Con entusiasmo, espíritu de servicio y profunda vivencia de fe, los jóvenes de Confirmación de segundo año de la Parroquia Santa Rosa de Los Andes iniciaron un caminar y disposición a la Misión de llevar a Jesucristo a las periferias sociales más vulnerables, una experiencia pastoral que busca fortalecer su camino hacia el Sacramento de la Confirmación desde la vida concreta y el encuentro con los demás.
Durante tres días consecutivos de la última semana de enero, los jóvenes visitaron la Casa Belén, residencia de acogida perteneciente al Obispado de San Felipe, donde actualmente viven 18 niñas entre los 5 y 14 años aproximadamente. En este espacio, los misioneros compartieron jornadas matinales marcadas por la alegría, la cercanía y el espíritu fraterno, desarrollando actividades como alabanzas, cantos, juegos y talleres de manualidades, generando momentos de encuentro significativo con las niñas y el equipo formador.
Las misiones son instancias voluntarias que permiten a los jóvenes en proceso de Confirmación vivir el Evangelio desde el servicio y la entrega. En este sentido, la experiencia no solo se proyecta como una acción solidaria puntual, sino como el inicio de un compromiso permanente: la comunidad de jóvenes espera poder acompañar periódicamente a Casa Belén, al menos una vez al mes durante tres días, fortaleciendo un vínculo comunitario que permita compartir vida, fe y esperanza.
Los catequistas destacaron esta instancia como un elemento fundamental dentro del proceso formativo, subrayando que la preparación al sacramento no solo se vive desde la escucha y la catequesis, sino también desde el compromiso concreto con las realidades más vulnerables, donde el Evangelio se hace vida a través del servicio y la fraternidad.
Finalmente, la comunidad de Confirmación agradeció a la administración y dirección de Casa Belén por la acogida y disposición para abrir sus puertas a esta experiencia misionera, que acerca realidades, genera vínculos y permite a los jóvenes crecer en sensibilidad social y espiritualidad, haciendo de su proceso de fe un camino verdaderamente encarnado en la vida comunitaria.









