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Diócesis de San Felipe

San Felipe celebró a Nuestra Señora de la Merced: una Madre que permanece fiel y conduce hacia Cristo

La Eucaristía Solemne, presidida por Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, reunió este jueves 24 de septiembre a la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de San Felipe. La celebración estuvo marcada por la renovación de la consagración de las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento y de la Fraternidad Laical Mercedaria.


Con profundo fervor mariano, este jueves 24 de septiembre, la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced de San Felipe se reunió para celebrar la Eucaristía Solemne en honor a su patrona, en una jornada que permitió agradecer a Dios por el testimonio de María y renovar el llamado a vivir la fe desde el servicio y la entrega a los demás.

La celebración de Nuestra Señora de la Merced tiene un significado especial para la Diócesis de San Felipe, territorio donde la devoción mariana se encuentra profundamente arraigada y donde la espiritualidad mercedaria mantiene una presencia activa a través de comunidades presentes en los tres decanatos.

En San Felipe, esta historia continúa especialmente ligada a la comunidad parroquial mercedaria y a la presencia de los frailes de la Orden de la Merced, quienes mantienen vivo un carisma que encuentra en la libertad, la misericordia y el servicio a quienes experimentan distintas formas de cautividad una expresión concreta del Evangelio.

A las 19:00 horas comenzó la Eucaristía Solemne, presidida por el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, y concelebrada por el párroco de la comunidad, fray Edgardo Arriagada, congregando a numerosos fieles que llegaron para celebrar a quien cariñosamente reconocen como la “Madre Blanca de la Merced”.

María, una Madre que permaneció fiel

Durante su homilía, Mons. Gonzalo Bravo centró su reflexión en la figura de María como mujer, discípula y madre que permaneció fiel a la voluntad de Dios incluso en medio del dolor.

El obispo recordó que la vida de la Virgen no estuvo exenta de dificultades. Como madre conoció la incertidumbre, el sufrimiento y finalmente contempló el dolor de su propio Hijo en la cruz. Sin embargo, incluso frente a experiencias capaces de estremecer el corazón de cualquier madre, María permaneció firme, confiando en Dios aun cuando no podía comprender plenamente lo que estaba sucediendo.

Desde esa experiencia, destacó el testimonio que María ofrece también a los cristianos de hoy: una fe que no depende únicamente de los momentos favorables, sino que aprende a permanecer, confiar y ponerse nuevamente en las manos de Dios cuando llegan las dificultades.

Celebrar a Nuestra Señora de la Merced se convirtió así en una invitación a mirar a María no solo desde la devoción, sino también como ejemplo concreto de una vida disponible para Dios y para los demás. Una Madre que acompaña, permanece junto a sus hijos y conduce siempre hacia Jesucristo.

Renovar la vocación desde el carisma mercedario

Uno de los momentos significativos de la celebración estuvo protagonizado por la comunidad de las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento de Santa María, quienes realizaron su consagración a María, renovando desde su vocación religiosa la entrega que viven bajo el carisma de la Merced.

Posteriormente fue el turno de la Fraternidad Laical Mercedaria, comunidad integrada por mujeres que, desde su condición laical, buscan hacer presente la espiritualidad mercedaria mediante distintas acciones de servicio y acompañamiento, especialmente hacia quienes atraviesan situaciones de necesidad.

Durante este momento, una de sus integrantes compartió una reseña sobre el caminar de la fraternidad y el trabajo que desarrollan, dando cuenta de cómo el carisma mercedario continúa expresándose no solamente dentro del templo, sino también allí donde existen personas que necesitan cercanía, escucha, solidaridad y esperanza.

La celebración permitió así reconocer las distintas vocaciones que forman parte de una misma familia espiritual: religiosos, religiosas, laicos y fieles que encuentran en María de la Merced una inspiración para seguir a Cristo y servir a los hermanos.

Al concluir esta Eucaristía Solemne, quedó también renovada una invitación para toda la comunidad: hacer de la devoción a María una fe que se transforme en servicio. Porque honrar a la Madre de la Merced significa también aprender de su disponibilidad, permanecer junto a quienes sufren y reconocer las nuevas formas de cautividad que necesitan de una Iglesia cercana y misericordiosa.

En una diócesis profundamente marcada por la devoción mariana, la celebración de este 24 de septiembre volvió a recordar que María camina junto a su pueblo, sostiene su esperanza y, como Madre, continúa señalando el camino que conduce hacia su Hijo Jesucristo.

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