continúan su camino, llamados a ser pequeños grandes misioneros, testigos de esperanza y alegría en sus comunidades y en el mundo.

Cerca de 120 personas participaron en seminario diocesano sobre Magnifica Humanitas y sus desafíos para los cristianos de hoy

Con una importante participación de fieles provenientes de distintos puntos de la Diócesis de San Felipe, este sábado 3 de octubre se desarrolló en el Auditorio Juan XXIII el seminario dedicado a profundizar en Magnifica Humanitas del Papa León XIV. La jornada estuvo a cargo del profesor Diego Miranda, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien abordó el documento desde la dignidad humana y los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, invitando a los participantes a continuar su lectura, reflexión y aplicación en la vida cotidiana y comunitaria.


Cerca de 120 personas participaron este sábado 3 de octubre en el seminario diocesano dedicado a profundizar en Magnifica Humanitas del Papa León XIV, iniciativa realizada en el Auditorio Juan XXIII del Obispado de San Felipe y que congregó a una amplia representación de la comunidad diocesana.

La jornada buscó ofrecer un espacio de formación que permitiera acercarse al contenido del documento, comprender algunas de sus principales claves y, especialmente, reflexionar sobre las interpelaciones que plantea para los cristianos frente a los desafíos que atraviesa actualmente la sociedad.

Hasta el Obispado llegaron laicos, agentes pastorales y representantes de diferentes comunidades de la Diócesis. Participaron también el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, y el vicario general, padre Fabián Castro Marchant, quien mantiene además una cercana amistad con el expositor desde los años de formación en el seminario.

El encuentro comenzó con las palabras de bienvenida y la oración dirigida por Mons. Gonzalo Bravo, disponiendo la jornada no solamente como una instancia académica, sino también como una oportunidad para escuchar, reflexionar y dejarse interpelar desde la fe por las transformaciones que experimenta la humanidad.

Una mirada a la persona y los desafíos de nuestro tiempo

El seminario estuvo a cargo del profesor Diego Miranda, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien desarrolló una exposición que permitió recorrer algunos de los principales contenidos de Magnifica Humanitas, entregando claves para comprender el documento dentro de la enseñanza y la Doctrina Social de la Iglesia.

Su presentación puso especial atención en la dignidad de toda persona humana y en la necesidad de realizar un discernimiento cristiano frente a las profundas transformaciones sociales, culturales y tecnológicas de nuestro tiempo.

Uno de los aspectos abordados fue precisamente el rápido proceso de cambio que experimenta la sociedad. El documento plantea la necesidad de realizar un discernimiento compartido frente a este “cambio de época”, formulando preguntas fundamentales acerca de hacia dónde avanza la humanidad y qué dirección desea escoger como comunidad humana y como pueblos.

Dentro de este análisis se abordó también el desafío de las nuevas tecnologías, reconociendo sus posibilidades para curar, conectar, educar y cuidar la Casa Común, pero advirtiendo al mismo tiempo que la tecnología no es neutral y que su impacto está relacionado también con quienes la conciben, financian, regulan y utilizan.

La exposición del profesor Miranda destacó por un lenguaje cercano y comprensible, junto con su conocimiento del tema y la capacidad de entregar aclaraciones magisteriales que permitieron a los asistentes aproximarse de manera más clara al contenido del documento.

Dignidad humana, bien común y responsabilidad compartida

Otro de los ejes importantes del seminario estuvo en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, abordados no solamente desde su dimensión conceptual, sino como criterios capaces de orientar concretamente la presencia y responsabilidad de los cristianos en la sociedad.

Entre ellos se profundizó en el bien común, entendido como una realidad que pertenece a todos y que solamente puede ser construida, acrecentada y custodiada de manera conjunta.

La exposición permitió también profundizar en la subsidiariedad y la solidaridad, reconociendo el protagonismo y la responsabilidad que poseen las personas, las familias, las comunidades locales y las organizaciones en la construcción de la sociedad. Magnifica Humanitas recuerda que la solidaridad supone reconocer concretamente que el destino de cada persona se encuentra ligado al destino de los demás.

Asimismo, se abordó la justicia social desde el seguimiento de Jesús y su especial cercanía con los pobres, enfermos, excluidos y personas más vulnerables. Desde esta perspectiva, el documento recuerda que las instituciones y estructuras de convivencia están llamadas a servir a la persona y resguardar su dignidad.

De esta manera, la exposición fue avanzando desde los grandes principios de la enseñanza social de la Iglesia hacia preguntas concretas sobre la manera en que cada cristiano puede asumir su responsabilidad en los ambientes donde desarrolla su vida.

Construir hoy una civilización del amor

Uno de los momentos especialmente significativos del seminario estuvo en llevar esta reflexión hacia la vida cotidiana. La presentación invitó a los participantes a preguntarse: “¿De qué manera podemos construir HOY la civilización del amor en nuestros espacios cotidianos y en nuestras comunidades?”

Esta pregunta permitió profundizar en la responsabilidad que posee cada persona, incluso cuando los grandes problemas de la humanidad puedan parecer demasiado complejos o lejanos.

El documento recuerda precisamente que nadie está exento de responsabilidad y que cada persona posee un ámbito concreto de acción desde el cual puede decidir si alimenta dinámicas de indiferencia, mentira u odio, o si contribuye mediante la verdad, la cercanía, el cuidado y la construcción de la paz.

Especial interés tuvo también la reflexión acerca del uso de la palabra y la comunicación. Magnifica Humanitas invita a prestar atención a la manera en que hablamos, escuchamos y nos referimos a los demás, reconociendo que la paz comienza también en nuestras relaciones cotidianas y en la forma en que utilizamos las palabras.

A ello se sumó la importancia del diálogo como una herramienta fundamental para la convivencia y la construcción de vínculos de fraternidad, basados en la escucha, el encuentro y la capacidad de reconocer al otro. San Felipe ppt

Así, más que quedarse únicamente en una aproximación teórica al documento, el seminario invitó a preguntarse cómo estos principios pueden hacerse realidad en las familias, parroquias, comunidades, lugares de trabajo y distintos espacios de la sociedad.

Una invitación a continuar profundizando

Durante su intervención, el profesor Diego Miranda explicó que el objetivo del seminario no era abordar exhaustivamente todo el contenido de Magnifica Humanitas en una sola jornada. Por el contrario, la propuesta buscó entregar algunas claves que permitieran comprender mejor el documento y, al mismo tiempo, despertar el interés por continuar leyéndolo y profundizando en él.

De esta manera, quienes todavía no conocían el texto pudieron contar con una primera aproximación, mientras que aquellos que ya habían comenzado su lectura encontraron herramientas para continuar reflexionando sobre sus contenidos y las implicancias que estos tienen para la vida cristiana.

Los asistentes valoraron positivamente la jornada, destacando especialmente el manejo del tema por parte del expositor, la claridad de sus explicaciones y la calidad de una instancia formativa que permitió abordar contenidos de profundidad con un lenguaje accesible.

Asimismo, entre los participantes quedó expresado el interés de que este tipo de encuentros formativos puedan volver a realizarse en futuras oportunidades.

La jornada recordó también que los principios de la Doctrina Social de la Iglesia no constituyen solamente un mensaje dirigido hacia la sociedad, sino que interpelan a la propia comunidad eclesial. El documento plantea que estos principios deben vivirse también al interior de la Iglesia para que la búsqueda del bien común, la corresponsabilidad y la fraternidad puedan convertirse en un signo creíble ante la sociedad.

Un trabajo compartido para hacer posible la jornada

Al finalizar el encuentro, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez agradeció especialmente al profesor Diego Miranda por haber aceptado la invitación, valorando su disponibilidad y el aporte de un seminario que permitió iluminar y acercar estos contenidos a la comunidad diocesana.

Por su parte, el padre Fabián Castro Marchant, vicario general, agradeció a las cerca de 120 personas que hicieron el esfuerzo de participar presencialmente, destacando el interés manifestado por continuar creciendo en formación y profundizar en la enseñanza de la Iglesia.

El padre Fabián tuvo también palabras de especial reconocimiento para los equipos de la Parroquia Catedral de San Felipe y de la Pastoral Social, quienes fueron parte de la organización y colaboraron activamente para concretar el encuentro. Agradeció especialmente su trabajo logístico, disposición y servicio, tanto durante la preparación como en el desarrollo de la jornada.

La realización del seminario fue así también expresión de un trabajo colaborativo entre diferentes instancias de la Iglesia diocesana, cuyos equipos permitieron disponer los espacios y atender los distintos requerimientos para recibir adecuadamente a quienes participaron.

Seminario quedó disponible para toda la comunidad

La jornada fue además transmitida a través de las redes sociales de la Diócesis de San Felipe, permitiendo ampliar el alcance de la actividad más allá de quienes pudieron estar presencialmente en el Auditorio Juan XXIII.

La transmisión completa quedó posteriormente alojada en el canal de YouTube de la Diócesis de San Felipe, donde puede ser revisada por quienes no pudieron conectarse durante la jornada y también por aquellos que deseen volver a escuchar y profundizar en los contenidos presentados por el profesor Diego Miranda.

De esta manera, el seminario no terminó con el cierre de la jornada, sino que dejó abierta una tarea para la comunidad diocesana: leer, profundizar, discernir y llevar a la vida las enseñanzas de Magnifica Humanitas.

Una invitación que quedó sintetizada también en una de las orientaciones presentadas durante el encuentro: no tener miedo de dejarse interpelar por la realidad, ponerse a la escucha de los demás y asumir con responsabilidad la construcción de una sociedad cada vez más humana y fraterna.

Curimón celebró su centenaria Fiesta de San Francisco de Asís entre fe, tradición y una multitudinaria bendición de animales

La histórica comunidad de Curimón volvió a congregar a cientos de familias y peregrinos este domingo 4 de octubre para celebrar a San Francisco de Asís. Aunque la lluvia se hizo presente durante parte de la jornada y ese mismo día San Felipe vivía también la multitudinaria Fiesta de la Virgen de Andacollo, la devoción franciscana volvió a demostrar su profundo arraigo y convocó a una feligresía que, generación tras generación, mantiene viva esta centenaria tradición.


Curimón volvió a encontrarse en torno a San Francisco de Asís. Como ocurre cada año, la histórica localidad ubicada en la ribera sur de la comuna de San Felipe vivió durante el fin de semana una nueva versión de su centenaria fiesta patronal, una de las expresiones de fe y religiosidad popular más arraigadas del Valle de Aconcagua.

La celebración de este 2026 tuvo además un significado especial al desarrollarse en el contexto del Año Jubilar Franciscano, que recuerda los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís (1226-2026), renovando la invitación a mirar su testimonio de fraternidad, sencillez, paz y cuidado de la creación.

La jornada coincidió con otra importante manifestación de religiosidad popular en la comuna: la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo en San Felipe. Sin embargo, ambas celebraciones volvieron a demostrar la riqueza de las tradiciones religiosas presentes en el territorio. San Francisco posee en Curimón una feligresía propia, formada por familias y devotos que año tras año regresan para participar de una fiesta estrechamente vinculada a la historia e identidad de la localidad.

Una celebración preparada durante varios días

La fiesta no se limitó solamente a la jornada del domingo. La comunidad venía preparándose desde semanas antes con diferentes actividades, entre ellas la Misa a la Chilena, la Novena y el recorrido de las andas de San Francisco por distintos sectores de la parroquia.

Esta última tradición, fortalecida a partir de los años de pandemia, permitió nuevamente acercar la imagen del santo a los barrios y comunidades. Familias prepararon altares, adornaron sus casas y realizaron distintos gestos para recibir su paso, prolongando la fiesta más allá del entorno del templo.

En la víspera del día patronal, el sábado 3 de octubre, se realizó además la tradicional Farolada al Cerro San Francisco, vinculada a la memoria del tránsito de San Francisco de Asís y que permitió preparar espiritualmente las horas previas a la jornada principal.

Cientos de familias llegaron con sus animales

Desde temprano, el domingo 4 comenzó a desarrollarse una intensa programación religiosa. La jornada contempló la tradicional Misa de los Trabajadores, seguida por la celebración junto a las Franciscanas Misioneras de María en la Capilla San José.

Uno de los momentos de mayor convocatoria volvió a producirse en el Cerro San Francisco, donde cientos de personas y familias llegaron para participar de la tradicional bendición de los campos y animales.

Perros de distintos tamaños, gatos y otras mascotas llegaron junto a sus familias hasta los pies del cerro para recibir la bendición. Incluso algunas personas llevaron fotografías de aquellos animales que no pudieron trasladar hasta el lugar, incorporándolos simbólicamente a este esperado momento de la fiesta.

La bendición posee un profundo significado para la comunidad y encuentra en San Francisco de Asís un especial referente por su relación fraterna con toda la creación. Año tras año, este momento se ha transformado también en un espacio familiar, donde niños, jóvenes y adultos se encuentran en torno al llamado a reconocer, respetar y cuidar la vida creada por Dios.

Como parte de esta jornada, estudiantes de octavo básico del Colegio Carmela Carvajal de Prat de Curimón realizaron además una presentación de caporal en homenaje a San Francisco, incorporando la música y la danza a las distintas expresiones comunitarias que acompañaron la celebración.

Eucaristía, tradición y una comunidad reunida

Al mediodía tuvo lugar la Misa Solemne, uno de los principales momentos litúrgicos de la fiesta, reuniendo nuevamente a los fieles en torno a la mesa de la Eucaristía.

La celebración permitió poner en el centro el testimonio de San Francisco, cuya vida continúa interpelando a los cristianos a reconocer que la fe debe expresarse también en una existencia sencilla, fraterna y disponible para los demás.

En este especial Año Jubilar Franciscano, su figura adquirió un sentido todavía más profundo para Curimón: ochocientos años después de su tránsito, su testimonio continúa convocando a una comunidad ubicada a miles de kilómetros de Asís y que ha hecho de su espiritualidad parte de su propia historia.

Durante la tarde, las tradicionales andas volvieron a reunir a la feligresía para realizar el saludo a San Francisco y preparar uno de los momentos más esperados de la celebración: la procesión.

La lluvia acompañó el recorrido, pero no detuvo la fiesta

Al igual que ocurrió durante la Fiesta de Andacollo en San Felipe, las condiciones climáticas se transformaron en un factor inesperado durante la jornada.

La lluvia comenzó a hacerse presente en momentos de la procesión, pero no fue impedimento para que la comunidad continuara acompañando a San Francisco. Familias y peregrinos permanecieron en el recorrido, manteniendo viva una tradición que forma parte de la memoria de generaciones de habitantes de Curimón.

La imagen del santo recorrió las principales calles de la localidad acompañada por la oración y las expresiones propias de esta histórica celebración. El agua obligó a tomar algunos resguardos, pero la programación pudo continuar y la fiesta llegó a su término con normalidad.

A lo largo del recorrido destacaron también las familias que prepararon y ornamentaron los tradicionales arcos y distintos espacios por donde pasó San Francisco, un trabajo comunitario que año tras año embellece la procesión y expresa el cariño de los vecinos hacia su patrono.

Estos signos, elaborados muchas veces durante días y de manera silenciosa por los propios habitantes, forman parte esencial de una fiesta que se construye gracias a la colaboración de toda la comunidad.

Una fiesta construida por todo Curimón

Al concluir las actividades, el párroco de San Francisco de Curimón, padre Omar Orellana, expresó su agradecimiento a la comunidad parroquial y a toda la feligresía que nuevamente participó y colaboró en los diferentes momentos de la celebración.

El agradecimiento se extendió especialmente a quienes trabajaron en la organización, a las familias encargadas de preparar los arcos y ornamentar los distintos sectores, a quienes acogieron las actividades y a todos los servidores que hicieron posible el desarrollo de la fiesta.

El padre Omar reconoció además la colaboración de las instituciones encargadas del orden y la seguridad, el apoyo de la Municipalidad y la presencia de instituciones como Bomberos, que tradicionalmente se hacen parte de esta celebración y colaboran para que una actividad de gran convocatoria pueda desarrollarse adecuadamente.

La participación de estas instituciones, junto al compromiso de la propia comunidad, volvió a mostrar que la Fiesta de San Francisco trasciende el ámbito estrictamente parroquial y se ha convertido también en un acontecimiento profundamente ligado a la identidad de Curimón.

La programación concluyó con los últimos momentos de oración, la despedida de las andas y el tradicional Cantar a Francisco, cerrando varios días en que la localidad volvió a poner en el centro su fe, su patrimonio y su vida comunitaria.

Ni la lluvia ni la coincidencia con otra importante fiesta religiosa en San Felipe disminuyeron una devoción que posee su propio camino y una historia centenaria. Curimón volvió a demostrar que San Francisco sigue formando parte de la vida de su pueblo, convocando a generaciones de familias que mantienen viva una tradición heredada y renovada año tras año.

En el marco de los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, la fiesta dejó nuevamente una invitación que trasciende la celebración patronal: construir fraternidad, trabajar por la paz, vivir con sencillez y aprender a reconocer en toda la creación un don que merece ser cuidado.

Paz y Bien.

San Felipe respondió con gratitud a la Virgen de Andacollo en una multitudinaria fiesta patronal

Cientos de fieles provenientes de distintos puntos de la región participaron este domingo 4 de octubre en la Fiesta Patronal de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo, en San Felipe. Seis bailes religiosos, cerca de 200 huasos a caballo y la Banda de Guerra e Instrumental de la Escuela Industrial acompañaron la tradicional procesión por las calles de la ciudad. La lluvia que se hizo presente durante parte del recorrido no impidió que la comunidad culminara una jornada marcada por la fe, la gratitud y una profunda devoción mariana.


San Felipe volvió a responder con gratitud al paso de la Virgen de Andacollo. Desde las primeras horas de este domingo 4 de octubre, cientos de personas comenzaron a congregarse en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Andacollo para vivir el día central de una de las tradicionales expresiones de religiosidad popular de la ciudad.

Bajo el lema “Con la Virgen de Andacollo, vamos al encuentro de Jesucristo”, la fiesta reunió a fieles provenientes de distintos puntos de la región, familias, bailes religiosos, huasos y comunidades que llegaron para agradecer, cumplir promesas y acompañar nuevamente a la Madre de Dios en su recorrido por las calles de San Felipe.

La jornada central fue la culminación de varios días de preparación que comenzaron el 25 de septiembre con la tradicional Novena, celebrada diariamente en el templo parroquial. Durante nueve días, la oración y la Eucaristía permitieron disponer el corazón de la comunidad para el encuentro con su patrona.

La víspera, el sábado 3 de octubre, estuvo marcada por la tradicional Procesión de la Noche, que recorrió las calles cercanas al templo en un ambiente de recogimiento y oración. En esta oportunidad participaron dos bailes religiosos, entre ellos los anfitriones, la Fraternidad Religiosa de Andacollo, acompañando a la Virgen en las horas previas a su gran fiesta.

Desde temprano, el pueblo llegó al encuentro de María

El domingo comenzó desde muy temprano con el rezo del Santo Rosario, dando paso posteriormente a las Eucaristías programadas durante la mañana. Cada una de las celebraciones registró una importante concurrencia de fieles, reflejando una devoción que año tras año continúa convocando a generaciones de familias.

La Eucaristía Patronal fue presidida por el párroco, padre Ricardo Olavarría, quien durante su homilía recogió la imagen de la viña presentada en la primera lectura del libro del profeta Isaías: “La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel”.

Desde esta imagen bíblica, el padre Ricardo invitó a reconocer que Dios ha cuidado y acompañado la historia de su pueblo del mismo modo que el dueño prepara y protege su viña. Una presencia que también puede reconocerse en la historia personal y comunitaria de tantos hombres y mujeres que, durante generaciones, han encontrado en la Virgen de Andacollo una Madre que acompaña sus alegrías, dificultades, trabajos y esperanzas.

La reflexión puso especialmente el acento en la gratitud por la vida y por los dones recibidos, invitando a preguntarse cómo cada persona responde al cuidado que Dios ha tenido con ella. El párroco recordó que agradecer no consiste solamente en acudir a la Virgen durante su fiesta, sino también en aprender a cuidar aquello que Dios ha puesto en nuestras manos: la propia vida, la familia, los hijos, los adultos mayores, la comunidad y especialmente a quienes atraviesan momentos de dificultad.

En este sentido, destacó que María ayuda a descubrir una manera concreta de responder a Dios: una vida disponible, sencilla y entregada. Así, la devoción a Nuestra Señora de Andacollo encuentra su verdadero sentido cuando conduce al encuentro con Jesucristo y se traduce en una vida más fraterna y atenta a los demás.

La reflexión encontró un significado especial en una jornada donde muchas personas llegaron precisamente para dar gracias a la Virgen, renovando promesas y expresando públicamente una devoción transmitida por generaciones.

Una mesa compartida antes de salir en procesión

Tras las celebraciones de la mañana, la comunidad parroquial ofreció su tradicional almuerzo, permitiendo que fieles, servidores y quienes habían llegado desde otros lugares pudieran compartir fraternalmente antes del inicio de la procesión.

Este momento, sencillo pero profundamente comunitario, forma parte también del espíritu de la fiesta: una comunidad que no solamente se reúne para rezar, sino que abre sus espacios para recibir y compartir con quienes llegan hasta Andacollo.

Durante las horas previas comenzó además a crecer el movimiento en los alrededores del templo, mientras bailes religiosos, huasos, músicos y peregrinos se preparaban para uno de los momentos más esperados de la jornada.

Seis bailes religiosos y cerca de 200 huasos acompañaron la procesión

Por la tarde, la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo salió nuevamente al encuentro de San Felipe.

La tradicional procesión congregó a una multitud que acompañó a la Virgen durante su recorrido. Este año fueron seis bailes religiosos los que participaron de la jornada, entregando con sus danzas, música, vestimentas y oraciones un especial realce a la celebración.

A ellos se sumó la Banda de Guerra e Instrumental de la Escuela Industrial de San Felipe, cuya participación acompañó distintos momentos del recorrido.

Una de las imágenes que nuevamente destacó fue la presencia de cerca de 200 huasos junto a sus caballos, provenientes de diferentes sectores de la región. Su participación recordó el carácter regional que ha adquirido esta celebración y la estrecha relación que históricamente existe entre la devoción mariana, el mundo campesino y las tradiciones propias de la zona central.

El sonido de los bailes, la música, los huasos y las familias caminando junto a la imagen volvieron a transformar las calles de San Felipe en un espacio público de oración y encuentro.

La lluvia tampoco detuvo la devoción

Durante parte de la tarde, el clima sorprendió a quienes participaban de la procesión y algunas precipitaciones comenzaron a caer sobre San Felipe.

Lejos de terminar anticipadamente la celebración, los fieles continuaron acompañando a la Virgen. En algunos tramos fue necesario agilizar el paso de la procesión, pero la lluvia no impidió que el recorrido pudiera completarse y que la fiesta concluyera con normalidad.

La escena de los peregrinos permaneciendo junto a la imagen, aun bajo algunas gotas de lluvia, se transformó en otra de las postales que dejó la jornada y reflejó el cariño de quienes habían llegado para cumplir con la tradición y acompañar a Nuestra Señora de Andacollo.

La Catedral volvió a recibir el paso de la Virgen

Como ocurre tradicionalmente, uno de los momentos significativos del recorrido tuvo lugar frente a la Iglesia Catedral de San Felipe, donde la comunidad esperaba el paso de la Virgen.

En esta oportunidad, el vicario general y párroco de la Catedral, padre Fabián Castro Marchant, junto al padre Nicolás Flores Lazcano y fieles de la comunidad catedralicia, recibieron la procesión y animaron un breve momento de oración.

La detención frente al principal templo de la Diócesis volvió a expresar la comunión entre comunidades y el cariño compartido hacia la Madre de Dios, antes de que la procesión continuara su recorrido.

Gratitud por una fiesta construida entre todos

Al concluir la jornada, el padre Ricardo Olavarría expresó su agradecimiento a la comunidad andacollina y a las numerosas personas que hicieron posible una nueva fiesta patronal.

Sus palabras estuvieron dirigidas especialmente a quienes trabajaron durante la novena, a los servidores y voluntarios, a los bailes religiosos, huasos, músicos y a los cientos de fieles que llegaron desde diferentes lugares para acompañar a la Virgen.

El párroco agradeció también a las autoridades e instituciones que colaboraron en la organización, seguridad y correcto desarrollo de la procesión, considerando la alta cantidad de personas, caballos y agrupaciones que se congregaron durante la jornada.

Un reconocimiento especial entregó también a los feriantes de la tradicional feria dominical, quienes cada año colaboran terminando anticipadamente sus actividades para permitir la preparación e instalación del escenario dispuesto en el exterior del templo para la fiesta.

Asimismo, agradeció a la comunidad de la Catedral y a los padres Fabián Castro y Nicolás Flores por recibir nuevamente a la Virgen y acompañar con la oración su paso por el templo mayor de la Diócesis.

Con el regreso de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo a su templo culminaron días intensos de oración, servicio y encuentro comunitario.

La multitudinaria participación volvió a mostrar que esta fiesta permanece profundamente arraigada en San Felipe y, al mismo tiempo, ha traspasado sus límites para convocar a devotos provenientes de diferentes lugares de la región.

Entre el sonido de los bailes religiosos, los caballos, la música, las oraciones y hasta algunas gotas de lluvia, San Felipe volvió a responder con gratitud a la Virgen de Andacollo, haciendo vida el lema que acompañó toda la celebración:

“Con la Virgen de Andacollo, vamos al encuentro de Jesucristo”.

Multitudinaria Fiesta de Nuestra Señora del Rosario reunió fe, tradición y religiosidad popular en Valle Hermoso

Cientos de fieles y peregrinos se congregaron en Valle Hermoso, comuna de La Ligua, para vivir la jornada central de la Fiesta Patronal de Nuestra Señora del Rosario. La celebración fue acompañada por el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, junto al párroco y vicario de pastoral, padre Claudio Acevedo López, en una jornada donde la Eucaristía, la procesión, los bailes religiosos y los tradicionales Bailes Chinos volvieron a expresar la profunda fe de esta comunidad.


Bajo el lema “Virgen María, renueva de esperanza a tu pueblo”, la comunidad de Valle Hermoso culminó este domingo 4 de octubre varios días de celebración en honor a Nuestra Señora del Rosario, reuniendo a cientos de fieles que llegaron desde distintos sectores para participar de una de las expresiones de fe y religiosidad popular más significativas de esta localidad de La Ligua.

La jornada fue el punto culminante de una fiesta que comenzó el 26 de septiembre y que, durante más de una semana, permitió reunir a la comunidad en torno a la oración y la Eucaristía, poniendo ante Dios diferentes realidades de la vida cotidiana: las familias, los adultos mayores, los jóvenes, las vocaciones, las instituciones, el mundo del trabajo, el cuidado de la creación y las necesidades del país.

La víspera del día principal estuvo marcada también por expresiones profundamente arraigadas en la tradición de Valle Hermoso, como el Rosario de la Aurora, la bendición de los niños, la Misa de los Bailes Religiosos y el Canto a lo Divino, preparando así el corazón de la comunidad para encontrarse nuevamente junto a su patrona.

Una fe llamada a cuidar la viña que Dios nos confía

Uno de los principales momentos del domingo fue la Misa Solemne de las 09:30 horas, presidida por el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, acompañado por el párroco de la comunidad y vicario de pastoral, padre Claudio Acevedo López.

Durante su homilía, el obispo recogió especialmente la imagen presentada en la primera lectura, tomada del libro del profeta Isaías (5,1-7): “La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel”.

A partir de esta Palabra, Mons. Gonzalo Bravo invitó a contemplar la vida como un don que Dios cuida, acompaña y confía a cada persona. Así como el dueño de la viña prepara la tierra, la protege y espera de ella buenos frutos, también Dios ha puesto en nuestras manos la propia existencia, la familia, la comunidad y los dones recibidos, esperando que sepamos cuidarlos y hacerlos fecundos.

En este sentido, la reflexión puso el acento en la pregunta por qué estamos haciendo con la vida que hemos recibido. La viña puede representar nuestra propia historia, pero también la familia, la comunidad cristiana y cada espacio donde estamos llamados a amar, servir y construir relaciones más fraternas.

El obispo invitó así a no reducir la fe solamente a los momentos de celebración, sino a permitir que el encuentro con Dios transforme la manera de vivir y relacionarnos con los demás. Cuidar la vida, especialmente la de quienes están a nuestro lado; acompañar al que atraviesa dificultades; reconciliarnos; servir sin buscar protagonismos y trabajar por el bien de la comunidad son también frutos que Dios espera de aquella viña que ha puesto bajo nuestro cuidado.

En el contexto de la fiesta patronal, la figura de Nuestra Señora del Rosario permitió también mirar a María como ejemplo de una vida que supo responder a Dios. Una mujer que acogió el don recibido y puso toda su existencia al servicio del proyecto de Dios, acompañando a Jesús y permaneciendo fiel incluso en los momentos más difíciles.

De esta manera, la Palabra proclamada encontró un eco especial en una comunidad que durante varios días se reunió para rezar y celebrar: la verdadera devoción a María debe conducir siempre a Jesucristo y ayudarnos a cuidar y valorar la vida que Dios nos ha confiado.

Bailes religiosos y Bailes Chinos acompañaron a la Virgen

La fiesta estuvo marcada además por una importante presencia de bailes religiosos, quienes con sus vestimentas, música y danzas dieron especial realce a los distintos momentos de la jornada.

Entre estas expresiones tuvieron una presencia significativa los tradicionales Bailes Chinos, profundamente vinculados a la religiosidad popular de la zona y cuya participación volvió a mostrar una manera de vivir y expresar la fe que se ha transmitido entre generaciones.

Cada danza, sonido y saludo realizado ante la Virgen se convirtió en una forma de oración y agradecimiento, integrándose a una celebración donde la piedad popular ocupa un lugar importante en la identidad religiosa y cultural de Valle Hermoso.

Por la tarde, a las 14:30 horas, comenzó uno de los momentos más esperados: la tradicional procesión de Nuestra Señora del Rosario.

Cientos de personas acompañaron la imagen de la Virgen por las calles del sector. Familias, peregrinos, comunidades y bailes religiosos caminaron juntos, transformando nuevamente las calles de Valle Hermoso en un espacio de oración y manifestación pública de la fe.

La multitudinaria participación volvió a mostrar el profundo vínculo que existe entre la comunidad y su patrona, una devoción que ha permanecido viva a través de las generaciones y que cada año vuelve a convocar a quienes viven en el sector y también a quienes regresan especialmente para participar de la fiesta.

Una celebración que moviliza a toda la localidad

La Fiesta de Nuestra Señora del Rosario tiene además una dimensión que alcanza a toda la vida comunitaria de Valle Hermoso.

Durante la jornada, junto a la presencia de peregrinos y visitantes, volvieron a instalarse los tradicionales puestos de venta de chalecos, ponchos, tejidos y artesanías, productos estrechamente ligados a la identidad de Valle Hermoso y a una actividad comercial que durante décadas ha caracterizado al sector.

La llegada de cientos de personas con motivo de la celebración patronal genera también un importante movimiento para comerciantes, artesanos y familias que encuentran en estos días una oportunidad para ofrecer los productos tradicionales de la localidad.

De esta manera, la fiesta vuelve a reunir dimensiones que forman parte de la propia historia del lugar: fe, religiosidad popular, tradición, artesanía, comercio y encuentro comunitario.

Agradecimiento por el trabajo de toda la comunidad

Al finalizar la celebración, el padre Claudio Acevedo López agradeció especialmente el compromiso de la comunidad y de todas las personas que trabajaron durante las semanas previas para preparar cada uno de los momentos de la fiesta patronal.

Asimismo, expresó su gratitud por la presencia de Mons. Gonzalo Bravo, quien acompañó a Valle Hermoso en esta significativa jornada, compartiendo la Eucaristía y el encuentro con sus fieles.

El párroco valoró también el apoyo y coordinación de las instituciones encargadas del orden y la seguridad, así como la colaboración de la Municipalidad, cuyo trabajo contribuyó a que una celebración de alta convocatoria pudiera desarrollarse adecuadamente y recibir a la gran cantidad de personas que llegaron hasta la localidad.

El agradecimiento se extendió a los bailes religiosos, servidores, voluntarios, familias, comerciantes y a todos quienes, desde diferentes tareas, hicieron posible una nueva versión de esta tradicional celebración.

Con el término de la procesión culminaron varios días de intensa vida pastoral y comunitaria. Quedaron las imágenes de una localidad repleta de peregrinos, del sonido característico de los Bailes Chinos, de los bailes religiosos danzando ante María y de cientos de personas caminando nuevamente detrás de Nuestra Señora del Rosario.

Para la Iglesia de la Diócesis de San Felipe, la celebración volvió a poner de manifiesto la riqueza de la religiosidad popular presente en el Decanato de Petorca y el valor de aquellas tradiciones que permiten transmitir la fe de una generación a otra.

Valle Hermoso cerró así una nueva fiesta patronal haciendo vida la petición que acompañó cada una de sus jornadas y que continúa resonando como una oración para toda la comunidad:

“Virgen María, renueva de esperanza a tu pueblo”.

Hierro Viejo celebró con multitudinaria participación la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario

Cientos de fieles, familias y bailes religiosos se congregaron este domingo 4 de octubre en Hierro Viejo, comuna de Petorca, para celebrar el día central de la tradicional Fiesta Patronal de Nuestra Señora del Rosario. La jornada estuvo marcada por la Eucaristía, la danza religiosa, la procesión y la tradicional alfombra de flores preparada por la comunidad para recibir el paso de su patrona.


La fe, la tradición y el profundo cariño hacia la Virgen volvieron a encontrarse este domingo 4 de octubre en Hierro Viejo, donde cientos de personas participaron en el día central de la Fiesta Patronal de Nuestra Señora del Rosario, una celebración que año tras año reúne a familias, comunidades y peregrinos en esta localidad de la comuna de Petorca.

La jornada coronó varios días de preparación que comenzaron el lunes 28 de septiembre y que permitieron a la comunidad reunirse diariamente en torno al Santo Rosario y la Eucaristía, rezando por diferentes intenciones y realidades. Durante la semana hubo celebraciones dedicadas a los difuntos, enfermos, instituciones, niños, catequistas, la Patria y las familias, además del tradicional Rosario de la Aurora.

Todo este camino fue preparando a la comunidad para vivir el domingo la jornada más esperada de la fiesta.

Desde las primeras horas comenzaron a llegar hasta Hierro Viejo fieles y agrupaciones de bailes religiosos, quienes con sus trajes, música y danzas rindieron homenaje a Nuestra Señora del Rosario. Su presencia volvió a entregar una expresión especialmente significativa de religiosidad popular, donde el baile se transforma también en una manera de rezar, agradecer y manifestar públicamente la fe.

A las 10:00 horas se celebró la Misa por los Bailes Religiosos, mientras que al mediodía tuvo lugar la Misa Solemne y Bajada de la Virgen, presidida por el párroco de Petorca, padre Ricardo Gómez, junto a la comunidad reunida para agradecer por un nuevo año de celebración.

Durante su homilía, el padre Ricardo invitó a valorar la fe como un camino que no se vive de manera individual, sino en comunidad, aprendiendo a acompañarse y sostenerse mutuamente en los distintos momentos de la vida. En este contexto, presentó también a María como una Madre cercana que acompaña el caminar de sus hijos y que, desde su fidelidad a Dios, conduce siempre al encuentro con Jesucristo.

La reflexión permitió poner en valor el sentido más profundo de una fiesta que no solamente conserva una tradición, sino que reúne a generaciones diferentes alrededor de una misma fe. La devoción a Nuestra Señora del Rosario continúa siendo para muchas familias de Hierro Viejo una herencia recibida de padres y abuelos y que hoy vuelve a transmitirse a niños y jóvenes.

Una alfombra de flores para recibir a la Virgen

Por la tarde llegó uno de los momentos más esperados. A las 16:00 horas, la imagen de Nuestra Señora del Rosario salió en procesión para recorrer las calles de Hierro Viejo, acompañada por cientos de fieles y por los bailes religiosos que continuaron expresando su devoción mediante la música y la danza.

Una vez más, fueron los propios vecinos y familias quienes se encargaron de preparar el recorrido para recibir el paso de la patrona. Entre estas expresiones destacó la tradicional alfombra de flores, elaborada con dedicación por la comunidad y que se ha transformado en uno de los signos más característicos de esta fiesta.

Flores, ornamentaciones y distintos gestos preparados a lo largo del recorrido dieron cuenta de una celebración que se construye comunitariamente y en la que cada familia, agrupación y servidor aporta desde sus propias posibilidades.

La procesión permitió nuevamente que la Virgen saliera al encuentro de su pueblo, recorriendo los lugares donde transcurre diariamente la vida de la comunidad. Familias completas esperaron y acompañaron su paso, renovando peticiones, agradecimientos y promesas que forman parte de la historia religiosa de Hierro Viejo.

Una tradición que permanece entre generaciones

La Fiesta de Nuestra Señora del Rosario volvió a poner de manifiesto la riqueza de la religiosidad popular presente en el Decanato de Petorca, territorio donde durante estas semanas distintas localidades se reúnen para celebrar a sus santos patronos y advocaciones marianas.

En el caso de Hierro Viejo, la celebración ha ido consolidándose como un importante momento de encuentro para la comunidad, donde la Eucaristía, el rezo del Rosario, los bailes religiosos, la procesión y el trabajo de los propios vecinos se unen para mantener viva una tradición profundamente arraigada en la identidad local.

La fiesta se desarrolló además pocos días después de la celebración de Nuestra Señora de la Merced en Petorca, dando continuidad a un período especialmente marcado por las manifestaciones de fe y devoción mariana en las comunidades del sector.

Con el regreso de la imagen de Nuestra Señora del Rosario y el término de la procesión, culminaron varios días de preparación y celebración. Quedó, sin embargo, la invitación a continuar viviendo durante el resto del año aquello que la fiesta permitió experimentar: una comunidad capaz de encontrarse, rezar unida, acompañarse y mantener viva la fe recibida de quienes caminaron antes.

Así, entre oraciones, flores, música y danza, Hierro Viejo volvió a celebrar a aquella que por generaciones ha acompañado la historia y la fe de sus familias.

Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros.

Diócesis de San Felipe participó en Congreso Nacional de Educación Católica

La Iglesia diocesana estuvo representada por la delegada episcopal para la Educación, Hna. Aurora Calderón, junto a integrantes de las comunidades educativas de los colegios Marie Poussepin, San José y Santa Clara.
Bajo el título “La Escuela sembradora de Esperanza”, el encuentro se constituyó en una instancia de formación, reflexión y actualización en torno a la vivencia pastoral dentro de las comunidades educativas, poniendo especial atención en la convivencia escolar y en los desafíos que actualmente enfrenta la educación católica.
Durante ambas jornadas, los participantes pudieron compartir experiencias y reflexionar sobre la importancia de construir ambientes educativos donde el encuentro, la escucha, el respeto y el cuidado de cada integrante de la comunidad sean también una expresión concreta de la misión evangelizadora de la escuela católica.
En este sentido, la participación de representantes de establecimientos pertenecientes al territorio diocesano permitió recoger nuevas herramientas y experiencias que podrán ser compartidas y fortalecidas en las respectivas comunidades educativas.
Educar también es sembrar esperanza
La Hna. Aurora Calderón valoró especialmente la oportunidad de encontrarse con educadores y agentes pastorales provenientes de distintas comunidades, destacando el llamado a comprender la educación como una tarea profundamente humana y evangelizadora.
Parte de sus palabras fueron:
“Hablar de una escuela sembradora de esperanza nos recuerda que nuestra tarea educativa va mucho más allá de entregar conocimientos. Cada día tenemos la posibilidad de acoger, escuchar y acompañar la vida de nuestros estudiantes. La convivencia escolar también es un espacio pastoral, porque es allí donde podemos enseñar con gestos concretos el respeto, la fraternidad y el cuidado del otro”.
Asimismo, destacó la importancia de que los aprendizajes obtenidos en este tipo de encuentros puedan volver a las comunidades y transformarse en acciones concretas.
“Regresamos a nuestra diócesis con el desafío de seguir fortaleciendo nuestras comunidades educativas y de preguntarnos cómo podemos ser, cada día, espacios donde nuestros niños y jóvenes encuentren acogida, sentido y esperanza”.
La participación en este Congreso se suma al trabajo que desarrolla la Delegación Episcopal para la Educación de la Diócesis de San Felipe, acompañando a las comunidades educativas y promoviendo espacios que permitan fortalecer la identidad y misión de la educación católica.
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