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Diócesis de San Felipe

Eucaristía de clausura: 100 años de evangelización

Este sábado 18 de octubre, la Casa de Espiritualidad de Auco fue escenario de la Gran Jornada de Clausura del Centenario, donde miles de fieles de diferentes sectores de la Diócesis se reunieron para dar gracias por los 100 años de evangelización.

En su homilía, nuestro obispo diocesano, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, nos recordó el verdadero sentido de esta celebración: “No estamos celebrando el aniversario de una institución, estamos celebrando el aniversario de una misión, de una evangelización, de una dinámica que recorre nuestros valles y comunidades.” Asimismo, invitó a todos a renovar el compromiso de fe, afirmando: “Jesucristo es lo más grande que tenemos que ofrecer, no hay nada ni nadie superior a Él en nuestra vida. No queremos ser hombres ni mujeres de Iglesia, queremos ser hombres y mujeres de fe, de Dios.” Destacó además el valor de la Palabra de Dios como fuente de esperanza: “La Sagrada Escritura no conoce espacio de privilegio, porque ella misma es gozo, esperanza y ternura. Seamos hombres y mujeres de Biblia.” Finalmente, cerró con una profunda invitación a vivir la fe con autenticidad: “La salvación no está por pertenecer a una institución, sino por tener a Dios en lo más profundo del corazón. ¿Encontrará fe sobre la tierra? Regalemos la fe, porque los grandes tesoros de la vida aumentan cuando se dan: el amor, la fe y la esperanza.”

Durante la Eucaristía, los signos presentados en el ofertorio reflejaron con profunda sencillez la historia, la fe y el compromiso de nuestras comunidades:
El Libro del Centenario, símbolo de una historia viva que seguimos escribiendo día a día desde cada comunidad, testimonio de fe, servicio y esperanza.
Las flores, signo del amor concreto de quienes, en la pastoral diaria, llevan consuelo y alegría a los que más sufren.
Las piedras, recordándonos la firmeza del trabajo cotidiano y las montañas que acompañan el camino de nuestra diócesis.
Los frutos del campo, representación del esfuerzo de tantas familias que, con fe y sacrificio, siembran, educan y sostienen la vida; frutos que hoy se comparten como signo de gratitud a Dios por los dones recibidos a lo largo de estos 100 años.
Y finalmente, el pan y el vino, especies eucarísticas que nos recuerdan a Jesús presente en medio de su pueblo, en tantas Eucaristías celebradas entre lágrimas, alegrías y esperanza.

La celebración culminó en un ambiente de alegría, fe y gratitud, renovando el llamado a seguir construyendo, con el testimonio de todos, nuevos tiempos de evangelización para nuestra Diócesis de San Felipe.

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