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Diócesis de San Felipe

San José, custodio de Jesús, de la Iglesia y de las vocaciones

Hecho público el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, en el día en que la Iglesia celebra a San José. La vocación dijo Francisco: es la “llamada divina que siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente “sí” a Dios”.

 

Ha sido publicado el mensaje del Papa Francisco en la fiesta dedicada a San José, en el mensaje, Francisco recuerda la figura de San José, el sueño de la vocación. Y recuerda, la vocación es la “llamada divina siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente “sí” a Dios”. San José sugiere tres palabras claves para la vocación: sueños, servicios y fidelidad.

Desde el pasado 8 de diciembre, con motivo del 150.º aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia universal, el Papa Francisco, por medio del Decreto de la Penitenciaría Apostólica, dio comienzo al Año dedicado especialmente a este Santo. Además, el Pontífice escribió la Carta apostólica Patris corde para «que crezca el amor a este gran santo». En su mensaje, el Papa afirma que la figura de San José es “extraordinaria, y al mismo tiempo «tan cercana a nuestra condición humana». San José no impactaba, tampoco poseía carismas particulares ni aparecía importante a la vista de los demás. No era famoso y tampoco se hacía notar, los Evangelios no recogen ni una sola palabra suya. Sin embargo, con su vida ordinaria, realizó algo extraordinario a los ojos de Dios”.

Las vocaciones: regeneran la vida cada día
Más adelante, en el mensaje, Francisco recuerda que “Dios ve el corazón y en san José reconoció un corazón de padre, capaz de dar y generar vida en lo cotidiano. Las vocaciones tienden a esto: a generar y regenerar la vida cada día. El Señor quiere forjar corazones de padres, corazones de madres; corazones abiertos, capaces de grandes impulsos, generosos en la entrega, compasivos en el consuelo de la angustia y firmes en el fortalecimiento de la esperanza”.

Y hoy día, en tiempos marcados por “la fragilidad y los sufrimientos causados también por la pandemia, donde nos invade la incertidumbre y el miedo al futuro, lo que necesita el sacerdocio y la vida consagrada es a San José que viene a su “encuentro con su mansedumbre, como santo de la puerta de al lado; al mismo tiempo, su fuerte testimonio puede orientarnos en el camino”.

Tres palabras clave para la vocación
Francisco señala en su mensaje que San José nos sugiere tres palabras clave para nuestra vocación. La primera es sueño. Todos en la vida sueñan con realizarse. Y es correcto que tengamos grandes expectativas, metas altas antes que objetivos efímeros —como el éxito, el dinero y la diversión—, que no son capaces de satisfacernos.

Y el mayor sueño de la humanidad: “amor”. Porque como afirma el Papa, es “el amor el que da sentido a la vida, porque revela su misterio. La vida, en efecto, sólo se tiene si se da, sólo se posee verdaderamente si se entrega plenamente. San José tiene mucho que decirnos a este respecto porque, a través de los sueños que Dios le inspiró, hizo de su existencia un don”.

En el Mensaje, el Pontífice explica que los Evangelios narran cuatro sueños. Eran llamadas divinas, “pero no fueron fáciles de acoger. Después de cada sueño, José tuvo que cambiar sus planes y arriesgarse, sacrificando sus propios proyectos para secundar los proyectos misteriosos de Dios. Él confió totalmente. Y el Papa nos pregunta: “¿Qué era un sueño nocturno para depositar en él tanta confianza?”. Aunque en la antigüedad se le prestaba mucha atención, seguía siendo poco ante la realidad concreta de la vida. A pesar de todo, san José se dejó guiar por los sueños sin vacilar”, porque confirma el Papa, “su corazón estaba orientado hacia Dios, ya estaba predispuesto hacia Él. A su vigilante “oído interno” sólo le era suficiente una pequeña señal para reconocer su voz. Esto también se aplica a nuestras llamadas”.

“A Dios no le gusta revelarse de forma espectacular, forzando nuestra libertad. Él nos da a conocer sus planes con suavidad, no nos deslumbra con visiones impactantes, sino que se dirige a nuestra interioridad delicadamente, acercándose íntimamente a nosotros y hablándonos por medio de nuestros pensamientos y sentimientos. Y así, como hizo con san José, nos propone metas altas y sorprendentes”.

La vocación: la llamada divina que impulsa a entregarse
Los sueños condujeron a José a aventuras que nunca habría imaginado. El primero, afirma en su mensaje, desestabilizó su noviazgo, pero lo convirtió en padre del Mesías; el segundo lo hizo huir a Egipto, pero salvó la vida de su familia; el tercero anunciaba el regreso a su patria y el cuarto le hizo cambiar nuevamente sus planes llevándolo a Nazaret, el mismo lugar donde Jesús iba a comenzar la proclamación del Reino de Dios. “En todas estas vicisitudes, afirma el Papa, la valentía de seguir la voluntad de Dios resultó victoriosa. Así pasa en la vocación: la llamada divina siempre impulsa a salir, a entregarse, a ir más allá. No hay fe sin riesgo. Sólo abandonándose confiadamente a la gracia, dejando de lado los propios planes y comodidades se dice verdaderamente “sí” a Dios. Y cada “sí” da frutos, porque se adhiere a un plan más grande, del que sólo vislumbramos detalles, pero que el Artista divino conoce y lleva adelante, para hacer de cada vida una obra maestra. En este sentido, san José representa un icono ejemplar de la acogida de los proyectos de Dios”.

San José es un icono de la acogida de los proyectos de Dios, pero es una “acogida activa, nunca renuncia ni se rinde, «no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte». Que él ayude a todos, señala Francisco, especialmente a los jóvenes en discernimiento, a realizar los sueños que Dios tiene para ellos; que inspire la iniciativa valiente para decir “sí” al Señor, que siempre sorprende y nunca decepciona”.

Servicio
La segunda palabra que marca el itinerario de san José y de su vocación es servicio, escribe el Papa y explica que se desprende de los Evangelios que vivió enteramente para los demás y nunca para sí mismo. “El santo Pueblo de Dios lo llama esposo castísimo, revelando así su capacidad de amar sin retener nada para sí. Liberando el amor de su afán de posesión, se abrió a un servicio aún más fecundo, su cuidado amoroso se ha extendido a lo largo de las generaciones y su protección solícita lo ha convertido en patrono de la Iglesia. También es patrono de la buena muerte, él que supo encarnar el sentido oblativo de la vida. Sin embargo, su servicio y sus sacrificios sólo fueron posibles porque estaban sostenidos por un amor más grande: «Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio”

Y este tipo de madurez, afirma, es lo que se requiere en el sacerdocio y la vida consagrada. “Cuando una vocación, ya sea en la vida matrimonial, célibe o virginal, no alcanza la madurez de la entrega de sí misma deteniéndose sólo en la lógica del sacrificio, entonces en lugar de convertirse en signo de la belleza y la alegría del amor corre el riesgo de expresar infelicidad, tristeza y frustración».

El Pontífice explica que “para san José el servicio, expresión concreta del don de sí mismo, no fue sólo un ideal elevado, sino que se convirtió en regla de vida cotidiana”, San José, dijo el Papa, “se adaptó a las diversas circunstancias con la actitud de quien no se desanima si la vida no va como él quiere, con la disponibilidad de quien vive para servir. Con este espíritu, José emprendió los numerosos y a menudo inesperados viajes de su vida: de Nazaret a Belén para el censo, después a Egipto y de nuevo a Nazaret, y cada año a Jerusalén, con buena disposición para enfrentarse en cada ocasión a situaciones nuevas, sin quejarse de lo que ocurría, dispuesto a echar una mano para arreglar las cosas. Se podría decir que era la mano tendida del Padre celestial hacia su Hijo en la tierra. Por eso, no puede más que ser un modelo para todas las vocaciones, que están llamadas a ser las manos diligentes del Padre para sus hijos e hijas”

San José, custodio de Jesús, de la Iglesia y de las vocaciones
Francisco, expresó que le gusta pensar en san José, el custodio de Jesús y de la Iglesia, como custodio de las vocaciones. “Su atención en la vigilancia procede, en efecto, de su disponibilidad para servir. «Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre» (Mt 2,14), dice el Evangelio, señalando su premura y dedicación a la familia. No perdió tiempo en analizar lo que no funcionaba bien, para no quitárselo a quien tenía a su cargo. Este cuidado atento y solícito es el signo de una vocación realizada, es el testimonio de una vida tocada por el amor de Dios. ¡Qué hermoso ejemplo de vida cristiana damos cuando no perseguimos obstinadamente nuestras propias ambiciones y no nos dejamos paralizar por nuestras nostalgias, sino que nos ocupamos de lo que el Señor nos confía por medio de la Iglesia! Así, Dios derrama sobre nosotros su Espíritu, su creatividad; y hace maravillas, como en José”.

La fidelidad
“Además de la llamada de Dios —que cumple nuestros sueños más grandes— y de nuestra respuesta —que se concreta en el servicio disponible y el cuidado atento—, hay un tercer aspecto que atraviesa la vida de san José y la vocación cristiana, marcando el ritmo de lo cotidiano: la fidelidad. José es el «hombre justo» (Mt 1,19), que en el silencio laborioso de cada día persevera en su adhesión a Dios y a sus planes. En un momento especialmente difícil se pone a “considerar todas las cosas” (cf. v. 20). Medita, reflexiona, no se deja dominar por la prisa, no cede a la tentación de tomar decisiones precipitadas, no sigue sus instintos y no vive sin perspectivas. Cultiva todo con paciencia. Sabe que la existencia se construye sólo con la continua adhesión a las grandes opciones”, esto dijo el Pontífce corresponde a la laboriosidad serena y constante con la que “desempeñó el humilde oficio de carpintero (cf. Mt 13,55), por el que no inspiró las crónicas de la época, sino la vida cotidiana de todo padre, de todo trabajador y de todo cristiano a lo largo de los siglos. Porque la vocación, como la vida, sólo madura por medio de la fidelidad de cada día”.

La fidelidad afirma Francisco se alimenta “a la luz de la fidelidad de Dios. Las primeras palabras que san José escuchó en sueños fueron una invitación a no tener miedo, porque Dios es fiel a sus promesas: «José, hijo de David, no temas» (Mt 1,20). y a continuación el Pontífice se dirige a cada uno de estos hermanos que desean seguir su vocación:

“No temas: son las palabras que el Señor te dirige también a ti, querida hermana, y a ti, querido hermano, cuando, aun en medio de incertidumbres y vacilaciones, sientes que ya no puedes postergar el deseo de entregarle tu vida. Son las palabras que te repite cuando, allí donde te encuentres, quizás en medio de pruebas e incomprensiones, luchas cada día por cumplir su voluntad. Son las palabras que redescubres cuando, a lo largo del camino de la llamada, vuelves a tu primer amor. Son las palabras que, como un estribillo, acompañan a quien dice sí a Dios con su vida como san José, en la fidelidad de cada día”.

Y es esta fidelidad el secreto de la alegría, como dice un himno litúrgico, dice por último Francisco, en la casa de Nazaret, había «una alegría límpida». Era la alegría cotidiana y transparente de la sencillez, la alegría que siente quien custodia lo que es importante: la cercanía fiel a Dios y al prójimo. Y exclama su esperanza que hermoso sería si la misma atmósfera sencilla y radiante, sobria y esperanzadora, impregnara los seminarios, institutos religiosos, casas parroquiales. Y es la alegría que desea a todos los que “generosamente han hecho de Dios el sueño de sus vidas, para servirlo en los hermanos y en las hermanas que les han sido confiados, mediante una fidelidad que es ya en sí misma un testimonio, en una época marcada por opciones pasajeras y emociones que se desvanecen sin dejar alegría”.

Fuente: Vatican News
Vaticano, 19-03-2021

 

Año Amoris Laetitia: Una oportunidad para acompañar a las familias en dificultad

Este 19 de marzo, en la Solemnidad de San José y en el V Aniversario de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, comenzará el año especial dedicado a la familia. Mañana un webinar sobre el amor familiar y en junio un encuentro online con las Conferencias Episcopales de todo el mundo.

 

“Las familias necesitan atención pastoral, dedicación, mediante un estilo de mayor colaboración entre ellas y los pastores. Es necesario invertir en la formación de los formadores y, sobre todo, es necesario implementar un cambio de mentalidad: pensar en ellos no como ‘objeto’ sino como ‘sujeto’ de la pastoral ordinaria”, lo dijo el Cardenal Kevin J. Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en la rueda de prensa de presentación del “Año Familia Amoris Laetitia”, que tuvo lugar la mañana de este jueves, 18 de marzo, en la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Cardenal Farrell: anunciar el Evangelio de la Familia
En su intervención, el Cardenal Farrell recordó que, la misión de la Iglesia es ser siempre anunciadora de la buena noticia del Evangelio y que “el anuncio cristiano que se refiere a la familia es de verdad una buena noticia”. Por ello, es oportuno dedicar un entero año pastoral a la familia cristiana, para presentar al mundo el designio de Dios sobre la familia como fuente de alegría y de esperanza, un año pastoral instituido por el Papa Francisco, que iniciará este 19 de marzo, Solemnidad de San José, en el V Aniversario de la publicación de la Exhortación Postsinodal Amoris Laetitia.

La Familia custodia de la vida
Asimismo, el Prefecto de este Dicasterio Vaticano destacó que ha sido providencial que el Santo Padre haya dedicado este año a San José, esposo y padre, elegido para acudir a la Santa Familia, y como él, cada pareja de esposos debe sentirse amada y elegida por Dios para generar en la carne y en el espíritu, los hijos de Dios Padre. De modo especial en este contexto de pandemia, donde la familia ha sido golpeada duramente en diferentes aspectos y a pesar de ellos, ha mostrado su rostro de “custodio de la vida”, como lo ha sido San José.

Acompañar a las Familias en dificultad
Además, el Cardenal Farrell ha subrayado la importancia de Amoris Laetitia, un documento que es el fruto de un largo caminos sinodal. En este sentido, este Año Amoris Laetitia es una preciosa oportunidad para hacer madurar los frutos de este camino en los diversos contextos eclesiales y familiares. “Durante este año – afirmó el Purpurado – tenemos la oportunidad de acompañar a las familias, es un momento para que las familias no se sientan solas ante las dificultades, hay que acompañar a las parejas y familias en crisis, a apoyar a los que se quedan solos, a las familias pobres, a las familias rotas”.

Gambino: estamos viviendo una emergencia vocacional en el matrimonio
Gabriella Gambino, Subsecretaria del mismo Dicasterio, también está convencida de que es “hora de actuar” renovando “los modos, las estrategias y quizás incluso algunos objetivos de la planificación pastoral”. Llega a hablar de un tiempo de “conversión pastoral”, al ser consciente de que los lenguajes, los horarios, los estilos eclesiales quizás ya no se adaptan a la vida concreta de las familias. A la luz de Amoris Laetitia, hay que pasar de una pastoral de los fracasos a una que sepa “revigorizar la belleza del sacramento del matrimonio y de las familias cristianas” haciéndolo perceptible a los ojos de los jóvenes y atractivo. “Hay un gran deseo de familia, pero mucho miedo ante la elección del matrimonio”, señala Gambino. Se destaca el criterio que debe guiar las actividades en este ámbito: hacer transversales los proyectos pastorales, según una visión integral de la planificación. Pone el ejemplo de la catequesis para niños que, según Gambino, podría establecerse desde el principio con una formación remota a la vocación esponsal, también para evitar el frecuente abandono después del sacramento de la Primera Comunión.

Ayudas y vídeos para poner en práctica la Exhortación
El Subsecretario anunció la propuesta del organismo vaticano de doce caminos posibles, para que cada realidad eclesial sea instada a tomar la iniciativa. En particular, en la página web del Dicasterio para la Familia, los Laicos y la Vida se colgarán mensualmente diez vídeos sobre la Exhortación, con la participación del Papa y algunos testimonios, y gradualmente se pondrán a disposición otras pequeñas herramientas online y offline. Se mencionan dos folletos, ambos publicados por la Libreria Editrice Vaticana: “Juntos es hermoso” -con un prefacio del Cardenal Farrell – y “El Papa habla a los niños”. Además, los movimientos y asociaciones, así como las instituciones académicas católicas y pontificias, están actuando para promover la reflexión en diálogo con la pastoral. Mañana, al inicio del Año Especial, se dedicará al amor familiar un seminario web en el Pontificio Instituto “Juan Pablo II” de Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, organizado por el Vicariato y el Dicasterio. Otro encuentro en línea será el foro que se celebrará del 9 al 13 de junio con las Conferencias Episcopales de todo el mundo y sus oficinas de pastoral familiar. “Será un momento importante de reflexión para comprender hasta dónde hemos llegado en la aplicación de la Exhortación Apostólica”, anunció Gambino.

Pareja de esposos : construir el “nosotros” junto a otras familias
Valentina y Leonardo Nepi, de Arezzo, con una hija de cinco años y comprometidos en actividades posteriores a la confirmación en la parroquia – él es funcionario del Dicasterio – hablan de los retos del amor conyugal. Conscientes de la importancia de las palabras y los gestos aparentemente sencillos para expresar a diario el respeto, la paciencia, la confianza y el perdón mutuo, como el Papa Francisco nos ha invitado a menudo a hacerlo, esperan que este Año Especial sea ante todo un tiempo propicio para cultivar las buenas relaciones conyugales y familiares. “También esperamos – dicen – que la familia pueda ser más valorada en la sociedad: promoviendo la dimensión social de la familia, su capacidad de educar a los hijos, de animar lugares y comunidades con valores positivos y generativos, cultivando el diálogo entre generaciones”. El periodo de distanciamiento forzoso que estamos viviendo por la emergencia sanitaria se puede vivir recurriendo a la creatividad también gracias a la tecnología que ayuda a evitar el aislamiento, a compartir resonancias sobre la Palabra de Dios: este es su consejo. Experimentar la dimensión de una iglesia doméstica y fomentar la conexión entre generaciones, entre los ancianos y los abuelos, se considera crucial. Porque, recuerdan, “la fuerza de la familia no se agota por tanto en la intimidad de nuestros hogares”.

El matrimonio como sacramento es distinto de las uniones civiles
En respuesta a la pregunta de un periodista sobre las reacciones a la reciente declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe que prohíbe la bendición de las uniones entre personas del mismo sexo, el Cardenal Farrell dejó claro con firmeza que “la vida pastoral de la Iglesia está abierta a todas las personas”. Es importante que la gente entienda que abrimos nuestros brazos para acoger a todos, en diferentes estados de vida y en cualquier condición en la que se encuentren”, afirmó el Cardenal. “Hay que hacer una distinción: la Iglesia habla del Matrimonio como un Sacramento, no como una unión civil. En Amoris laetitia se habla de ello”, precisa además y añade: “los que no pueden beneficiarse de la plena participación en la Iglesia no significa que no puedan ser acompañados”. Por lo tanto, reitera la distinción entre el matrimonio sacramental y la unión civil. “Durante este año especial, nos reuniremos con muchas diócesis de todo el mundo que se ocupan de las parejas homosexuales. Hay situaciones en las que hay divorciados y vueltos a casar, la Iglesia los sigue acompañando”.

Fuente: Vatican News
Vaticano, 18-03-2021

Modificado el rito del Miércoles de Ceniza en tiempo de pandemia

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha publicado una nota en la que explica la modificación del rito del Miércoles de Ceniza, adaptándose a las medidas de seguridad sanitarias establecidas en este tiempo de pandemia.

 

Para poder respetar las medidas sanitarias de seguridad y evitar el contagio del COVID-19, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha modificado el rito del Miércoles de Ceniza adaptándose a este tiempo de pandemia.

Tal como se lee en la nota difundida por la Congregación, “pronunciada la oración de bendición de las cenizas y después de asperjarlas, sin decir nada, con el agua bendita, el sacerdote se dirigirá a los presentes, diciendo una sola vez y para todos los fieles, la fórmula del Misal Romano: «Convertíos y creed en el Evangelio», o bien: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás».

Después, el sacerdote se limpiará las manos y se pondrá la mascarilla para proteger la nariz y la boca. Posteriormente, impondrá la ceniza a cuantos se acercan a él o, si es oportuno, se acercará a los fieles que estén de pie, permaneciendo en su lugar. Asimismo, el sacerdote tomará la ceniza y la dejará caer sobre la cabeza de cada uno, sin decir nada”.

La nota fue firmada en la sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 12 de enero de 2021 por el cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos desde 2014 y Monseñor Arthur Roche, Arzobispo Secretario.

Fuente: Vatican News
Vaticano, 12-01-2021

Jornada Mundial del Enfermo, Papa: «Dar al que sufre el bálsamo de la cercanía»

En el marco de la 29° Jornada Mundial del Enfermo que se celebrará el póximo 11 de febrero, el Papa Francisco ha publicado un mensaje en el que recuerda la importancia de apoyar a quienes sufren una enfermedad “con el bálsamo de la cercanía”, respetando su dignidad como Hijos de Dios y evitando caer en el “mal de la hipocresía”. El Pontífice también dedica un pensamiento especial a “quienes padecen en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus”, particularmente “a los más pobres y marginados”.

 

El Papa Francisco ha dado a conocer su mensaje con motivo de la 29° Jornada Mundial del Enfermo que se celebrará el próximo 11 de febrero, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, cuyo tema “Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos (Mt 23,8). La relación de confianza, fundamento del cuidado del enfermo”, inspirado en el pasaje evangélico en el que Jesús critica la hipocresía de quienes dicen, pero no hacen (cf. Mt 23,1-12).

En su escrito, el Santo Padre afirma que esta Jornada “es un momento propicio para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, ya sea en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades” y dedica un pensamiento especial a “quienes sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus”, particularmente “a los más pobres y marginados”.

Nadie es inmune al mal de la hipocresía
“La crítica que Jesús dirige a quienes «dicen, pero no hacen» es beneficiosa, siempre y para todos, porque nadie es inmune al mal de la hipocresía”, explica Francisco subrayando que se trata de un mal muy grave que nos impide vivir la fraternidad universal a la que estamos llamados como Hijos de Dios.

En este sentido, el Pontífice puntualiza que ante la condición de necesidad de un hermano o una hermana, Jesús nos muestra un modelo de comportamiento totalmente opuesto a la hipocresía: “Propone detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal con el otro, sentir empatía y conmoción por él o por ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de él por medio del servicio”.

Por otra parte, el Papa hace hincapié en que la experiencia de la enfermedad “hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad” y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro: “Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios”.

“La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una pregunta que busca un nuevo significado y una nueva dirección para la existencia, y que a veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata. Nuestros mismos amigos y familiares no siempre pueden ayudarnos en esta búsqueda trabajosa”

La enfermedad siempre tiene un rostro
Asimismo, en su mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo 2021 marcada por la pandemia, el Santo Padre recuerda que la enfermedad siempre tiene un rostro, incluso más de uno: “Tiene el rostro de cada enfermo y enferma, también de quienes se sienten ignorados, excluidos, víctimas de injusticias sociales que niegan sus derechos fundamentales (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 22)”.

Francisco expresa que, por un lado, la pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atención de las personas enfermas: “Los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa”.

La pandemia desata crisis y también generosidad
Y por otro, esta crisis sanitaria “ha puesto también de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegación, sentido de responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares”: “Una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros, haciéndose cargo de las heridas de los pacientes, que sentían prójimos por el hecho de pertenecer a la misma familia humana”, escribe el Papa.

El bálsamo de la cercanía
Y en este punto, el Pontífice destaca que la cercanía humana, “es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad”.

“Como cristianos, vivimos la projimidad como expresión del amor de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasión se ha hecho cercano a todo ser humano, herido por el pecado. Estamos llamados a ser misericordiosos como el Padre y a amar, en particular, a los hermanos enfermos, débiles y que sufren (cf. Jn 13,34-35)”

En este contexto, Francisco recuerda la importancia de la solidaridad fraterna, que se expresa de modo concreto en el servicio y que puede asumir formas muy diferentes, todas orientadas a sostener al prójimo: «Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo».

En este compromiso -continúa el Papa- cada uno es capaz de “dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles y buscar la promoción del hermano”.

La importancia de la buena terapia y la relación de confianza
Otro de los aspectos que profundiza el Santo Padre en su mensaje es la importancia de que haya una buena terapia para el paciente enfermo. El Papa afirma que es decisivo el aspecto relacional, “mediante el que se puede adoptar un enfoque holístico hacia la persona enferma”.

“Dar valor a este aspecto también ayuda a los médicos, los enfermeros, los profesionales y los voluntarios a hacerse cargo de aquellos que sufren para acompañarles en un camino de curación, gracias a una relación interpersonal de confianza. Se trata, por lo tanto, de establecer un pacto entre los necesitados de cuidados y quienes los cuidan; un pacto basado en la confianza y el respeto mutuos, en la sinceridad, en la disponibilidad, para superar toda barrera defensiva, poner en el centro la dignidad del enfermo, tutelar la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relación con las familias de los pacientes”

Francisco finaliza su mensaje enfatizando que el mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos: “Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado”, exhorta Francisco y concluye encomendando a “María, Madre de misericordia y Salud de los enfermos”, a todas las “personas enfermas, los agentes sanitarios y quienes se prodigan al lado de los que sufren”.

Fuente: Vatican News
Vaticano, 12-01-2021

El Papa: los ministerios del Lector y del Acólito estén abiertos a las mujeres

Francisco está cambiando el Código de Derecho Canónico haciendo institucional lo que ya sucede por la práctica: el acceso de las mujeres laicas al servicio de la Palabra y el altar. La elección del Pontífice explicada en una carta al Cardenal Ladaria.

 

El Papa Francisco ha establecido con un motu proprio que los ministerios del Lector y del Acólito están en adelante también abiertos a las mujeres, de forma estable e institucionalizada con un mandato especial. Las mujeres que leen la Palabra de Dios durante las celebraciones litúrgicas o que realizan un servicio en el altar, como ministras o como dispensadoras de la Eucaristía, no son ciertamente una novedad: en muchas comunidades del mundo son ahora una práctica autorizada por los obispos. Sin embargo, hasta ahora todo esto se ha realizado sin un mandato institucional real y adecuado, en derogación de lo establecido por San Pablo VI, quien, en 1972, al abolir las llamadas “órdenes menores”, había decidido mantener el acceso a estos ministerios reservados a los hombres sólo porque los consideraba preparatorios para un eventual acceso a las órdenes sagradas. Ahora el Papa Francisco, también a raíz del discernimiento que surgió de los últimos Sínodos de Obispos, quiso hacer oficial e institucional esta presencia femenina en el altar.

Con el motu proprio “Spiritus Domini”, que modifica el primer párrafo del canon 230 del Código de Derecho Canónico y que se publica hoy, el Pontífice establece, por tanto, que las mujeres pueden acceder a estos ministerios y que se les atribuye también mediante un acto litúrgico que las institucionaliza.

Francisco especifica que quiso aceptar las recomendaciones que surgieron de varias asambleas sinodales, escribiendo que “se ha alcanzado en los últimos años un desarrollo doctrinal que ha puesto de relieve cómo ciertos ministerios instituidos por la Iglesia tienen como fundamento la condición común de los bautizados y el sacerdocio real recibido en el sacramento del bautismo”. Por lo tanto, el Papa nos invita a reconocer que estos son ministerios laicos “esencialmente distintos del ministerio ordenado recibido en el sacramento del Orden”.

La nueva formulación del canon reza: “Los laicos de una edad y unos dones determinados por decreto de la Conferencia Episcopal podrán ser empleados permanentemente, mediante el rito litúrgico establecido, en los ministerios de lectores y acólitos”. Por lo tanto, se suprime la especificación “del sexo masculino” que se refería a los laicos y que estaba presente en el texto del Código hasta la modificación de hoy.

El motu proprio va acompañado de una carta dirigida al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Luis Ladaria, en la que Francisco explica las razones teológicas de su elección. El Papa escribe que “en el horizonte de renovación trazado por el Concilio Vaticano II, hay un creciente sentido de urgencia hoy para redescubrir la corresponsabilidad de todos los bautizados en la Iglesia, y en particular la misión de los laicos”. Y citando el documento final del Sínodo para el Amazonas, observa que “para toda la Iglesia, en la variedad de situaciones, es urgente que los ministerios sean promovidos y conferidos a hombres y mujeres… Es la Iglesia de los hombres y mujeres bautizados la que debemos consolidar promoviendo la ministerialidad y, sobre todo, la conciencia de la dignidad bautismal”.

Francisco, en su carta al cardenal, después de recordar en las palabras de San Juan Pablo II que “con respecto a los ministerios ordenados la Iglesia no tiene en absoluto la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres”, añade que “para los ministerios no ordenados es posible, y hoy parece oportuno, superar esta reserva”. El Papa explica que “ofrecer a los laicos de ambos sexos la posibilidad de acceder a los ministerios de Acolitado y Lectorado, en virtud de su participación en el sacerdocio bautismal, aumentará el reconocimiento, también a través de un acto litúrgico (institución), de la preciosa contribución que desde hace tiempo muchísimos laicos, incluidas las mujeres, ofrecen a la vida y a la misión de la Iglesia”. Y concluye que “la decisión de conferir estos cargos, que implican estabilidad, reconocimiento público y el mandato del obispo, también a las mujeres hace más efectiva la participación de todos en la labor de evangelización de la Iglesia”.

La medida viene después de una profundización de la reflexión teológica sobre estos ministerios. La teología posconciliar ha redescubierto de hecho la relevancia del Lectorado y el Acolitado, no sólo en relación con el sacerdocio ordenado, sino también y sobre todo en referencia al sacerdocio bautismal. Estos ministerios forman parte de la dinámica de colaboración recíproca que existe entre los dos sacerdocios, y han puesto de relieve cada vez más su carácter propiamente “laico”, vinculado al ejercicio del sacerdocio que pertenece a todos los bautizados como tales.

Fuente: Vatican News
Vaticano, 11-01-2021

El Papa Francisco convoca a un «Año de San José»

Con la Carta apostólica Patris corde (Con corazón de padre), el Pontífice recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como Patrono de la Iglesia Universal y, con motivo de esta ocasión, a partir de hoy y hasta el 8 de diciembre de 2021 se celebrará un año dedicado especialmente a él.

 

Un padre amado, un padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida; un padre de valentía creativa, un trabajador, siempre en la sombra: con estas palabras el Papa Francisco describe a san José de una manera tierna y conmovedora. Lo hace en la Carta apostólica Patris corde, publicada hoy con motivo del 150 aniversario de la declaración del Esposo de María como Patrono de la Iglesia Católica. De hecho, fue el Beato Pío IX con el decreto Quemadmodum Deus, firmado el 8 de diciembre de 1870, quien quiso este título para san José. Para celebrar este aniversario, el Pontífice ha convocado, desde hoy y hasta el 8 de diciembre de 2021, un “Año” especial dedicado al padre putativo de Jesús. En el trasfondo de la Carta apostólica, está la pandemia de Covid-19 que -escribe Francisco- nos ha hecho comprender la importancia de la gente común, de aquellos que, lejos del protagonismo, ejercen la paciencia e infunden esperanza cada día, sembrando la corresponsabilidad. Como san José, “el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta”. Y sin embargo, el suyo es “un protagonismo sin igual en la historia de la salvación”.

Padre amado, tierno y obediente
San José, de hecho, expresó concretamente su paternidad al haber hecho de su vida una oblación de sí mismo en el amor puesto al servicio del Mesías. De ahí su papel como “la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento “, “siempre ha sido amado por el pueblo cristiano” (1). En él, “Jesús vio la ternura de Dios”, la ternura que nos hace “aceptar nuestra debilidad”, porque “es a través y a pesar de nuestra debilidad” que la mayoría de los designios divinos se realizan. “Sólo la ternura nos salvará de la obra” del Acusador, subraya el Pontífice, y es al encontrar la misericordia de Dios, especialmente en el Sacramento de la Reconciliación, que podemos hacer “una experiencia de verdad y de ternura”, porque “Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona” (2). José es también un padre en obediencia a Dios: con su “fiat” salva a María y a Jesús y enseña a su Hijo a “hacer la voluntad del Padre”. Llamado por Dios a servir a la misión de Jesús, “coopera en el gran misterio de la redención y es verdaderamente un ministro de la salvación” (3).

Padre en la acogida de la voluntad de Dios y del prójimo
Al mismo tiempo, José es “un padre en la acogida”, porque “acogió a María sin poner condiciones previas”, un gesto importante aún hoy -afirma Francisco- “en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente”. Pero el Esposo de María es también el que, confiando en el Señor, acoge en su vida incluso los acontecimientos que no comprende, dejando de lado sus razonamientos y reconciliándose con su propia historia. La vida espiritual de José no “muestra una vía que explica, sino una vía que acoge”, lo que no significa que sea “un hombre que se resigna pasivamente”. Al contrario: su protagonismo es “valiente y fuerte” porque con “la fortaleza del Espíritu Santo”, aquella “llena de esperanza”, sabe “hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia”. En la práctica, a través de san José, es como si Dios nos repitiera: “¡No tengas miedo!”, porque “la fe da sentido a cada acontecimiento feliz o triste” y nos hace conscientes de que “Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas”. Y no sólo eso: José “no buscó atajos”, sino que enfrentó “‘con los ojos abiertos’ lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona”. Por ello, su acogida “nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles” (4).

Padre valiente y creativo, ejemplo de amor a la Iglesia y a los pobres
Patris corde destaca “la valentía creativa” de san José, aquella que surge sobre todo en las dificultades y que da lugar a recursos inesperados en el hombre. “El carpintero de Nazaret -explica el Papa- sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia”. Se enfrentaba a “los problemas concretos” de su familia, al igual que todas las demás familias del mundo, especialmente las de los migrantes. En este sentido, san José es “realmente un santo patrono especial” de aquellos que, “forzados por las adversidades y el hambre”, tienen que abandonar su patria a causa de “la guerra, el odio, la persecución y la miseria”. Custodio de Jesús y María, José “no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia”, de su maternidad y del Cuerpo de Cristo: cada necesitado, pobre, sufriente, moribundo, extranjero, prisionero, enfermo, es “el Niño” que José guarda y de él hay que aprender a “amar a la Iglesia y a los pobres” (5).

Padre que enseña el valor, la dignidad y la alegría del trabajo
Honesto carpintero que trabajó “para asegurar el sustento de su familia”, José también nos enseña “el valor, la dignidad y la alegría” de “comer el pan que es fruto del propio trabajo”. Este significado del padre adoptivo de Jesús le da al Papa la oportunidad de lanzar un llamamiento a favor del trabajo, que se ha convertido en “una urgente cuestión social”, incluso en países con un cierto nivel de bienestar. “Es necesario comprender”, escribe Francisco, “el significado del trabajo que da dignidad”, que “se convierte en participación en la obra misma de la salvación” y “ocasión de realización” para uno mismo y su familia, el “núcleo original de la sociedad”. Quien trabaja, colabora con Dios porque se convierte en “un poco creador del mundo que nos rodea”. De ahí la exhortación del Papa a todos a “redescubrir el valor, la importancia y la necesidad del trabajo para dar lugar a una nueva ‘normalidad’ en la que nadie quede excluido”. Mirando en particular el empeoramiento del desempleo debido a la pandemia de Covid-19, el Papa llama a todos a “revisar nuestras prioridades” para comprometerse a decir: “¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!” (6).

Padre en la sombra, descentrado por amor a María y Jesús
Siguiendo el ejemplo de la obra “La sombra del Padre” del escritor polaco Jan Dobraczy?ski, el Pontífice describe la paternidad de José respecto de Jesús como “la sombra del Padre celestial en la tierra”. “Nadie nace padre, sino que se hace”, afirma Francisco, porque se hace “cargo de él”, responsabilizándose de su vida. Desgraciadamente, en la sociedad actual “los niños a menudo parecen no tener padre”, padres capaces de “introducir al niño en la experiencia de la vida”, sin retenerlo ni “poseerlo”, pero haciéndolo “capaz de elegir, de ser libre, de salir”. En este sentido, José tiene el apelativo de “castísimo”, que es “lo contrario a poseer”: él, de hecho, “fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre”, “sabía cómo descentrarse” para poner en el centro de su vida no a sí mismo, sino a Jesús y María. Su felicidad está “en el don de sí mismo”: nunca frustrado y siempre confiado, José permanece en silencio, sin quejarse, pero haciendo “gestos concretos de confianza”. Su figura es, por lo tanto, ejemplar, señala el Papa, en un mundo que “necesita padres y rechaza a los amos”, que refuta a aquellos que confunden “autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción”. El verdadero padre es aquel que “rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos” y respeta su libertad, porque la paternidad vivida en plenitud hace “inútil” al propio padre, “cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida”. Ser padre “nunca es un ejercicio de posesión”, subraya Francisco, sino “un ‘signo’ que nos evoca una paternidad superior”, al “Padre celestial” (7).

La oración diaria del Papa a san José y ese “cierto reto”
Concluida con una oración a san José, Patris corde revela también, en la nota número 10, un hábito de la vida de Francisco: cada día, de hecho, “durante más de cuarenta años”, el Pontífice recita una oración al Esposo de María “tomada de un libro de devociones francés del siglo XIX, de la Congregación de las Religiosas de Jesús y María”. Es una oración que “expresa devoción y confianza” a san José, pero también “un cierto reto”, explica el Papa, porque concluye con las palabras: “Que no se diga que te haya invocado en vano, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder”.

Indulgencia plenaria para el “Año de San José”
Junto a la publicación de la Carta apostólica Patris corde, se ha publicado el Decreto de la Penitenciaría Apostólica que anuncia el “Año de San José” especial convocado por el Papa y la relativa concesión del “don de indulgencias especiales”. Se dan indicaciones específicas para los días tradicionalmente dedicados a la memoria del Esposo de María, como el 19 de marzo y el 1 de mayo, y para los enfermos y ancianos “en el contexto actual de la emergencia sanitaria”.

– Leer la Carta apostólica Patris corde

Fuente: Vatican News
Vaticano, 08-12-2020

El Papa pide unirse al Pacto Educativo Global y «dar vuelta» el modo de desarrollo

El jueves 15 de octubre a las 14:30 hora central europea, tuvo lugar un encuentro en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma sobre el Pacto Educativo Global. Durante esta iniciativa presentada por Alessandro Gisotti, vicedirector editorial del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, se proyectó un video mensaje del Papa Francisco y otro de la Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay, junto con testimonios y experiencias internacionales, que buscan mirar más allá de la pandemia con creatividad.

El evento fue organizado por la Congregación para la Educación Católica y transmitido por Vatican News de manera online en italiano, con traducción simultánea en inglés, francés, español y portugués.

En su video mensaje, el Santo Padre explica que cuando invitó a iniciar este viaje de preparación, participación y planificación de un pacto educativo global, “nunca pudimos imaginar la situación en la que se desarrollaría”, ya que “el Covid-19 ha acelerado y amplificado muchas de las emergencias y urgencias que estábamos experimentando y ha revelado muchas otras”.

Catástrofe educativa: millones de niños sin escuela
“A las dificultades de salud siguieron las económicas y sociales”, asevera el Santo Padre indicando que los sistemas educativos de todo el mundo han sufrido la pandemia tanto a nivel escolar como académico y han mostrado una marcada disparidad en las oportunidades educativas y tecnológica.

Según algunos datos recientes de los organismos internacionales, se habla de una “catástrofe educativa” -afirma el Papa- ante los aproximadamente diez millones de niños que podrían verse obligados a abandonar la escuela debido a la crisis económica generada por el coronavirus.

Este hecho aumentaría una brecha educativa ya alarmante con más de 250 millones de niños en edad escolar excluidos de toda actividad educativa.

“Dar vuelta al modelo de desarrollo”
En el video el Pontífice hace hincapié en que esta situación ha hecho que se tome conciencia de que “hay que dar la vuelta al modelo de desarrollo”, el modo que tenemos de desarrollarnos como sociedades, economías y como humanidad.

Centrándose en el poder transformante de la educación, Francisco recuerda que educar es siempre un acto de esperanza “que invita a la co-participación y a la transformación de la lógica estéril y paralizante de la indiferencia; en una lógica diversa capaz de acoger nuestra pertenencia común”. Y añade:

“También somos conscientes de que un camino de vida necesita una esperanza basada en la solidaridad, y que todo cambio requiere una trayectoria educativa, para construir nuevos paradigmas capaces de responder a los desafíos y emergencias del mundo contemporáneo, para comprender y encontrar soluciones a las necesidades de cada generación y para hacer que la humanidad florezca hoy y mañana”

Asimismo, el Papa puntualiza que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia.

“La educación es sobre todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite de generación en generación. La educación, por lo tanto, se propone como el antídoto natural a la cultura individualista, que a veces degenera en un verdadero culto al yo y a la primacía de la indiferencia. Nuestro futuro no puede ser la división, el empobrecimiento de las facultades de pensamiento y de imaginación, de escucha, de diálogo y de comprensión mutua. Nuestro futuro no puede ser este. Hoy en día se necesita una etapa renovada de compromiso educativo, que involucre a todos los componentes de la sociedad”

En este sentido, Francisco hace referencia a “un camino compartido, en el que no se permanezca indiferente al flagelo de la violencia y el abuso infantil, al fenómeno de los niños novios y los niños soldados, al drama de los niños vendidos y esclavizados”.

Llamamiento a “firmar el pacto”
Igualmente, el Santo Padre lanza un llamamiento especial, “a todas las partes del mundo, a los hombres y mujeres de la cultura, la ciencia y el deporte, a los artistas y a los trabajadores de los medios de comunicación, para que también ellos firmen este pacto y, a través de su testimonio y su trabajo, promuevan los valores de cuidado, paz, justicia, bondad, belleza, aceptación de los demás y hermandad”.

“No debemos esperar todo de aquellos que nos gobiernan, sería infantil” -afirma el Papa- “disfrutamos de un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y nuevas transformaciones. Debemos ser parte activa en la rehabilitación y el apoyo de las sociedades heridas”.

Compromiso personal y conjunto
Es por ello, que el Pontífice subraya que lo que necesitamos actualmente es “capacidad para crear armonía” e invita a todos a adherirse a este Pacto Educativo Global, comprometiéndonos personal y conjuntamente a:

1- Poner en el centro de todo proceso educativo formal e informal a la persona, su valor, su dignidad, poner de relieve su propia especificidad, su belleza, su singularidad y, al mismo tiempo, su capacidad de relacionarse con los demás y con la realidad que le rodea, rechazando aquellos estilos de vida que favorecen la difusión de la cultura del derroche.

2- Escuchar la voz de los niños, y los jóvenes a los que transmitimos valores y conocimientos, para construir juntos un futuro de justicia y paz, una vida digna para cada persona.

3- Fomentar la plena participación de las niñas en la educación.

4- Ver en la familia al primer e indispensable educador.

5- Educar y educarnos para acoger, abriéndonos a la los más vulnerables y marginados.

6- Comprometernos a estudiar para encontrar otras formas de entender la economía, la política, el crecimiento y el progreso, para que estén verdaderamente al servicio del hombre y de toda la familia humana en la perspectiva de una ecología integral.

7 – Salvaguardar y cultivar nuestra casa común, protegiéndola de la explotación de sus recursos, adoptando estilos de vida más sobrios y buscando el aprovechamiento integral de las energías renovables y respetuosas del entorno humano y natural, siguiendo los principios de subsidiariedad y solidaridad y de la economía circular.

La Doctrina Social: un punto de referencia
En definitiva, el Papa destaca que lo que queremos es comprometernos con valentía “para dar vida, en nuestros países de origen, a un proyecto educativo, invirtiendo nuestras mejores energías e iniciando procesos creativos y transformadores en colaboración con la sociedad civil”.

Y para ello, Francisco asegura que en este proceso, un punto de referencia es la “Doctrina Social” que, inspirada en las enseñanzas de la Revelación y el humanismo cristiano; se ofrece como base sólida y fuente viva para encontrar los caminos a seguir en la actual situación de emergencia.

Antes de despedirse, el Papa señala un punto fundamental ya que las grandes transformaciones no se construyen en el escritorio:

“Hay una «arquitectura de la paz» en la que intervienen las diversas instituciones y personas de una sociedad, cada una según su propia competencia, pero sin excluir a nadie. Así tenemos que seguir: todos juntos, cada uno como es, pero siempre mirando juntos hacia adelante, hacia esta construcción de una civilización de la armonía, de la unidad, donde no haya lugar para esta virulenta pandemia de la cultura del descarte”.

Fuente: Vatican News
Vaticano, 15-10-2020

«Fratelli tutti» encíclica del papa Francisco sobre la fraternidad y la amistad social

Este domingo 4 de octubre ha sido presentado el texto de la carta encíclica en la Santa Sede.

Leer la encíclica completa aquí

«Fratelli tutti». Este domingo 4 de octubre ha sido presentada la Encíclica de Francisco sobre la fraternidad y la amistad social, tras el rezo del Ángelus del papa en Plaza San Pedro. La fraternidad y la amistad social son las vías indicadas por el Pontífice para construir un mundo mejor, más justo y pacífico, con el compromiso de todos: pueblo e instituciones. Reafirmado con fuerza el no a la guerra y la globalización de la indiferencia. El texto fue firmado ayer 3 de octubre por el papa sobre la tumba de San Francisco en la ciudad de Asís.

Síntesis del contenido y estructura de la Encíclica «Fratelli tutti»

¿Cuáles son los grandes ideales, pero también los caminos concretos a recorrer para quienes quieren construir un mundo más justo y fraterno en sus relaciones cotidianas, en la vida social, en la política y en las instituciones? Esta es la pregunta a la que pretende responder, principalmente “Fratelli tutti”: el Papa la define como una “Encíclica social” (6) que toma su título de las “Admoniciones” de san Francisco de Asís, que usó esas palabras “para dirigirse a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio” (1). El Poverello “no hacía la guerra dialéctica imponiendo doctrinas, sino que comunicaba el amor de Dios”, escribe el Papa, y “fue un padre fecundo que despertó el sueño de una sociedad fraterna” (2-4). La Encíclica pretende promover una aspiración mundial a la fraternidad y la amistad social. A partir de una pertenencia común a la familia humana, del hecho de reconocernos como hermanos porque somos hijos de un solo Creador, todos en la misma barca y por tanto necesitados de tomar conciencia de que en un mundo globalizado e interconectado sólo podemos salvarnos juntos. Un motivo inspirador citado varias veces es el Documento sobre la Fraternidad humana firmado por Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar en febrero de 2019.

La fraternidad debe promoverse no sólo con palabras, sino con hechos. Hechos que se concreten en la “mejor política”, aquella que no está sujeta a los intereses de las finanzas, sino al servicio del bien común, capaz de poner en el centro la dignidad de cada ser humano y asegurar el trabajo a todos, para que cada uno pueda desarrollar sus propias capacidades. Una política que, lejos de los populismos, sepa encontrar soluciones a lo que atenta contra los derechos humanos fundamentales y que esté dirigida a eliminar definitivamente el hambre y la trata. Al mismo tiempo, el Papa Francisco subraya que un mundo más justo se logra promoviendo la paz, que no es sólo la ausencia de guerra, sino una verdadera obra “artesanal” que implica a todos. Ligadas a la verdad, la paz y la reconciliación deben ser “proactivas”, apuntando a la justicia a través del diálogo, en nombre del desarrollo recíproco. De ahí deriva la condena del Pontífice a la guerra, “negación de todos los derechos” y que ya no es concebible, ni siquiera en una hipotética forma “justa”, porque las armas nucleares, químicas y biológicas tienen enormes repercusiones en los civiles inocentes.

También es fuerte el rechazo de la pena de muerte, definida como “inadmisible” porque “siempre será un crimen matar a un hombre”, y central es la llamada al perdón, conectada al concepto de memoria y justicia: perdonar no significa olvidar, escribe el Pontífice, ni renunciar a defender los propios derechos para salvaguardar la propia dignidad, un don de Dios. En el trasfondo de la Encíclica está la pandemia de Covid-19 que – revela Francisco – “cuando estaba redactando esta carta, irrumpió de manera inesperada”. Pero la emergencia sanitaria mundial ha servido para demostrar que “nadie se salva solo” y que ha llegado el momento de que “soñemos como una única humanidad” en la que somos “todos hermanos” (7-8).

Los problemas globales requieren una acción global, no a la “cultura de los muros”
Abierta por una breve introducción y dividida en ocho capítulos, la Encíclica recoge – como explica el propio Papa – muchas de sus reflexiones sobre la fraternidad y la amistad social, pero colocadas “en un contexto más amplio” y complementadas por “numerosos documentos y cartas” enviados a Francisco por “tantas personas y grupos de todo el mundo” (5). En el primer capítulo, “Las sombras de un mundo cerrado”, el documento se centra en las numerosas distorsiones de la época contemporánea: la manipulación y la deformación de conceptos como democracia, libertad o justicia; la pérdida del sentido de lo social y de la historia; el egoísmo y la falta de interés por el bien común; la prevalencia de una lógica de mercado basada en el lucro y la cultura del descarte; el desempleo, el racismo, la pobreza; la desigualdad de derechos y sus aberraciones, como la esclavitud, la trata, las mujeres sometidas y luego obligadas a abortar, y el tráfico de órganos (10-24). Se trata de problemas globales que requieren acciones globales, enfatiza el Papa, dando la alarma también contra una “cultura de los muros” que favorece la proliferación de mafias, alimentadas por el miedo y la soledad (27-28). Además, hoy en día, hay un deterioro de la ética (29) a la que contribuyen, en cierto modo, los medios de comunicación de masas que hacen pedazos el respeto por el otro y eliminan todo pudor, creando círculos virtuales aislados y autorreferenciales, en los que la libertad es una ilusión y el diálogo no es constructivo (42-50).

El amor construye puentes: el ejemplo del buen samaritano
A muchas sombras, sin embargo, la Encíclica responde con un ejemplo luminoso, un presagio de esperanza: el del Buen Samaritano. El segundo capítulo, “Un extraño en el camino”, está dedicado a esta figura, y en él el Papa destaca que, en una sociedad enferma que da la espalda al dolor y es “analfabeta” en el cuidado de los débiles y frágiles (64-65), todos estamos llamados – al igual que el buen samaritano – a estar cerca del otro (81), superando prejuicios, intereses personales, barreras históricas o culturales. Todos, de hecho, somos corresponsables en la construcción de una sociedad que sepa incluir, integrar y levantar a los que han caído o están sufriendo (77). El amor construye puentes y estamos “hechos para el amor” (88), añade el Papa, exhortando en particular a los cristianos reconocer a Cristo en el rostro de todos los excluidos (85). El principio de la capacidad de amar según “una dimensión universal” (83) se retoma también en el tercer capítulo, “Pensar y gestar un mundo abierto”: en él, Francisco nos exhorta a “salir de nosotros mismos” para encontrar en los demás “un crecimiento de su ser” (88), abriéndonos al prójimo según el dinamismo de la caridad que nos hace tender a la “comunión universal” (95). Después de todo – recuerda la Encíclica – la estatura espiritual de la vida humana está definida por el amor que es siempre “lo primero” y nos lleva a buscar lo mejor para la vida de los demás, lejos de todo egoísmo (92-93).

Los derechos no tienen fronteras, es necesaria la ética en las relaciones internacionales
Una sociedad fraternal será aquella que promueva la educación para el diálogo con el fin de derrotar al “virus del individualismo radical” (105) y permitir que todos den lo mejor de sí mismos. A partir de la tutela de la familia y del respeto por su “misión educativa primaria e imprescindible” (114). Dos son, en particular, los “instrumentos” para lograr este tipo de sociedad: la benevolencia, es decir, el deseo concreto del bien del otro (112), y la solidaridad que se ocupa de la fragilidad y se expresa en el servicio a las personas y no a las ideologías, luchando contra la pobreza y la desigualdad (115). El derecho a vivir con dignidad no puede ser negado a nadie, dice el Papa, y como los derechos no tienen fronteras, nadie puede quedar excluido, independientemente de donde haya nacido (121). Desde este punto de vista, el Papa recuerda también que hay que pensar en “una ética de las relaciones internacionales” (126), porque todo país es también del extranjero y los bienes del territorio no pueden ser negados a los necesitados que vienen de otro lugar. Por lo tanto, el derecho natural a la propiedad privada será secundario respecto al principio del destino universal de los bienes creados (120). La Encíclica también subraya de manera específica la cuestión de la deuda externa: sin perjuicio del principio de que debe ser pagada, se espera, sin embargo, que ello no comprometa el crecimiento y la subsistencia de los países más pobres (126).

Migrantes: gobernanza mundial para proyectos a largo plazo
Al tema de las migraciones está dedicada parte del segundo y todo el cuarto capítulo, “Un corazón abierto al mundo entero”, con sus “vidas que se desgarran” (37), huyendo de guerras, persecuciones, desastres naturales, traficantes sin escrúpulos, desarraigados de sus comunidades de origen, los migrantes deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados. Hay que evitar migraciones no necesarias, afirma el Pontífice, creando en los países de origen posibilidades concretas de vivir con dignidad. Pero al mismo tiempo, el derecho a buscar una vida mejor en otro lugar debe ser respetado. En los países de destino, el equilibrio adecuado será aquel entre la protección de los derechos de los ciudadanos y la garantía de acogida y asistencia a los migrantes (38-40). Concretamente, el Papa señala algunas “respuestas indispensables” especialmente para quienes huyen de “graves crisis humanitarias”: aumentar y simplificar la concesión de visados; abrir corredores humanitarios; garantizar la vivienda, la seguridad y los servicios esenciales; ofrecer oportunidades de trabajo y formación; fomentar la reunificación familiar; proteger a los menores; garantizar la libertad religiosa y promover la inclusión social. El Papa también invita a establecer el concepto de “ciudadanía plena” en la sociedad, renunciando al uso discriminatorio del término “minorías” (129- 131). Lo que se necesita sobre todo – se lee en el documento – es una gobernanza mundial, una colaboración internacional para las migraciones que ponga en marcha proyectos a largo plazo, que vayan más allá de las emergencias individuales (132), en nombre de un desarrollo solidario de todos los pueblos basado en el principio de gratuidad. De esta manera, los países pueden pensar como “una familia humana” (139-141). El otro diferente de nosotros es un don y un enriquecimiento para todos, escribe Francisco, porque las diferencias representan una posibilidad de crecimiento (133-135). Una cultura sana es una cultura acogedora que sabe abrirse al otro, sin renunciar a sí misma, ofreciéndole algo auténtico. Como en un poliedro – una imagen apreciada por el Pontífice – el conjunto es más que las partes individuales, pero cada una de ellas es respetada en su valor (145-146).

La política, una de las formas más preciosas de la caridad
El tema del quinto capítulo es “La mejor política”, es decir, una de las formas más preciosas de la caridad porque está al servicio del bien común (180) y conoce la importancia del pueblo, entendido como una categoría abierta, disponible para la confrontación y el diálogo (160). Este es, en cierto sentido, el popularismo indicado por Francisco, que se contrapone a ese “populismo” que ignora la legitimidad de la noción de “pueblo”, atrayendo consensos para instrumentalizarlo a su propio servicio y fomentando el egoísmo para aumentar su popularidad (159). Pero la mejor política es también la que tutela el trabajo, “una dimensión irrenunciable de la vida social” y trata de asegurar que todos tengan la posibilidad de desarrollar sus propias capacidades (162). La mejor ayuda para un pobre, explica el Papa, no es sólo el dinero, que es un remedio temporal, sino el hecho de permitirle vivir una vida digna a través del trabajo. La verdadera estrategia de lucha contra la pobreza no tiene por objeto simplemente contener o hacer inofensivos a los indigentes, sino promoverlos desde el punto de vista de la solidaridad y la subsidiariedad (187). También es tarea de la política encontrar una solución a todo lo que atente contra los derechos humanos fundamentales, como la exclusión social; el tráfico de órganos, tejidos, armas y drogas; la explotación sexual; el trabajo esclavo; el terrorismo y el crimen organizado. Fuerte es el llamamiento del Papa a eliminar definitivamente el tráfico, la “vergüenza para la humanidad” y el hambre, que es “criminal” porque la alimentación es “un derecho inalienable” (188-189).

El mercado por sí solo no lo resuelve todo. Es necesaria la reforma de la ONU
La política que se necesita, subraya Francisco, es la que dice no a la corrupción, a la ineficiencia, al mal uso del poder, a la falta de respeto por las leyes (177). Se trata de una política centrada en la dignidad humana y no sujeta a las finanzas porque “el mercado solo no resuelve todo”: los “estragos” provocados por la especulación financiera lo han demostrado (168). Los movimientos populares asumen, por lo tanto, una importancia particular: verdaderos “poetas sociales” y “torrentes de energía moral”, deben involucrarse en la participación social, política y económica, sujetos, sin embargo, a una mayor coordinación. De esta manera – afirma el Papa – se puede pasar de una política “hacia” los pobres a una política “con” y “de” los pobres (169). Otro auspicio presente en la Encíclica se refiere a la reforma de las Naciones Unidas: frente al predominio de la dimensión económica que anula el poder del Estado individual, de hecho, la tarea de las Naciones Unidas será la de dar sustancia al concepto de “familia de las naciones” trabajando por el bien común, la erradicación de la pobreza y la protección de los derechos humanos. Recurriendo incansablemente a “la negociación, a los buenos oficios y al arbitraje” – afirma el documento pontificio – la ONU debe promover la fuerza del derecho sobre el derecho de la fuerza, favoreciendo los acuerdos multilaterales que mejor protejan incluso a los Estados más débiles (173-175).

El milagro de la bondad
Del capítulo sexto, “Diálogo y amistad social”, surge también el concepto de la vida como “el arte del encuentro” con todos, incluso con las periferias del mundo y con los pueblos originarios, porque “de todos se puede aprender algo, nadie es inservible” (215). El verdadero diálogo, en efecto, es el que permite respetar el punto de vista del otro, sus intereses legítimos y, sobre todo, la verdad de la dignidad humana. El relativismo no es una solución – se lee en la Encíclica – porque sin principios universales y normas morales que prohíban el mal intrínseco, las leyes se convierten sólo en imposiciones arbitrarias (206). En esta óptica, desempeñan un papel particular los medios de comunicación, que, sin explotar las debilidades humanas ni sacar lo peor de nosotros, deben orientarse al encuentro generoso y a la cercanía con los últimos, promoviendo la cercanía y el sentido de la familia humana (205). Particular, a continuación, es el llamamiento del Papa al “milagro de una persona amable”, una actitud que debe ser recuperada porque es “una estrella en medio de la oscuridad” y “una liberación de la crueldad que a veces penetra las relaciones humanas, de la ansiedad que no nos deja pensar en los demás, de la urgencia distraída” que prevalecen en los tiempos contemporáneos. Una persona amable, escribe Francisco, crea una sana convivencia y abre el camino donde la exasperación destruye los puentes (222-224).

El arte de la paz y la importancia del perdón
Reflexiona sobre el valor y la promoción de la paz, en cambio, el séptimo capítulo, “Caminos de reencuentro” en el que el Papa subraya que la paz está ligada a la verdad, la justicia y la misericordia. Lejos del deseo de venganza, es “proactiva” y tiene como objetivo formar una sociedad basada en el servicio a los demás y en la búsqueda de la reconciliación y el desarrollo mutuo (227- 229). En una sociedad, todos deben sentirse “en casa” – escribe el Papa –. Por esta razón, la paz es un “oficio” que involucra y concierne a todos y en el que cada uno debe desempeñar su papel. La tarea de la paz no da tregua y no termina nunca, continúa el Papa, y por lo tanto es necesario poner a la persona humana, su dignidad y el bien común en el centro de toda acción (230-232). Ligado a la paz está el perdón: se debe amar a todos sin excepción, dice la Encíclica, “pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable”. Es más: los que sufren la injusticia deben defender con firmeza sus derechos para salvaguardar su dignidad, un don de Dios (241-242). El perdón no significa impunidad, sino justicia y memoria, porque perdonar no significa olvidar, sino renunciar a la fuerza destructiva del mal y al deseo de venganza. No hay que olvidar nunca “horrores” como la Shoah, los bombardeos atómicos en Hiroshima y Nagasaki, las persecuciones y las masacres étnicas – exhorta el Papa –. Deben ser recordados siempre, una vez más, para no anestesiarnos y mantener viva la llama de la conciencia colectiva. Es igualmente importante recordar a los buenos, aquellos que han elegido el perdón y la fraternidad (246-252).

¡Nunca más la guerra, fracaso de la humanidad!
Una parte del séptimo capítulo se detiene en la guerra: no es “un fantasma del pasado” – subraya Francisco – sino “una amenaza constante” y representa la “negación de todos los derechos”, “un fracaso de la política y de la humanidad”, “una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal”. Además, debido a las armas nucleares, químicas y biológicas que golpean a muchos civiles inocentes, hoy en día ya no podemos pensar, como en el pasado, en una posible “guerra justa”, sino que debemos reafirmar con firmeza “¡Nunca más la guerra!” Y considerando que estamos viviendo “una tercera guerra mundial en etapas”, porque todos los conflictos están conectados, la eliminación total de las armas nucleares es “un imperativo moral y humanitario”. Más bien – sugiere el Papa – con el dinero invertido en armamento, debería crearse un Fondo Mundial para eliminar el hambre (255-262).

La pena de muerte es inadmisible, debería abolirse en todo el mundo
Francisco expresa una posición igualmente clara sobre la pena de muerte: es inadmisible y debe ser abolida en todo el mundo. “Ni siquiera el homicida pierde su dignidad personal – escribe el Papa – y Dios mismo se hace su garante”. De ahí dos exhortaciones: no ver el castigo como una venganza, sino como parte de un proceso de sanación y reinserción social, y mejorar las condiciones de las prisiones, respetando la dignidad humana de los presos, pensando también que la cadena perpetua “es una pena de muerte oculta” (263-269). Se reafirma la necesidad de respetar “la sacralidad de la vida” (283) allá donde hoy “partes de la humanidad parecen sacrificables”, como los no nacidos, los pobres, los discapacitados, los ancianos (18).

Garantizar la libertad religiosa, derecho humano fundamental
En el octavo y último capítulo, el Pontífice se ocupa de “Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo” y reitera que la violencia no encuentra fundamento en las convicciones religiosas, sino en sus deformaciones. Actos tan “execrables” como los actos terroristas, por lo tanto, no se deben a la religión, sino a interpretaciones erróneas de los textos religiosos, así como a políticas de hambre, pobreza, injusticia, opresión. El terrorismo no debe ser sostenido ni con dinero ni con armas, ni con la cobertura de los medios de comunicación, porque es un crimen internacional contra la seguridad y la paz mundial y como tal debe ser condenado (282-283). Al mismo tiempo, el Papa subraya que es posible un camino de paz entre las religiones y que, por lo tanto, es necesario garantizar la libertad religiosa, un derecho humano fundamental para todos los creyentes (279). En particular, la Encíclica hace una reflexión sobre el papel de la Iglesia: no relega su misión a la esfera privada – afirma –, no está al margen de la sociedad y, aunque no hace política, sin embargo, no renuncia a la dimensión política de la existencia. La atención al bien común y la preocupación por el desarrollo humano integral, de hecho, conciernen a la humanidad y todo lo que es humano concierne a la Iglesia, según los principios del Evangelio (276-278). Por último, recordando a los líderes religiosos su papel de “auténticos mediadores” que se dedican a construir la paz, Francisco cita el “Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común”, firmado por él mismo el 4 de febrero de 2019 en Abu Dabi, junto con el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb: de este hito del diálogo interreligioso, el Pontífice recoge el llamamiento para que, en nombre de la fraternidad humana, se adopte el diálogo como camino, la colaboración común como conducta y el conocimiento mutuo como método y criterio (285).

El Beato Carlos de Foucauld, “el hermano universal”.
La Encíclica concluye con la memoria de Martin Luther King, Desmond Tutu, Mahatma Gandhi y sobre todo, el Beato Carlos de Foucauld, modelo para todos de lo que significa identificarse con los últimos para convertirse en “el hermano universal” (286-287). Las últimas líneas del documento están confiadas a dos oraciones: una “al Creador” y la otra “cristiana ecuménica”, para que en el corazón de los hombres haya “un espíritu de hermanos”.

– Leer la encíclica completa aquí

Fuente: Vatican News – Dicasterio para las Comunicaciones
Vaticano, 04-10-2020

Francisco: Tema para la Jornada Mundial de las Comunicaciones 2021

Se ha publicado el día de hoy el tema que Papa Francisco ha elegido para la 55ª Jornada Mundial de las Comunicaciones, que se celebrará el próximo 16 de mayo 2021: “Ven y lo verás” (Jn 1, 46) Comunicar encontrando a las personas como y donde están. El mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial se publicará el próximo 24 de enero, fiesta de San Francisco de Sales.

 

En la nota publicada por la Oficina de Prensa de la Santa Sede informando el tema, se explica que las palabras del apóstol Felipe, “Ven y lo verás”, son centrales en el Evangelio: el anuncio cristiano antes que de palabras, está hecho de miradas, testimonios, experiencias, encuentros, cercanía. En una palabra, de vida. Precisamente esas palabras, han sido elegidas por el Papa Francisco como tema del 55º Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

“Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: «Sígueme.» Felipe era de Bestsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.» Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.»”

El comunicado de prensa reconoce que en el transcurso histórico que estamos viviendo, en un tiempo que nos obliga a la distancia social a causa de la pandemia, la comunicación puede hacer posible la cercanía necesaria para reconocer lo esencial y comprender verdaderamente el significado de las cosas.

“No conocemos la verdad si no la experimentamos -afirma la nota-, si no encontramos a las personas, si no participamos en sus alegrías y en sus penas. El viejo dicho ´Dios te encuentra donde estás puede ser una guía para los que trabajan en los medios de información o en la comunicación en la Iglesia. En la llamada de los primeros discípulos, con Jesús que sale a su encuentro y los invita a seguirle, vemos también la invitación a utilizar todos los medios de comunicación, en todas sus formas, para llegar a las personas como son y donde viven”.

La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales fue instituida por el Concilio Vaticano II en el decreto Inter Mirifica sobre los medios de comunicación social. Cada año se celebra el día de la Ascensión del Señor, que se celebrará el próximo año el 16 de mayo.

Fuente: Vatican News
Vaticano, 29-09-2020

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