El encuentro, organizado por la Delegación Episcopal para la Pastoral Social – Cáritas San Felipe y la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso, convocó durante dos jornadas a profesionales, docentes, representantes de la Iglesia, estudiantes y actores comunitarios para reflexionar sobre la prevención del consumo de drogas y sustancias, salud mental y factores protectores.
Con dos jornadas de formación, reflexión y encuentro concluyó en San Felipe el Congreso de la Solidaridad 2026 “Comunidades Protegidas”, iniciativa organizada por la Delegación Episcopal para la Pastoral Social – Cáritas San Felipe del Obispado de San Felipe, junto a la Escuela de Medicina de la Universidad de Valparaíso.
El encuentro reunió durante sus dos días a cerca de 140 participantes, considerando aproximadamente 80 asistentes durante la primera jornada y cerca de 60 en la segunda, entre profesionales, docentes, invitados, representantes de instituciones, estudiantes y miembros de distintas áreas de la comunidad eclesial.
La iniciativa tuvo como eje central la prevención del consumo de drogas y sustancias, especialmente entre niños, adolescentes y jóvenes, proponiendo una mirada amplia que incorporó salud mental, desarrollo humano, vapeadores, deporte, factores protectores, redes de salud, intervención comunitaria, familia, educación y el papel de la Iglesia en la construcción de comunidades capaces de cuidar y acompañar.
Dos jornadas para comprender y prevenir
El Congreso comenzó el viernes 21 de agosto con una primera jornada marcada por la presentación del proyecto “Comunidades Protegidas” y la participación de líderes estudiantiles, quienes compartieron su experiencia y compromiso con la prevención entre sus pares.
Durante esta jornada se desarrollaron exposiciones vinculadas a los riesgos asociados al uso de vapeadores y cigarrillos electrónicos, además de los elementos protectores frente al consumo de sustancias, entre otras temáticas relacionadas con la prevención.
Las ponencias estuvieron a cargo de profesionales vinculados principalmente a la Universidad de Valparaíso y la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, quienes aportaron conocimientos provenientes de la investigación y la experiencia profesional.
Uno de los aspectos valorados durante esta primera jornada fue precisamente la posibilidad de acercar a la comunidad información especializada y herramientas que permitieran comprender que la prevención no se limita a reaccionar ante el consumo, sino que requiere fortalecer vínculos, factores protectores y redes capaces de acompañar oportunamente a las nuevas generaciones.
La segunda jornada, desarrollada el sábado 22 de agosto, profundizó esta mirada desde nuevas perspectivas.
El programa comenzó con la exposición del profesor Rodrigo Álvarez, de la Comisión Nacional de Control de Dopaje, quien abordó la temática de drogas y dopaje en el deporte. Posteriormente, el padre Benjamín Ossandón presentó la mirada de la Iglesia frente a la adicción a sustancias.
La programación continuó con Jorge Martínez, quien desarrolló el tema de la Doctrina Social de la Iglesia, para luego dar paso al Dr. Joaquín Araya, de la Universidad Santo Tomás, quien abordó la relación entre gestación, drogas y desarrollo infantil.
La mañana concluyó con una exposición dedicada a las redes de salud y prevención de drogas desde la salud municipal, acercando a los participantes a la realidad de los servicios y programas existentes en el territorio.
Durante la tarde, el Congreso continuó con la participación del Dr. Rodrigo Cabrera del Valle, de la Universidad de Valparaíso, quien profundizó en el trabajo comunitario y la intervención psicosocial.
Posteriormente, la Dra. Karen Domínguez, investigadora de la Universidad San Sebastián, abordó la prevención del consumo de sustancias desde las trayectorias de vida, mientras que el Dr. Jorge Gaete, de la Universidad de los Andes, profundizó en la relación entre salud mental y depresión en adolescentes.
También se reflexionó sobre el papel de las comunidades educativas como factores protectores, reforzando la importancia de generar espacios donde niños, adolescentes y jóvenes puedan desarrollarse en ambientes de cuidado, inclusión, acompañamiento y prevención.
Iglesia, academia y comunidad: una mirada compartida
Uno de los elementos que caracterizó el Congreso fue la diversidad de miradas que confluyeron durante ambas jornadas.
Profesionales provenientes de distintas universidades, especialistas de áreas vinculadas a la salud y la prevención, representantes de instituciones públicas, integrantes de organizaciones comunitarias y representantes de la Iglesia compartieron conocimientos y experiencias frente a una problemática que requiere respuestas integrales.
Las ponencias fueron desarrolladas con un alto nivel de profesionalismo y respaldo investigativo, permitiendo a los participantes acceder a nuevos conocimientos y aproximarse a la prevención desde distintas disciplinas.
Desde la perspectiva eclesial, la presencia del obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo, junto al administrador de bienes del Obispado y representantes de diversas áreas pastorales, manifestó el compromiso de la comunidad diocesana con una temática que interpela directamente el cuidado de las personas y la construcción del bien común.
La participación de Cáritas Chile, a través de su presencia en el programa del Congreso, también permitió fortalecer el vínculo con la dimensión nacional de la acción social de la Iglesia y el trabajo que se desarrolla en torno a la dignidad de las personas y las comunidades.
Los jóvenes como protagonistas de la prevención
Un componente especialmente significativo fue la participación de estudiantes y líderes juveniles vinculados al proyecto “Comunidades Protegidas”.
Desde la Escuela Industrial, Eva Leiva González, bibliotecaria del establecimiento y coordinadora de los líderes del proyecto, destacó la importancia de que sus estudiantes hayan tenido acceso a estos espacios de formación y reflexión.
Asimismo, valoró el compromiso de los jóvenes, quienes asumieron el desafío de continuar fortaleciendo un lenguaje de prevención entre sus propios pares.
Para la Escuela Industrial, esta experiencia representó también una oportunidad para reafirmar el compromiso institucional con la prevención del consumo de sustancias, poniendo esta preocupación en el centro del trabajo formativo y comunitario.
Por su parte, Marcela Pérez, Delegada Episcopal para la Pastoral Social – Cáritas San Felipe, agradeció especialmente a la Escuela Industrial por ser parte del proyecto y por la disposición demostrada durante su desarrollo.
Un trabajo que movilizó a la comunidad diocesana
La realización del Congreso también significó un importante trabajo colaborativo al interior de la comunidad diocesana.
Desde la Pastoral Social se destacó la disposición y compromiso de los equipos del Obispado de San Felipe, la Pastoral Social, los integrantes de sus distintos proyectos y el Comedor Solidario, quienes se unieron durante las semanas previas y las jornadas del encuentro para contribuir a su correcta preparación y desarrollo.
Para Marcela Pérez, este esfuerzo permitió que el Congreso se transformara no solamente en una instancia de formación, sino también en una experiencia capaz de movilizar a muchas personas y corazones en torno al cuidado y la prevención.
Durante la segunda jornada se sumó además una Feria de Organizaciones Comunitarias, junto con espacios de adoración al Santísimo y la presencia de food trucks durante el horario de almuerzo, favoreciendo el encuentro, la convivencia y la participación comunitaria.
“Juntos construimos comunidades que cuidan”
Al finalizar las dos jornadas, el Congreso dejó planteado un desafío que trasciende la actividad: continuar construyendo comunidades capaces de prevenir, acompañar y proteger.
La experiencia permitió comprender que la prevención del consumo de drogas y sustancias no corresponde exclusivamente a especialistas o instituciones determinadas, sino que requiere del compromiso conjunto de familias, comunidades educativas, organizaciones sociales, instituciones públicas y privadas, profesionales y comunidades de fe.
En este sentido, “Comunidades Protegidas” buscó poner en el centro una idea fundamental: prevenir también es cuidar, acompañar también es proteger y construir redes también es una expresión concreta de solidaridad.
Con esta convicción concluyó el Congreso de la Solidaridad 2026, dejando como fruto dos jornadas de aprendizaje, encuentro y diálogo, pero también nuevas preguntas y desafíos para continuar fortaleciendo una cultura de prevención y cuidado en las comunidades del Valle del Aconcagua.