El pasado viernes 23 de mayo, la ciudad de San Felipe vivió una jornada de profunda alegría, gratitud y memoria viva, al celebrarse los 170 años de la llegada de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor a Chile y a este continente. Fue precisamente en esta ciudad donde, en 1854, las primeras hermanas del Buen Pastor dieron sus primeros pasos misioneros en América, sembrando una historia que hoy continúa floreciendo con fuerza y esperanza.
Este aniversario no solo marca una fecha significativa para la congregación, sino también un hito espiritual, cultural y social para la ciudad de San Felipe y para toda la Iglesia chilena. A través de los años, las Hermanas del Buen Pastor han llevado adelante su misión de acoger, acompañar y restaurar vidas con el carisma de Santa María Eufrasia Pelletier, fundadora de la congregación, con una entrega silenciosa y transformadora.
Para conmemorar este momento, la comunidad organizó un itinerario festivo que tuvo como momento culmen la Eucaristía Solemne de Acción de Gracias, celebrada en el Conjunto Patrimonial del Buen Pastor en San Felipe. Más de un centenar de personas participaron de esta misa llena de signos, símbolos y memoria agradecida.
Asistieron hermanas de la congregación activa y contemplativa, miembros del directorio de la Fundación Buen Pastor, colaboradores y trabajadoras del conjunto patrimonial, religiosas y religiosos de otras congregaciones, laicos vinculados a la misión, representantes de los colegios de la congregación provenientes de Quilpué, Santiago, Valparaíso y un emocionado grupo de exalumnas del Colegio Buen Pastor de San Felipe.
Uno de los momentos más significativos de la celebración fue la lectura de una carta enviada por el Centro Internacional de Espiritualidad del Buen Pastor en Angé, Francia, cuna de la congregación. Esta carta, traducida y leída por la Hna. Francisca, fue una muestra del profundo vínculo espiritual y de comunión que une a las hermanas de todo el mundo.
En su homilía, Monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, obispo de la Diócesis de San Felipe, agradeció la fidelidad de las hermanas a lo largo de generaciones, destacando la valentía de aquellas primeras mujeres que, guiadas por el Espíritu, cruzaron continentes para evangelizar, y cuya misión sigue viva hoy, incluso a través de tantas que ya descansan en la eternidad. “Vaya que hermosa misión han cumplido… tantas que entregaron su vida por completo al amor de Cristo”, expresó con emoción.
La celebración contó también con la especial presencia del ex obispo de la diócesis, Mons. Manuel Camilo Vial, quien durante su episcopado acompañó de cerca la vida de esta congregación, y con representantes del mundo laico y autoridades que reconocen en esta historia un aporte invaluable al desarrollo social y espiritual del territorio.
Al finalizar la misa, las hermanas invitaron a los asistentes a un recorrido simbólico y cargado de memoria por los huertos del conjunto, la antigua gruta y el recientemente restaurado mausoleo, donde reposan los restos de religiosas y personas vinculadas a esta misión, testigos silenciosos de estos 170 años de entrega al Buen Pastor.
Como Diócesis de San Felipe, en este año en que celebramos nuestro Centenario, nos unimos con profundo agradecimiento al gozo jubilar de las Hermanas del Buen Pastor. Elevamos nuestra oración por quienes hoy continúan la misión, y damos gracias a Dios por tantas religiosas que han abrazado la eternidad con la convicción firme de haber vivido plenamente el Evangelio.
¡Gracias, Hermanas del Buen Pastor, por 170 años de fidelidad, consuelo y evangelización en estas tierras!
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