Cientos de fieles provenientes de distintos puntos de la región participaron este domingo 4 de octubre en la Fiesta Patronal de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo, en San Felipe. Seis bailes religiosos, cerca de 200 huasos a caballo y la Banda de Guerra e Instrumental de la Escuela Industrial acompañaron la tradicional procesión por las calles de la ciudad. La lluvia que se hizo presente durante parte del recorrido no impidió que la comunidad culminara una jornada marcada por la fe, la gratitud y una profunda devoción mariana.
San Felipe volvió a responder con gratitud al paso de la Virgen de Andacollo. Desde las primeras horas de este domingo 4 de octubre, cientos de personas comenzaron a congregarse en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Andacollo para vivir el día central de una de las tradicionales expresiones de religiosidad popular de la ciudad.
Bajo el lema “Con la Virgen de Andacollo, vamos al encuentro de Jesucristo”, la fiesta reunió a fieles provenientes de distintos puntos de la región, familias, bailes religiosos, huasos y comunidades que llegaron para agradecer, cumplir promesas y acompañar nuevamente a la Madre de Dios en su recorrido por las calles de San Felipe.
La jornada central fue la culminación de varios días de preparación que comenzaron el 25 de septiembre con la tradicional Novena, celebrada diariamente en el templo parroquial. Durante nueve días, la oración y la Eucaristía permitieron disponer el corazón de la comunidad para el encuentro con su patrona.
La víspera, el sábado 3 de octubre, estuvo marcada por la tradicional Procesión de la Noche, que recorrió las calles cercanas al templo en un ambiente de recogimiento y oración. En esta oportunidad participaron dos bailes religiosos, entre ellos los anfitriones, la Fraternidad Religiosa de Andacollo, acompañando a la Virgen en las horas previas a su gran fiesta.
Desde temprano, el pueblo llegó al encuentro de María
El domingo comenzó desde muy temprano con el rezo del Santo Rosario, dando paso posteriormente a las Eucaristías programadas durante la mañana. Cada una de las celebraciones registró una importante concurrencia de fieles, reflejando una devoción que año tras año continúa convocando a generaciones de familias.
La Eucaristía Patronal fue presidida por el párroco, padre Ricardo Olavarría, quien durante su homilía recogió la imagen de la viña presentada en la primera lectura del libro del profeta Isaías: “La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel”.
Desde esta imagen bíblica, el padre Ricardo invitó a reconocer que Dios ha cuidado y acompañado la historia de su pueblo del mismo modo que el dueño prepara y protege su viña. Una presencia que también puede reconocerse en la historia personal y comunitaria de tantos hombres y mujeres que, durante generaciones, han encontrado en la Virgen de Andacollo una Madre que acompaña sus alegrías, dificultades, trabajos y esperanzas.
La reflexión puso especialmente el acento en la gratitud por la vida y por los dones recibidos, invitando a preguntarse cómo cada persona responde al cuidado que Dios ha tenido con ella. El párroco recordó que agradecer no consiste solamente en acudir a la Virgen durante su fiesta, sino también en aprender a cuidar aquello que Dios ha puesto en nuestras manos: la propia vida, la familia, los hijos, los adultos mayores, la comunidad y especialmente a quienes atraviesan momentos de dificultad.
En este sentido, destacó que María ayuda a descubrir una manera concreta de responder a Dios: una vida disponible, sencilla y entregada. Así, la devoción a Nuestra Señora de Andacollo encuentra su verdadero sentido cuando conduce al encuentro con Jesucristo y se traduce en una vida más fraterna y atenta a los demás.
La reflexión encontró un significado especial en una jornada donde muchas personas llegaron precisamente para dar gracias a la Virgen, renovando promesas y expresando públicamente una devoción transmitida por generaciones.
Una mesa compartida antes de salir en procesión
Tras las celebraciones de la mañana, la comunidad parroquial ofreció su tradicional almuerzo, permitiendo que fieles, servidores y quienes habían llegado desde otros lugares pudieran compartir fraternalmente antes del inicio de la procesión.
Este momento, sencillo pero profundamente comunitario, forma parte también del espíritu de la fiesta: una comunidad que no solamente se reúne para rezar, sino que abre sus espacios para recibir y compartir con quienes llegan hasta Andacollo.
Durante las horas previas comenzó además a crecer el movimiento en los alrededores del templo, mientras bailes religiosos, huasos, músicos y peregrinos se preparaban para uno de los momentos más esperados de la jornada.
Seis bailes religiosos y cerca de 200 huasos acompañaron la procesión
Por la tarde, la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo salió nuevamente al encuentro de San Felipe.
La tradicional procesión congregó a una multitud que acompañó a la Virgen durante su recorrido. Este año fueron seis bailes religiosos los que participaron de la jornada, entregando con sus danzas, música, vestimentas y oraciones un especial realce a la celebración.
A ellos se sumó la Banda de Guerra e Instrumental de la Escuela Industrial de San Felipe, cuya participación acompañó distintos momentos del recorrido.
Una de las imágenes que nuevamente destacó fue la presencia de cerca de 200 huasos junto a sus caballos, provenientes de diferentes sectores de la región. Su participación recordó el carácter regional que ha adquirido esta celebración y la estrecha relación que históricamente existe entre la devoción mariana, el mundo campesino y las tradiciones propias de la zona central.
El sonido de los bailes, la música, los huasos y las familias caminando junto a la imagen volvieron a transformar las calles de San Felipe en un espacio público de oración y encuentro.
La lluvia tampoco detuvo la devoción
Durante parte de la tarde, el clima sorprendió a quienes participaban de la procesión y algunas precipitaciones comenzaron a caer sobre San Felipe.
Lejos de terminar anticipadamente la celebración, los fieles continuaron acompañando a la Virgen. En algunos tramos fue necesario agilizar el paso de la procesión, pero la lluvia no impidió que el recorrido pudiera completarse y que la fiesta concluyera con normalidad.
La escena de los peregrinos permaneciendo junto a la imagen, aun bajo algunas gotas de lluvia, se transformó en otra de las postales que dejó la jornada y reflejó el cariño de quienes habían llegado para cumplir con la tradición y acompañar a Nuestra Señora de Andacollo.
La Catedral volvió a recibir el paso de la Virgen
Como ocurre tradicionalmente, uno de los momentos significativos del recorrido tuvo lugar frente a la Iglesia Catedral de San Felipe, donde la comunidad esperaba el paso de la Virgen.
En esta oportunidad, el vicario general y párroco de la Catedral, padre Fabián Castro Marchant, junto al padre Nicolás Flores Lazcano y fieles de la comunidad catedralicia, recibieron la procesión y animaron un breve momento de oración.
La detención frente al principal templo de la Diócesis volvió a expresar la comunión entre comunidades y el cariño compartido hacia la Madre de Dios, antes de que la procesión continuara su recorrido.
Gratitud por una fiesta construida entre todos
Al concluir la jornada, el padre Ricardo Olavarría expresó su agradecimiento a la comunidad andacollina y a las numerosas personas que hicieron posible una nueva fiesta patronal.
Sus palabras estuvieron dirigidas especialmente a quienes trabajaron durante la novena, a los servidores y voluntarios, a los bailes religiosos, huasos, músicos y a los cientos de fieles que llegaron desde diferentes lugares para acompañar a la Virgen.
El párroco agradeció también a las autoridades e instituciones que colaboraron en la organización, seguridad y correcto desarrollo de la procesión, considerando la alta cantidad de personas, caballos y agrupaciones que se congregaron durante la jornada.
Un reconocimiento especial entregó también a los feriantes de la tradicional feria dominical, quienes cada año colaboran terminando anticipadamente sus actividades para permitir la preparación e instalación del escenario dispuesto en el exterior del templo para la fiesta.
Asimismo, agradeció a la comunidad de la Catedral y a los padres Fabián Castro y Nicolás Flores por recibir nuevamente a la Virgen y acompañar con la oración su paso por el templo mayor de la Diócesis.
Con el regreso de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo a su templo culminaron días intensos de oración, servicio y encuentro comunitario.
La multitudinaria participación volvió a mostrar que esta fiesta permanece profundamente arraigada en San Felipe y, al mismo tiempo, ha traspasado sus límites para convocar a devotos provenientes de diferentes lugares de la región.
Entre el sonido de los bailes religiosos, los caballos, la música, las oraciones y hasta algunas gotas de lluvia, San Felipe volvió a responder con gratitud a la Virgen de Andacollo, haciendo vida el lema que acompañó toda la celebración:
“Con la Virgen de Andacollo, vamos al encuentro de Jesucristo”.