Comunidades, agentes pastorales y representantes de instituciones educativas participaron en una jornada de encuentro y proyección del compromiso social de la Iglesia en el territorio decanal.
Con el propósito de fortalecer el compromiso social y pastoral de las comunidades, este miércoles 20 de mayo pasado se realizó un encuentro entre agentes pastorales del Decanato de San Felipe y el equipo de la Delegación de Pastoral Social de la Diócesis de San Felipe.
La jornada reunió a representantes de distintas parroquias, movimientos y servicios pastorales del decanato, quienes reflexionaron y dialogaron en torno a las diversas acciones sociales, campañas solidarias y proyectos que actualmente se están desarrollando en las comunidades del territorio.
El encuentro tuvo como principal objetivo presentar el trabajo que impulsa la Pastoral Social en este tiempo pastoral, especialmente las iniciativas vinculadas a la campaña de Cuaresma y otras acciones de acompañamiento a personas y familias en situación de vulnerabilidad.
Asimismo, se motivó a las comunidades a fortalecer una verdadera red de acción social y pastoral al servicio de los hermanos más excluidos, promoviendo un trabajo conjunto y articulado entre las parroquias, dejando atrás iniciativas aisladas para avanzar hacia una misión más comunitaria, organizada y comprometida con las realidades del territorio.
La jornada comenzó con un momento de Adoración al Santísimo Sacramento, presidido por el padre Francisco Plaza, decano de San Felipe, quien animó a los presentes a asumir con generosidad y compromiso activo el llamado de la Iglesia a servir a quienes más necesitan acompañamiento y cercanía.
Durante su reflexión, el sacerdote destacó la importancia de vivir la fe desde gestos concretos de fraternidad y servicio, promoviendo comunidades que salgan al encuentro de las necesidades humanas y espirituales presentes en la sociedad.
En este encuentro también participaron jóvenes del AIEP San Felipe, estudiantes de la Universidad de Valparaíso y representantes de CEVAS San Felipe, quienes manifestaron su disposición y compromiso para colaborar en las diversas acciones sociopastorales impulsadas por el decanato.
Asimismo, la jornada contó con la presencia del administrador de bienes del Obispado de San Felipe, quien acompañó este espacio valorando el trabajo que realizan las comunidades y agentes pastorales en favor de quienes más necesitan apoyo, cercanía y acompañamiento, destacando la importancia de seguir fortaleciendo iniciativas solidarias que expresen concretamente el rostro misericordioso de la Iglesia.
Como diócesis, este tipo de encuentros continúa fortaleciendo el caminar conjunto entre las comunidades y reafirma el compromiso pastoral de seguir construyendo una Iglesia cercana, servidora y comprometida con la dignidad de cada persona.
La jornada reunió a agentes pastorales y voluntarios de los decanatos de San Felipe y Los Andes, quienes reflexionaron sobre el liderazgo cristiano inspirado en el servicio de Jesús, fortaleciendo así el acompañamiento y la formación permanente en la labor social de la Iglesia diocesana.
En el marco del programa de formación y autocuidado impulsado para este año 2026, la Delegación de Pastoral Social de la Diócesis de San Felipe llevó a cabo el pasado lunes 18 de mayo una nueva jornada formativa dirigida a agentes pastorales y voluntarios de los distintos servicios que integran esta área pastoral.
La actividad, titulada “El liderazgo de la toalla”, abordó el tema del servicio con excelencia al estilo de Jesús, profundizando en la diferencia entre un liderazgo basado en el servicio y uno centrado en el poder, invitando a los participantes a reflexionar sobre el llamado cristiano a servir desde la humildad, la cercanía y el compromiso con los demás.
La jornada contó con la participación de representantes de diversos servicios pastorales pertenecientes a los decanatos de San Felipe y Los Andes, quienes valoraron positivamente este espacio de encuentro, aprendizaje y fortalecimiento comunitario.
Desde la organización destacaron la buena asistencia de voluntarios y agentes pastorales, así como también la positiva recepción que ha tenido la propuesta de formación constante impulsada por la Delegación de Pastoral Social durante este año.
Marcela Pérez, delegada de Pastoral Social, agradeció especialmente la participación y el esfuerzo realizado por las comunidades para organizarse y ser parte de esta instancia formativa.
“Valoramos profundamente el compromiso de cada voluntario y agente pastoral que dedica tiempo a seguir formándose y creciendo en su servicio a los demás. Estas jornadas buscan acompañar, fortalecer y cuidar a quienes diariamente entregan su tiempo y vocación al servicio de las comunidades”, expresó.
Por su parte, Patricio González, integrante de la Pastoral Social de Santa Rosa, manifestó su gratitud por este tipo de espacios, señalando que “estas instancias vienen a fortalecer, formar y acompañar la labor que realiza cada voluntario desde las distintas realidades y servicios pastorales”.
La Delegación de Pastoral Social continuará desarrollando durante el año nuevas instancias de formación, acompañamiento y autocuidado, reafirmando así su compromiso con el crecimiento humano, espiritual y pastoral de quienes sirven en las diversas comunidades de la diócesis.
Con motivo del 135.º aniversario de la «Rerum novarum», el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, «Magnifica humanitas», sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial. El llamamiento a custodiar «una magnífica humanidad habitada por Dios», promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo.
«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, «sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial»— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada hoy, lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. Y de su predecesor, el papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial.
Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» (4), ni «un mal en sí misma» (9). Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» (16).
La Doctrina Social de la Iglesia es teología de la comunión
El primer capítulo —Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio— repasa la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en el magisterio reciente y en el Concilio Vaticano II, poniendo de relieve «su carácter dinámico» (17). Lejos de ser «un manual de principios y normas que aplicar», la DSI es más bien «un camino de discernimiento comunitario», una «teología de la comunión en la historia» (27) que orienta la lectura de los acontecimientos a la luz del Evangelio. León XIV recuerda el pensamiento de sus predecesores: desde Pío XII —el primero en emplear la expresión «Doctrina social de la Iglesia» en la exhortación apostólica Menti nostrae de 1950— hasta el Papa Francisco, pasando naturalmente por la Rerum novarum de 1891, definida como «hito en la evolución del magisterio social» (30). En sus respectivas épocas, cada sucesor de Pedro «ha puesto de relieve diferentes aspectos de un único patrimonio: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, la destinación universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad» (45).
Proteger la dignidad humana: la persona no es un recurso que se pueda explotar
En el segundo capítulo, León XIV enumera los Fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia: entre los primeros, incluye la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Es necesario recordarlo, ya que «la presión de nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos» puede reducir a la persona a «un recurso que se usa y se explota» o a «lo que realiza o produce» (51). Por el contrario, «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada» (53). Un segundo fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia es la inviolabilidad de los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida «desde la concepción hasta su final natural»: a este respecto, León XIV define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como «decisiones gravemente ilícitas» (55). El tercer fundamento es el reconocimiento de los derechos de las minorías, con especial atención a las mujeres: en su favor, el Pontífice pide «decisiones concretas» en las leyes, en el trabajo, en la educación, en las responsabilidades sociales y políticas, para que sean verdaderamente escuchadas y valoradas (57).
Es inmoral e inaceptable eliminar o someter a una nación
En cuanto a los principios de la DSI, León XIV señala cinco: el primero es el bien común, «forma social de la dignidad reconocida a cada uno» (59). En un punto el Papa es particularmente firme: «La promoción del bien común no puede separarse nunca del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con su originalidad a la familia de las naciones». En consecuencia, «cualquier intento o proyecto de eliminar o someter a una nación es gravemente inmoral y, por tanto, inaceptable» (64).
La tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos
El segundo principio se refiere a la destinación universal de los bienes: aquí y en otros puntos de la encíclica, León XIV insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital (67). De ello se derivan el tercer y el cuarto principio, a saber, la subsidiariedad (68) —que exige superar el paternalismo y el asistencialismo en favor de la corresponsabilidad— y la solidaridad (73), «principio y virtud» que se opone a la indiferencia y tiene en cuenta a los pueblos y a las generaciones futuras.
La justicia social y la «prueba de fuego» de los migrantes
El quinto principio de la DSI señalado por el Papa es la justicia social: en la era digital, debe garantizar a todos un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los más frágiles, combatir el odio y la desinformación, someter a control público el uso de los datos y las tecnologías, «de modo que el criterio no sea solo el lucro, sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos» (80). León XIV señala en los migrantes, los refugiados y los desplazados un «banco de pruebas decisivo» en este ámbito: la forma en que la sociedad los trata demuestra «si la idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad». De ahí el llamamiento tanto a custodiar «el derecho a la esperanza» de quienes se ven obligados a partir, garantizándoles vías seguras y legales, una acogida digna y la integración; como a promover «el derecho a quedarse» de cada uno en su propia tierra en paz y seguridad, abordando «las causas profundas» de las migraciones (81).
Los abusos y el examen de conciencia para la Iglesia
El Pontífice entiende que los cinco principios mencionados están dirigidos no solo a la sociedad, sino también a la Iglesia, llamada a «un examen de conciencia»: el Papa exhorta a «depurar las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que producen desigualdades, opacidad y prevaricaciones». La invitación es a escuchar a las «víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia», ya que ello «forma parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención» (89).
Se necesita un código ético compartido sobre la IA
El tercer capítulo —Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA— entra en el meollo del tema de la inteligencia artificial. León XIV advierte contra el «paradigma tecnocrático» ya denunciado por Francisco y por el cual toda elección viene dictada exclusivamente por parámetros de eficiencia y beneficio (92). Por el contrario, la tecnología más potente no es necesariamente la mejor: la IA puede imitar y simular al hombre, pero no posee conciencia moral, empatía, capacidad afectiva, relacional ni espiritual. Por lo tanto, es necesario abordar la IA con sobriedad y vigilancia, manteniendo la claridad sobre las responsabilidades de todas sus etapas (accountability) y apostando por políticas y marcos jurídicos adecuados, una supervisión independiente y la educación de los usuarios. Sobre todo, se necesita un código ético sometido a criterios de justicia social compartida, porque «no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos» (107). Sin dejar de lado el impacto ambiental de las nuevas tecnologías, que requieren grandes cantidades de energía y agua, afectando a las emisiones de dióxido de carbono y dañando la Creación (101).
Desarmar la IA y sustraerla de la lógica competitiva
Hay que «desarmar la IA» —insiste León XIV— para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano. Esta tarea es ética, técnica y ecológica porque la IA «ya es el entorno en el que estamos inmersos y el poder con el que debemos contar» (110). Se dedica un amplio espacio a la crítica del transhumanismo y del poshumanismo, que interpretan el progreso como la superación de los límites de lo humano. En cambio, el límite no es un defecto que haya que eliminar, sino una dimensión constitutiva de la persona, porque «el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite» (118), reconociendo en la fragilidad y en la finitud lugares en los que maduran la relación, el cuidado y la apertura a Dios y al otro.
Que el progreso de la técnica no haga retroceder el corazón
Hay mucho en juego: hacer crecer la técnica eliminando los límites de lo humano significa, de hecho, hacer retroceder el corazón. Magnífica y, sin embargo, herida, la humanidad «no debe ser sustituida ni superada». La tecnología puede aliviar sus sufrimientos y abrirle nuevas posibilidades, pero no debe negarla en lo que le es propio: «la capacidad de relación y de amor» (126). Ante la IA, la verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos formas de construir el progreso: al servicio de la persona y de los pueblos o de las lógicas de poder (129). Una elección que nos concierne a todos: «la construcción de Babel o la de Jerusalén», las dos «ciudades» del hombre y de Dios señaladas también por san Agustín (130), comienza por cada uno.
Ecología de la comunicación y centralidad de la escuela
En el cuarto capítulo – Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad — la encíclica considera la verdad como un bien común y un elemento esencial de la democracia. En el entorno digital, la verdad debe plasmarse en una «ecología de la comunicación» para que la cultura generada por la web no se convierta en un instrumento de «homologación y dominio», sino en un espacio de maduración para la «libertad interior y el pensamiento crítico» (136-137). El Papa señala algunos instrumentos: transparencia en los criterios de selección de contenidos, protección de los datos personales, un periodismo serio basado en la argumentación y la verificación, una nueva conciencia en el uso «correcto y crítico» de la IA, la integración de los conocimientos. También se exige a la Iglesia una comunicación transparente y leal, sobre todo en los casos de injusticias y abusos. Es fundamental, en la encíclica, el llamamiento a una alianza educativa renovada para que en los jóvenes no se apague «el deseo de hacer preguntas» a causa de máquinas perfectas que hacen parecer inútil el pensamiento humano. «Debemos educarnos en el ayuno de la IA» (140), subraya León XIV, eliminando las desigualdades en el acceso a la educación y apostando por la escuela como lugar donde se aprende a «buscar y amar la verdad» (143) y se enseña lo que lo digital no puede dar: «tiempo compartido para aprender y relaciones fiables» (147).
El trabajo debe centrarse en la persona, no en el beneficio
En la «cuarta revolución industrial» que representa la transición digital, el Pontífice destaca la importancia de proteger la dignidad y el valor del trabajo: «Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores», explica, ya que la tecnología puede descalificar a los trabajadores, relegarlos a funciones marginales y someterlos a una vigilancia automatizada (150). Por el contrario, es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento, porque la tecnología puede sin duda liberar al hombre de tareas pesadas o repetitivas, pero no debe conducir en absoluto al desempleo en nombre de la reducción de costes y el aumento de los beneficios. En un escenario en el que se perfilan mayores niveles de pobreza y desigualdad, provocados por sistemas automatizados que han sustituido al hombre, el Pontífice aboga también por una renovación de las organizaciones sindicales (155).
El desarrollo no se mide solo en términos de PIB
La transformación digital debe gestionarse de antemano mediante criterios sociales estables, formación accesible y continua para los trabajadores y responsabilidad empresarial. El Pontífice señala, además, la necesidad de superar el PIB como parámetro del grado de desarrollo de un país, apostando en su lugar por la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducción de las desigualdades y la protección del medio ambiente. La financiación por la financiación es, de hecho, diferente de la financiación para el desarrollo (159-160). Y, siguiendo la estela de San Pablo VI, se subraya la interdependencia entre paz y desarrollo, abogando por una cooperación internacional capaz de definir estrategias comunes «sobre todo en favor de los países y los grupos más vulnerables», porque la prosperidad contribuye a la paz «solo si es generalizada, inclusiva y sostenible» (163).
La familia, bien social primario
En la encíclica destaca, además, la referencia a la familia, fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer: es «bien social primario», «célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria» (165) que debe apoyarse también mediante políticas laborales que favorezcan la estabilidad y ritmos humanos, de modo que se garantice el justo equilibrio de vida y se proteja esa «capacidad de construir el futuro» que hace generativa a la sociedad.
La «arquitectura de la visibilidad» y los riesgos para la libertad
Por último, el tema de la libertad humana, que hay que proteger contra la dependencia y la mercantilización: en una época en la que las plataformas digitales están diseñadas para acaparar el tiempo de los usuarios y explotar sus fragilidades, es urgente reforzar la libertad interior de cada uno y hacer frente al riesgo del control social derivado de la recopilación masiva de datos y del uso de sistemas algorítmicos. Perfilar, predecir y orientar los comportamientos es, de hecho, «un poder nuevo» (171) que corre el riesgo de discriminar a los más débiles. El Papa deplora, en particular, la «arquitectura de la visibilidad» que premia y amplifica solo lo que es visible, moldeando opiniones y generando conformismo.
Nuevas formas de esclavitud y nuevo colonialismo
La IA genera nuevas formas de esclavitud, como la de los «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» (173) de quienes trabajan en la extracción de las «tierras raras» necesarias para la tecnología. Por ello, la lucha contra las nuevas formas de esclavitud es otra «prueba decisiva para el discernimiento ético» de la transformación digital. A este respecto, León XIV subraya que «la Iglesia renueva su firme condena contra toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas» y reitera que no reaccionar o tolerar estas «graves violaciones de la dignidad humana» significa, de hecho, «hacerse cómplice» (174). Al mismo tiempo, el Papa pide «sinceramente perdón» por el retraso con el que la Iglesia, en el pasado, condenó «el flagelo de la esclavitud». La encíclica se refiere también a las «nuevas tierras raras del poder», es decir, la información vital —por ejemplo, sobre salud y demografía— utilizada para orientar las estrategias económicas. Se trata, explica el Pontífice, de una faceta inédita del colonialismo que se apropia de los datos y transforma las vidas personales en información explotable, convirtiendo el entorno digital en un «espacio de depredación» (178-179).
Superar la teoría de la «guerra justa»
En el quinto y último capítulo —La cultura del poder y la civilización del amor—, León XIV dirige su mirada hacia la guerra: «La revolución digital está modificando la gramática de los conflictos» y, sin un enfoque ético, las decisiones sobre la vida y la muerte de las personas serán cada vez más impersonales, considerándose el recurso a la fuerza como una «opción inmediata y viable» (182-183) . En la base de todo hay una «cultura del poder» que normaliza la guerra y la rehabilita como «instrumento de política internacional», favoreciendo el rearme. Sobre la opinión pública, que en el pasado veía la beligerancia solo como extrema ratio, hoy pesan también las narrativas mediáticas polarizantes, así como «una preocupante pérdida de memoria histórica» que nos priva de una visión a largo plazo (191). En consecuencia, hoy la paz ya no se entiende como una tarea que hay que asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos. Por ello, León XIV reitera que —sin perjuicio del derecho a la legítima defensa en su sentido más estricto— es necesario superar la teoría de la «guerra justa», promoviendo más bien el diálogo, la diplomacia y el perdón (192).
Ningún algoritmo hace que la guerra sea moralmente aceptable
El Papa Prevost no deja de lamentar el crecimiento de la industria bélica, la carrera armamentística nuclear y la aparición de nuevos actores armados —entre ellos los yihadistas— que pretenden perpetuar los conflictos como fuente de poder y de ingresos. Es contundente, además, la advertencia contra el uso de armas relacionadas con la IA, ya que «no existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable»; es más: la tecnología «no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad, solo puede hacerlo más rápido e impersonal, rebajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia es inevitable y solo hay que optimizarla» (198). Por lo tanto, se necesitan restricciones éticas rigurosas, compartidas a nivel internacional, basadas en la responsabilidad personal y en la protección de los civiles, porque «toda tecnología que facilite atacar sin ver el rostro del otro rebaja el umbral moral del conflicto» (199).
La crisis del multilateralismo
La cultura del poder surge también de la crisis del multilateralismo y del surgimiento de un «multipolarismo desordenado y conflictivo» en el que prevalece la desconfianza hacia el otro (201). La fuerza del derecho se sustituye por el derecho del más fuerte; las lógicas del poder prevalecen sobre la construcción de la paz, relegada a un segundo plano, y las instituciones creadas para custodiar el destino común de los pueblos se encuentran ahora debilitadas, sin que se reconozca su autoridad moral. A este respecto, el Papa auspicia para la ONU y para el sistema político internacional «reformas profundas» que superen la actual crisis de valores en favor del verdadero bien común (226).
Una Realpolitik irresponsable
Hoy, prosigue la encíclica, se libran guerras «híbridas» que abarcan los ámbitos económico, financiero e informático, aprovechando la desinformación y el miedo para influir en la opinión pública y presentar el aumento del gasto militar como la «única respuesta» a un futuro incierto. Pero todo esto no es más que un «falso realismo», una irresponsable Realpolitik que siembra en las conciencias y en las culturas la resignación ante una guerra ineludible y califica la paz de utopía (204-205). Sin excluir que, para algunos, el conflicto armado podría ser un instrumento de «gestión cínica» de las dificultades, así como una forma de desviar la atención de los problemas internos (208).
La civilización del amor
El cristiano está llamado a responder a esta cultura del poder construyendo «la civilización del amor»: la gracia, de hecho, no elimina el conflicto como por arte de magia, sino que genera «una resistencia activa al mal y una sorprendente creatividad en el bien» (211). Cada uno, en su ámbito de acción, está llamado a elegir entre alimentar la lógica de la fuerza o custodiar la paz, frenando la deshumanización con pequeños actos de fidelidad y tenacidad. El Papa señala cinco «vías de responsabilidad»: desarmar las palabras diciendo la verdad; construir la paz en la justicia; asumir la mirada de las víctimas tomando posición, porque hay conflictos en los que «no es justo permanecer neutrales». Los ataques contra civiles, hospitales e infraestructuras hieren a la propia humanidad y no pueden quedar relegados al ámbito del análisis abstracto. Por el contrario, hay que dar voz a las víctimas para «tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra» la guerra y toda violencia (217). Y aún más: el Papa exhorta a cultivar «un sano realismo» que busque vías de paz viables con hechos, no solo con palabras.
No utilizar el nombre de Dios para legitimar la guerra
Por último, relanzar el diálogo pasando de una cultura del poder a una cultura de la negociación. También es decisivo «el diálogo entre las religiones», portador de un mensaje de paz. «Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra, traiciona su rostro —advierte León XIV—: luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la propia religión» (223). Por su parte, la diplomacia de la Santa Sede utiliza «el principio evangélico de la misericordia» como criterio concreto de la acción política. De ahí deriva la exhortación a la oración, porque la paz proviene ante todo de Dios (227-228).
La magnífica humanidad
Al concluir la carta, el Pontífice invita a los fieles a vivir las nuevas tecnologías a la luz del Evangelio, siguiendo «un itinerario de vida cristiana sobrio y exigente», para que, incluso en la era de la IA, todos puedan dar testimonio de «la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».
En un ambiente de profunda fe, comunión y espíritu de servicio, la Delegación Episcopal para las Familias de la Diócesis de San Felipe participó en la bendición y envío de los nuevos coordinadores diocesanos y de los nuevos encargados de la Rama de Familias del Movimiento Apostólico de Schoenstatt.
La celebración marcó un significativo momento para la vida pastoral y comunitaria del movimiento, donde se encomendó al Señor y a la Mater la misión que asumirán quienes comienzan este nuevo servicio al interior de la Iglesia y especialmente en el acompañamiento de las familias.
Durante este encuentro, se agradeció de manera especial la entrega y dedicación de quienes culminan su periodo de servicio como coordinadores diocesanos, Carolina Schlapler y Ricardo Oyarzún, así como también de Marisela Fernández e Iván Gutiérrez, quienes hasta ahora desempeñaban la misión como encargados de la Rama de Familias.
En esta nueva etapa, asumirán como coordinadores diocesanos del Movimiento Apostólico de Schoenstatt Marisela Fernández e Iván Gutiérrez, mientras que Claudia Pardo y Renzo Farías serán los nuevos encargados de la Rama de Familias.
Desde la Delegación Episcopal para las Familias expresaron su alegría por participar de este significativo momento eclesial, valorando especialmente este espacio de encuentro fraterno, oración y compromiso pastoral, que fortalece el trabajo conjunto en favor de las familias de nuestra diócesis.
Asimismo, se destacó la importancia de seguir promoviendo instancias que animen la vida familiar y fortalezcan el acompañamiento pastoral, reconociendo el valioso aporte que realizan movimientos y comunidades en la misión evangelizadora de la Iglesia.
Finalmente, se elevó una oración por quienes hoy reciben esta nueva responsabilidad, para que, guiados por el Espíritu Santo y acompañados por María, puedan servir con alegría, fidelidad y generosidad a las familias y comunidades que les serán confiadas.
🙏🔥 En un ambiente de fraternidad, comunión y trabajo pastoral, la delegación episcopal para la familia realizó una reunión en el Decanato de Petorca junto al vicario pastoral de la diócesis, padre Claudio Acevedo López, y representantes de movimientos, comunidades y pastorales, con el objetivo de coordinar y preparar la próxima Peregrinación de Pentecostés.
⛪ Durante el encuentro se dialogó sobre la importancia de vivir Pentecostés como un verdadero signo de unidad, fe y esperanza para nuestras familias y comunidades, animando especialmente la participación de niños, jóvenes y adultos en esta gran fiesta de la Iglesia.
🤝 Asimismo, la jornada permitió fortalecer el trabajo colaborativo entre las distintas realidades pastorales del decanato, reafirmando el llamado a caminar juntos como Iglesia viva y misionera.
🙏 Agradecemos la disposición, compromiso y espíritu de servicio de todos quienes participaron en esta instancia de preparación, confiando en que Pentecostés será un momento de profundo encuentro con el Espíritu Santo y de renovación para nuestras comunidades.
Ricardo Fernández Alarcón recibió el ministerio diaconal en una emotiva celebración realizada en la parroquia Inmaculada Concepción de Santa María.
Con profunda alegría y esperanza, la Diócesis de San Felipe celebró este domingo 17 de mayo la ordenación diaconal de Ricardo Fernández Alarcón, quien recibió el ministerio del diaconado permanente en una solemne Eucaristía realizada en el templo parroquial Inmaculada Concepción de la comuna de Santa María.
La celebración comenzó a las 16:00 horas y congregó a una gran cantidad de fieles, llenando completamente el templo parroquial. Hasta el lugar llegaron miembros de la comunidad de Santa María, amistades, cercanos y especialmente familiares del nuevo diácono, quienes quisieron acompañarlo en este importante momento de su vida y vocación.
La ordenación fue presidida por nuestro obispo diocesano, monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, acompañado por sacerdotes de la diócesis y numerosos diáconos permanentes que se hicieron presentes para acompañar este significativo acontecimiento para la Iglesia diocesana.
Durante su homilía, y a la luz de las lecturas de la solemnidad de la Ascensión del Señor, el obispo invitó a Ricardo a vivir este ministerio con profunda convicción, animándolo a servir con humildad, cercanía y la ternura propia de Cristo servidor.
“Entrégate por completo al Señor y a su pueblo”, expresó el pastor diocesano, recordando que el ministerio diaconal es un llamado al servicio generoso, especialmente hacia quienes más necesitan del amor y acompañamiento de la Iglesia.
Durante la celebración se vivieron los ritos propios de la ordenación diaconal, entre ellos la presentación del candidato por parte del director de la Escuela del Diaconado Permanente, padre Sergio Barahona; el compromiso de obediencia al obispo; la postración durante las letanías de los santos; la imposición de manos y la oración consecratoria realizada por el obispo, además de la posterior investidura con la estola y la dalmática, signos visibles del ministerio recibido.
El camino vocacional de Ricardo Fernández ha estado marcado por la perseverancia, la fe y la esperanza. Tras iniciar años atrás su proceso formativo junto a una generación anterior de aspirantes —quienes fueron ordenados diáconos en 2017—, debió interrumpir la etapa final de su formación debido a problemas de salud, habiendo recibido hasta ese momento la admisión y los ministerios de lectorado y acolitado.
Sin embargo, luego de superar este tiempo de dificultad y con una fe renovada, retomó su proceso formativo integrándose a la actual Escuela del Diaconado Permanente, completando satisfactoriamente todo el itinerario requerido. Posteriormente, solicitó formalmente su ordenación al obispo diocesano, quien acogió esta petición con alegría.
Al finalizar la Eucaristía, el nuevo diácono permanente dirigió emocionadas palabras de agradecimiento, recordando a las personas que han marcado su camino vocacional. Agradeció especialmente a la Escuela del Diaconado Permanente, a las generaciones pasada y actual de las cuales ha formado parte, y de manera muy especial a su familia y a su esposa, con quien ha compartido la vida y este proceso de discernimiento y servicio.
Asimismo, expresó que asume este ministerio con la convicción de servir a Dios allí donde Él lo siga llamando, poniéndose plenamente a disposición de la Iglesia y de las comunidades.
La jornada concluyó con un fraterno compartir entre todos los presentes, quienes celebraron con alegría este importante acontecimiento para la Iglesia diocesana.
Como Diócesis de San Felipe, damos gracias a Dios por el don de este nuevo diácono permanente y renovamos nuestra oración por las vocaciones al servicio de la Iglesia, para que más hombres y mujeres respondan generosamente al llamado del Señor.
Diez aspirantes al diaconado permanente dieron un importante paso en su camino vocacional, en una significativa celebración realizada en la parroquia Santo Domingo de La Ligua.
Este sábado 16 de mayo, a las 11:00 horas, se vivió una jornada de especial alegría para la Escuela del Diaconado Permanente de la Diócesis de San Felipe, con la celebración del Rito de Admisión a las Sagradas Órdenes para aspirantes del Decanato de Petorca.
La Eucaristía se desarrolló en el templo parroquial Santo Domingo, en la ciudad de La Ligua, congregando a la comunidad formativa del diaconado permanente, junto a familiares, amigos y comunidades que quisieron acompañar este significativo momento vocacional.
En la celebración, los aspirantes Guillermo Humberto Tapia Vega, Camilo Enrique Aspe Fredes, Juan Cristian Ibarra Lazo, Urbano Modesto Brito Olivares, Marcelo Enrique Quiroz Muñoz, Álvaro Eduardo Olivares Dubó, Reginaldo del Tránsito Tapia Silva, Claudio Cristian, Paulo Cristian Zambrano Díaz, Jairo Antonio Ibacache Sazo y Juan Gregorio Toro Cadiú recibieron, de manos de nuestro obispo diocesano, monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, la admisión a las Sagradas Órdenes.
Este rito constituye un reconocimiento oficial de la Iglesia hacia quienes, tras un tiempo de discernimiento, formación y acompañamiento, son considerados aptos para continuar avanzando en su camino hacia el diaconado permanente.
Este importante paso marca el inicio de una etapa más profunda dentro de su itinerario vocacional, la cual los conducirá posteriormente a recibir los ministerios del lectorado y acolitado, como preparación para una eventual ordenación diaconal.
La celebración fue presidida por el obispo diocesano, acompañado por sacerdotes del decanato, entre ellos el párroco de Santo Domingo y vicario pastoral de la diócesis, padre Claudio Acevedo López, además de diáconos permanentes que se hicieron presentes para respaldar y acompañar a los aspirantes en este significativo momento de sus vidas.
Durante su homilía, y a la luz de las lecturas bíblicas del día, monseñor Gonzalo Bravo destacó que este paso no solo implica asumir una responsabilidad dentro de la Iglesia, sino también responder con generosidad a una vocación que debe vivirse con libertad, alegría y plenitud al servicio del Señor y de la comunidad.
Asimismo, animó a los aspirantes y a sus familias a continuar caminando con confianza en este proceso formativo, recordando que toda vocación nace desde el amor de Dios y se fortalece en el servicio al prójimo.
Durante el rito, los aspirantes fueron presentados oficialmente ante el obispo por el director de la Escuela del Diaconado Permanente, padre Sergio Barahona. Posteriormente, tras la homilía, se vivió uno de los momentos más significativos de la celebración, cuando los candidatos fueron revestidos con el alba acompañados por sus esposas y familiares, signo visible del camino que comienzan hacia una posible ordenación diaconal.
La próxima celebración de Rito de Admisión se realizará el sábado 06 de junio, a las 11:00 horas, en la comunidad de Panquehue, donde recibirán este mismo rito los aspirantes Guillermo Carrasco, Luis Allendes y Mauricio Olguín, a quienes desde ya se invita a acompañar con la oración.
De este modo, la Iglesia diocesana continúa renovando su esperanza en las vocaciones al servicio, fortaleciendo su misión evangelizadora a través de hombres que se preparan para servir al pueblo de Dios desde el ministerio diaconal.
La emisora nacida en Centenario con espíritu evangelizador conmemora un nuevo aniversario al servicio de la provincia de Los Andes.
Con alegría y gratitud, Radio Fátima celebra este 15 de mayo sus 16 años de vida comunicacional, consolidándose como un medio cercano a la comunidad y profundamente comprometido con la evangelización, la cultura y el servicio social en la provincia de Los Andes.
La emisora nació el 15 de mayo de 2010 bajo el amparo de Dios y de la Virgen de Fátima, impulsada por la visión de su fundador, don Jorge Delgado Fernández, junto al importante apoyo del padre Armando Jara. Desde sus inicios, Radio Fátima surgió con el propósito de responder a las necesidades comunicacionales de la comunidad de Centenario y sus alrededores, desarrollando una propuesta radial cercana, humana y con fuerte identidad cristiana.
A lo largo de estos años, el camino no ha estado exento de desafíos. Sin embargo, la perseverancia, la fe y el constante respaldo de sus auditores han permitido que este proyecto siga creciendo y fortaleciéndose con el tiempo.
Lo que comenzó con recursos y tecnologías limitadas, hoy se ha transformado en una radio moderna y en constante desarrollo, gracias al esfuerzo de su equipo y a la adjudicación de proyectos tecnológicos que han permitido avanzar en infraestructura y calidad de transmisión.
Actualmente, Radio Fátima se define como una emisora al servicio de la provincia de Los Andes, acompañando diariamente a sus auditores a través de una programación integral, cercana y evangelizadora, sustentada en tres grandes pilares: la información y cultura, la evangelización y solidaridad, y la identidad local junto a la entretención.
En el ámbito informativo y cultural, la radio entrega contenidos de actualidad y programas orientados a mantener conectada a la comunidad con los temas de interés local y nacional. Junto a ello, destaca su permanente compromiso con la evangelización, transmitiendo celebraciones litúrgicas, programas católicos y diversas iniciativas pastorales, además de promover campañas solidarias en ayuda de quienes más lo necesitan.
Asimismo, la emisora ha logrado acompañar a distintas generaciones con una variada propuesta musical, que incluye clásicos de décadas pasadas, éxitos actuales y un especial espacio dedicado al folclore nacional, rescatando la identidad cultural de nuestro país.
Mirando hacia el futuro, Radio Fátima proyecta seguir consolidándose como un medio referente para la comunidad, trabajando para asegurar la continuidad de su concesión y continuar fortaleciendo el vínculo cercano e interactivo que mantiene con sus auditores.
En este nuevo aniversario, el Obispado de San Felipe, junto a nuestro obispo Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, expresan un fraterno saludo y felicitaciones a Radio Fátima por estos 16 años de servicio comunicacional y evangelizador, agradeciendo especialmente su constante disposición para acompañar la vida pastoral de la Iglesia diocesana, transmitir la fe y abrir espacios de esperanza, solidaridad y cercanía para tantas familias de la provincia de Los Andes. Asimismo, se reconoce el compromiso y esfuerzo de quienes forman parte de este proyecto radial, animándolos a continuar siendo una voz al servicio de la comunidad y del Evangelio.
A 16 años de su nacimiento, Radio Fátima reafirma así su compromiso de seguir siendo una voz de compañía, esperanza y servicio para toda la comunidad, manteniendo viva la esencia con la que inició este importante proyecto comunicacional.
A través de un mensaje, El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal convoca al diálogo para recuperar la paz social como verdadero fundamento del progreso nacional.
En texto dado a conocer la tarde de este miércoles 13 de mayo, los Obispos señalan que la paz no es simplemente la ausencia de conflictos, sino obra de la justicia, del respeto mutuo y de la voluntad sincera de buscar el bien común. Por ello, hacen un llamado especial a las autoridades, particularmente a quienes legislan, para que custodien la dignidad de la vida cívica con prudencia y rectitud, evitando las disputas degradantes y el lenguaje impropio que lesionan la nobleza del servicio público.
Los pastores destacan, como lo ha recordado recientemente el Papa León XIV, que se debe rehabilitar el lenguaje de la razón y la verdad, entendiendo que el consenso no es debilidad, sino un signo de madurez política y amor al país.
También advierten con dolor que toda forma de violencia, ya sea física, verbal, ideológica o institucional; hiere profundamente a la patria y socava la solidaridad social.
Por esta razón, los representantes del Episcopado nacional ven que es indispensable una renovación espiritual que recupere el sentido de la dignidad del otro y funde la convivencia en el mandamiento del amor al prójimo.
Finalmente invitan a orar para que, bajo la intercesión de la Virgen del Carmen, la paz y la caridad guíen las decisiones de quienes dirigen los destinos de Chile. El mensaje es firmado por el Arzobispo de La Serena, René Rebolledo Salinas, Presidente de la CECh; el Arzobispo de Antofagasta, Ignacio Ducasse Medina, Vicepresidente; el Arzobispo de Santiago, Cardenal Fernando Chomali Garib; el Obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González Errázuriz; y el Obispo de Santa María de Los Ángeles, Cristián Castro Toovey, Secretario General.
El futuro campo santo busca transformarse en un espacio digno y de recogimiento para las familias de la comuna.
Este miércoles 13 de mayo se vivió una jornada de especial significado para el Obispado de San Felipe y la comunidad de Catemu, luego de realizarse la bendición de inicio de obras del nuevo Cementerio Católico Santa Margarita, proyecto que busca convertirse en un nuevo campo santo al servicio de las familias de la comuna.
La instancia se desarrolló en un ambiente sencillo y profundamente espiritual, siendo encabezada por nuestro obispo diocesano, monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, quien realizó la bendición del lugar junto al equipo de administración de Cementerios Católicos del Obispado de San Felipe.
Durante este significativo momento, el obispo encomendó a Dios este nuevo espacio que comienza a tomar forma, destacando la importancia de contar con un lugar digno, de paz y esperanza cristiana para acoger a los difuntos y acompañar a las familias en los momentos de despedida y oración.
Asimismo, nuestro pastor diocesano pudo constatar en terreno los avances que presenta actualmente la construcción del futuro campo santo, el cual se proyecta como una alternativa significativa para la comuna de Catemu, esperando próximamente avanzar hacia su inauguración y apertura oficial para la comunidad.
Mons. Gonzalo Bravo destacó su alegría por el avance concreto de esta iniciativa, fruto de diversas gestiones realizadas por el área de administración de cementerios del Obispado, orientado a entregar una sepultura digna y un espacio de recogimiento para las familias cateminas.
Por su parte, desde la administración de Cementerios Católicos agradecieron la presencia y cercanía del obispo en este importante hito, señalando que su acompañamiento anima a continuar trabajando con compromiso y espíritu evangélico, promoviendo espacios que reflejen el respeto por la vida, la dignidad humana y la esperanza cristiana en la resurrección.
De este modo, el futuro Cementerio Católico Santa Margarita comienza oficialmente su etapa de construcción, transformándose en un nuevo signo de servicio y acompañamiento para la comunidad de Catemu y sus familias.