En un ambiente de profunda gratitud y alegría eclesial, este jueves 19 de marzo se celebraron los 70 años de vida religiosa de la Hermana Rosario Maetzu, perteneciente a las Franciscanas Misioneras de María, en el Templo San José de la comunidad de Curimón.
La Eucaristía, que congregó a hermanas de la comunidad San José, religiosas de otras congregaciones, además de familiares, amistades y cercanos a la homenajeada, fue presidida por el obispo diocesano, Gonzalo Bravo Álvarez, y concelebrada por el presbítero Miguel Triviño.
La celebración estuvo marcada por un profundo sentido de acción de gracias por la vida entregada de la Hermana Rosario, quien a lo largo de siete décadas ha sido testimonio fiel del carisma misionero franciscano, viviendo con sencillez, servicio y amor su consagración al Señor.
En su homilía, el obispo destacó el valor de la perseverancia y la fidelidad en la vida consagrada, señalando que “setenta años de vida religiosa no solo hablan del paso del tiempo, sino de una historia sostenida por la gracia de Dios, donde cada día ha sido una respuesta generosa al llamado del Señor”. Asimismo, subrayó que la vida de la Hermana Rosario “es un signo vivo de esperanza para la Iglesia, especialmente en tiempos donde se hace necesario volver a lo esencial del Evangelio: el amor, la entrega y la confianza plena en Dios”.
La comunidad presente se unió en oración agradecida por el testimonio de la religiosa, reconociendo en su vida un ejemplo de compromiso, humildad y servicio silencioso, que ha dejado huella en distintas generaciones.
Esta significativa celebración no solo fue un homenaje a una trayectoria personal, sino también un reconocimiento al invaluable aporte de la vida consagrada en la misión evangelizadora de la Iglesia, especialmente en el corazón de las comunidades.


