La comunidad de Petorca celebró este domingo 27 de septiembre su Fiesta Patronal de Nuestra Señora de la Merced. La jornada estuvo marcada por la Misa Patronal y la tradicional procesión por las calles de la ciudad, acompañada durante todo su recorrido por el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, sacerdotes, bailes religiosos y numerosos fieles provenientes de distintos puntos de la región.
Una jornada de profunda fe, tradición y encuentro comunitario vivió este domingo 27 de septiembre la ciudad de Petorca, con la celebración del día central de la Fiesta Patronal de Nuestra Señora de la Merced, una de las expresiones de religiosidad popular más arraigadas de este territorio de la Diócesis de San Felipe.
Desde temprano, la comunidad parroquial comenzó a congregarse para honrar a su patrona. A las 11:00 horas se celebró la Misa Patronal, presidida por el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, acompañado por sacerdotes y fieles que se sumaron a esta celebración.
La Eucaristía permitió poner en el centro el verdadero sentido de la fiesta: agradecer a Dios por el don de María y reconocer en Nuestra Señora de la Merced a una Madre que acompaña la vida de su pueblo y conduce siempre al encuentro con Jesucristo.
Uno de los momentos más esperados llegó durante la tarde con la tradicional procesión. Este año, la salida fue adelantada respecto de su horario habitual, comenzando a las 14:00 horas, con el propósito de favorecer los tiempos del recorrido y permitir que las diferentes expresiones de la fiesta pudieran desarrollarse de mejor manera. Esta modificación permitió que cerca de las 18:30 horas la extensa jornada ya estuviera llegando a su culmen.
Desde el templo de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, la imagen de la Virgen salió nuevamente al encuentro de su pueblo para recorrer las calles de Petorca. Mons. Gonzalo Bravo acompañó todo el trayecto caminando junto a los fieles, al igual que el párroco, padre Ricardo Gómez Herrera, y sacerdotes diocesanos, entre ellos el padre Juan Cortés y el padre Omar Orellana.
A ellos se sumaron las distintas agrupaciones de bailes religiosos, que con su música, danza y oración fueron expresando durante el recorrido su particular manera de venerar a la Madre de la Merced.
La fiesta volvió a convocar no solamente a la comunidad local, sino también a fieles y devotos provenientes de distintos puntos de la región, quienes cada año llegan hasta Petorca para participar de esta centenaria manifestación de fe.
Las propias calles dieron cuenta del cariño de la comunidad hacia la Virgen. Vecinos y familias prepararon altares, flores y diferentes ornamentaciones para recibir su paso. Especialmente significativa fue, una vez más, la tradicional alfombra de flores, elaborada con pétalos de dedal de oro y otras especies, convirtiéndose en una expresión comunitaria de amor y gratitud.
Con más de dos siglos de historia, la Fiesta de Nuestra Señora de la Merced forma parte de la identidad religiosa y cultural de Petorca. A través de generaciones, la devoción mariana ha acompañado la vida de este valle y de sus familias, vinculándose también a las súplicas y acciones de gracias por la tierra, las cosechas y las lluvias.
Al concluir esta nueva edición de la fiesta, la comunidad parroquial agradeció especialmente la participación de los numerosos fieles que llegaron desde diferentes lugares de la región, así como la entrega y presencia de los bailes religiosos que participaron este año. El agradecimiento se extendió también a los sacerdotes que acompañaron la celebración y a Mons. Gonzalo Bravo, quien compartió con la comunidad tanto la Misa Patronal como todo el recorrido procesional.
Para la Iglesia de la Diócesis de San Felipe, la jornada volvió a mostrar la fuerza evangelizadora de una religiosidad popular que reúne generaciones, atraviesa las calles y transforma a toda una comunidad en espacio de encuentro y oración.
Petorca volvió a caminar junto a la Madre de la Merced, renovando una tradición que permanece viva porque continúa transmitiéndose de generación en generación y que invita a transformar el cariño a María en una fe capaz de encontrarse con Cristo y ponerse al servicio de los demás.