Misa Crismal 2025: Celebración de la Unción, la Misión y la Esperanza
Clero de la Diócesis de San Felipe celebró la tradicional liturgia en el contexto del Centenario y el Jubileo de la Esperanza.
La noche del Miércoles Santo, en la Catedral de San Felipe, se celebró la Misa Crismal 2025, presidida por Monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, obispo de la diócesis. Esta significativa liturgia reunió al clero diocesano, comunidades parroquiales, colegios y fieles de los distintos decanatos para vivir un momento de profunda renovación y unidad en la fe.
Durante la eucaristía, los presbíteros renovaron sus promesas sacerdotales, recordando su compromiso de servicio y entrega al Pueblo de Dios. Además, el obispo procedió a la bendición del Crisma y de los Óleos de los catecúmenos y de los enfermos, que serán utilizados en la administración de los sacramentos a lo largo del año.
Una homilía centrada en la Palabra y la misión
La homilía de Monseñor Gonzalo se centró profundamente en las lecturas del día, especialmente en el texto del profeta Isaías, que nos recuerda a un pueblo de Israel que caminaba sin rumbo claro hacia la Tierra Prometida, sin templo, sin tierra, incluso a veces profesando otras creencias. En medio de esta crisis, resuena una frase poderosa: “El Espíritu de Dios está sobre mí”.
Nuestro obispo reflexionó sobre cómo esas palabras también resuenan en nuestras propias vidas, especialmente cuando la esperanza parece desvanecerse, cuando la incertidumbre, las dudas y las propias torpezas nos hacen flaquear en la fe.
“El Espíritu de Dios está sobre mí y me ha ungido”, repitió, para luego señalar que esa unción no está destinada a ocupar un lugar de privilegio, sino a recordarnos que somos hijos e hijas de Dios, llamados al servicio como sacerdotes del Pueblo. En este contexto, destacó la importancia del gesto de renovar las promesas sacerdotales, no como símbolo de estatus, sino como reafirmación de una vida entregada y ungida para servir.
“La unción no nos hace mejores, nos da una misión, una que se ratifica cada día en Cristo Jesús”, expresó, haciendo alusión a la Eucaristía, donde el cuerpo y la sangre de Cristo se entregan nuevamente por amor. La unción, agregó, no es para vivir desde nuestros parámetros, sino para volver, siempre, a vivir para Él.
El obispo también recordó que, esa misma mañana, los sacerdotes y diáconos vivieron su retiro de Semana Santa en la Casa de Espiritualidad del Buen Pastor, agradeciendo a Dios por el don de la vocación.
Un signo del Centenario: El Cirio Pascual Jubilar
En esta celebración, marcada por los 100 años de la Diócesis de San Felipe, además de la entrega tradicional de los óleos y crismas a cada comunidad, se hizo entrega simbólica del Cirio Pascual del Centenario, que porta el logo jubilar y que será encendido en cada Vigilia Pascual como signo de la luz de Cristo que ha guiado a esta Iglesia particular por un siglo de evangelización.
Monseñor Gonzalo invitó a todos los presentes a ser protagonistas de este Año Jubilar, animando a las parroquias y comunidades educativas a participar activamente en las actividades diocesanas, especialmente en la Asamblea Diocesana del 3 de mayo y la gran celebración en el Santuario de Santa Teresa de Los Andes el próximo 18 de octubre.
Un pueblo que agradece a sus pastores
Uno de los momentos más emotivos fue la renovación de las promesas sacerdotales, donde el presbiterio diocesano, junto al obispo, reafirmó su vocación de servicio. La comunidad presente acompañó con profunda gratitud este gesto, recordando la importancia del ministerio sacerdotal.
Desde la comunidad de Eme de Punta El Olivo expresaron:
“Gracias por los sacerdotes que nos acompañan en nuestro camino espiritual, por su escucha, respeto, palabras de consejo y consuelo. Gracias por quienes trabajan con comunidades campesinas y los más desfavorecidos, intentando construir con gestos proféticos el Reino de la Bienaventuranza”.