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Diócesis de San Felipe

Multitudinaria Fiesta de Nuestra Señora del Rosario reunió fe, tradición y religiosidad popular en Valle Hermoso

Cientos de fieles y peregrinos se congregaron en Valle Hermoso, comuna de La Ligua, para vivir la jornada central de la Fiesta Patronal de Nuestra Señora del Rosario. La celebración fue acompañada por el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, junto al párroco y vicario de pastoral, padre Claudio Acevedo López, en una jornada donde la Eucaristía, la procesión, los bailes religiosos y los tradicionales Bailes Chinos volvieron a expresar la profunda fe de esta comunidad.


Bajo el lema “Virgen María, renueva de esperanza a tu pueblo”, la comunidad de Valle Hermoso culminó este domingo 4 de octubre varios días de celebración en honor a Nuestra Señora del Rosario, reuniendo a cientos de fieles que llegaron desde distintos sectores para participar de una de las expresiones de fe y religiosidad popular más significativas de esta localidad de La Ligua.

La jornada fue el punto culminante de una fiesta que comenzó el 26 de septiembre y que, durante más de una semana, permitió reunir a la comunidad en torno a la oración y la Eucaristía, poniendo ante Dios diferentes realidades de la vida cotidiana: las familias, los adultos mayores, los jóvenes, las vocaciones, las instituciones, el mundo del trabajo, el cuidado de la creación y las necesidades del país.

La víspera del día principal estuvo marcada también por expresiones profundamente arraigadas en la tradición de Valle Hermoso, como el Rosario de la Aurora, la bendición de los niños, la Misa de los Bailes Religiosos y el Canto a lo Divino, preparando así el corazón de la comunidad para encontrarse nuevamente junto a su patrona.

Una fe llamada a cuidar la viña que Dios nos confía

Uno de los principales momentos del domingo fue la Misa Solemne de las 09:30 horas, presidida por el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, acompañado por el párroco de la comunidad y vicario de pastoral, padre Claudio Acevedo López.

Durante su homilía, el obispo recogió especialmente la imagen presentada en la primera lectura, tomada del libro del profeta Isaías (5,1-7): “La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel”.

A partir de esta Palabra, Mons. Gonzalo Bravo invitó a contemplar la vida como un don que Dios cuida, acompaña y confía a cada persona. Así como el dueño de la viña prepara la tierra, la protege y espera de ella buenos frutos, también Dios ha puesto en nuestras manos la propia existencia, la familia, la comunidad y los dones recibidos, esperando que sepamos cuidarlos y hacerlos fecundos.

En este sentido, la reflexión puso el acento en la pregunta por qué estamos haciendo con la vida que hemos recibido. La viña puede representar nuestra propia historia, pero también la familia, la comunidad cristiana y cada espacio donde estamos llamados a amar, servir y construir relaciones más fraternas.

El obispo invitó así a no reducir la fe solamente a los momentos de celebración, sino a permitir que el encuentro con Dios transforme la manera de vivir y relacionarnos con los demás. Cuidar la vida, especialmente la de quienes están a nuestro lado; acompañar al que atraviesa dificultades; reconciliarnos; servir sin buscar protagonismos y trabajar por el bien de la comunidad son también frutos que Dios espera de aquella viña que ha puesto bajo nuestro cuidado.

En el contexto de la fiesta patronal, la figura de Nuestra Señora del Rosario permitió también mirar a María como ejemplo de una vida que supo responder a Dios. Una mujer que acogió el don recibido y puso toda su existencia al servicio del proyecto de Dios, acompañando a Jesús y permaneciendo fiel incluso en los momentos más difíciles.

De esta manera, la Palabra proclamada encontró un eco especial en una comunidad que durante varios días se reunió para rezar y celebrar: la verdadera devoción a María debe conducir siempre a Jesucristo y ayudarnos a cuidar y valorar la vida que Dios nos ha confiado.

Bailes religiosos y Bailes Chinos acompañaron a la Virgen

La fiesta estuvo marcada además por una importante presencia de bailes religiosos, quienes con sus vestimentas, música y danzas dieron especial realce a los distintos momentos de la jornada.

Entre estas expresiones tuvieron una presencia significativa los tradicionales Bailes Chinos, profundamente vinculados a la religiosidad popular de la zona y cuya participación volvió a mostrar una manera de vivir y expresar la fe que se ha transmitido entre generaciones.

Cada danza, sonido y saludo realizado ante la Virgen se convirtió en una forma de oración y agradecimiento, integrándose a una celebración donde la piedad popular ocupa un lugar importante en la identidad religiosa y cultural de Valle Hermoso.

Por la tarde, a las 14:30 horas, comenzó uno de los momentos más esperados: la tradicional procesión de Nuestra Señora del Rosario.

Cientos de personas acompañaron la imagen de la Virgen por las calles del sector. Familias, peregrinos, comunidades y bailes religiosos caminaron juntos, transformando nuevamente las calles de Valle Hermoso en un espacio de oración y manifestación pública de la fe.

La multitudinaria participación volvió a mostrar el profundo vínculo que existe entre la comunidad y su patrona, una devoción que ha permanecido viva a través de las generaciones y que cada año vuelve a convocar a quienes viven en el sector y también a quienes regresan especialmente para participar de la fiesta.

Una celebración que moviliza a toda la localidad

La Fiesta de Nuestra Señora del Rosario tiene además una dimensión que alcanza a toda la vida comunitaria de Valle Hermoso.

Durante la jornada, junto a la presencia de peregrinos y visitantes, volvieron a instalarse los tradicionales puestos de venta de chalecos, ponchos, tejidos y artesanías, productos estrechamente ligados a la identidad de Valle Hermoso y a una actividad comercial que durante décadas ha caracterizado al sector.

La llegada de cientos de personas con motivo de la celebración patronal genera también un importante movimiento para comerciantes, artesanos y familias que encuentran en estos días una oportunidad para ofrecer los productos tradicionales de la localidad.

De esta manera, la fiesta vuelve a reunir dimensiones que forman parte de la propia historia del lugar: fe, religiosidad popular, tradición, artesanía, comercio y encuentro comunitario.

Agradecimiento por el trabajo de toda la comunidad

Al finalizar la celebración, el padre Claudio Acevedo López agradeció especialmente el compromiso de la comunidad y de todas las personas que trabajaron durante las semanas previas para preparar cada uno de los momentos de la fiesta patronal.

Asimismo, expresó su gratitud por la presencia de Mons. Gonzalo Bravo, quien acompañó a Valle Hermoso en esta significativa jornada, compartiendo la Eucaristía y el encuentro con sus fieles.

El párroco valoró también el apoyo y coordinación de las instituciones encargadas del orden y la seguridad, así como la colaboración de la Municipalidad, cuyo trabajo contribuyó a que una celebración de alta convocatoria pudiera desarrollarse adecuadamente y recibir a la gran cantidad de personas que llegaron hasta la localidad.

El agradecimiento se extendió a los bailes religiosos, servidores, voluntarios, familias, comerciantes y a todos quienes, desde diferentes tareas, hicieron posible una nueva versión de esta tradicional celebración.

Con el término de la procesión culminaron varios días de intensa vida pastoral y comunitaria. Quedaron las imágenes de una localidad repleta de peregrinos, del sonido característico de los Bailes Chinos, de los bailes religiosos danzando ante María y de cientos de personas caminando nuevamente detrás de Nuestra Señora del Rosario.

Para la Iglesia de la Diócesis de San Felipe, la celebración volvió a poner de manifiesto la riqueza de la religiosidad popular presente en el Decanato de Petorca y el valor de aquellas tradiciones que permiten transmitir la fe de una generación a otra.

Valle Hermoso cerró así una nueva fiesta patronal haciendo vida la petición que acompañó cada una de sus jornadas y que continúa resonando como una oración para toda la comunidad:

“Virgen María, renueva de esperanza a tu pueblo”.

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