En el marco del centenario de la Diócesis de San Felipe, se presentó oficialmente el proyecto “Inventario y puesta en valor de los bienes culturales de la Diócesis de San Felipe”, una significativa iniciativa que busca proteger y dar a conocer el rico patrimonio religioso de esta Iglesia particular, que ha acompañado con fe y esperanza al pueblo de Aconcagua por cien años.
El proyecto fue liderado por el Museo Histórico de San Felipe —perteneciente a la Sociedad de Historia y Arqueología de Aconcagua—, el equipo a cargo, estuvo conformado por un grupo multidisciplinario de profesionales y colaboradores: Claudio Díaz, encargado del proyecto, María Luisa Castro, Elizabeth Stephens, José Luis Opazo, la restauradora Catalina Aravena y la gestora cultural Adela Cubillos, quien también es directora del Museo Histórico, con el respaldo del Obispado y el financiamiento de la Ley de Donaciones Culturales. Su ejecución permitió recorrer ocho parroquias y sus respectivas capillas, los lugares seleccionados para este paso inicial fueron: Parroquia Cristo de la Salud, Parroquia Santa Rosa de Lima (y Museo Espíritu Santo), Parroquia Sagrada Familia, Parroquia San Maximiano, Parroquia Catedral de San Felipe, Parroquia San José Obrero, Parroquia San Antonio de Padua y Parroquia Nuestra Señora de Andacollo. inventariando un total de 785 objetos religiosos de alto valor histórico, artístico y espiritual. Esta primera etapa representa cerca del 30% del territorio eclesial, sentando un precedente para nuevas etapas y futuros esfuerzos de conservación.
Entre los objetos registrados se encuentran esculturas, pinturas, vasos sagrados, ornamentos litúrgicos y mobiliario devocional, algunos con varios siglos de historia. Cada pieza fue documentada con rigurosos estándares internacionales establecidos por la UNESCO, incluyendo ficha técnica, estado de conservación y ubicación.
«Estos objetos no son solo testimonios del pasado, sino que expresan la fe viva de nuestras comunidades, el caminar del Pueblo de Dios, sus oraciones, alegrías y sufrimientos. Son parte del alma espiritual de nuestro valle», señaló Claudio Díaz, responsable del proyecto.
Este inventario, más que una recopilación técnica, se transforma en un gesto de memoria viva y de gratitud a Dios por el caminar de esta Iglesia local. A pocos meses de la celebración oficial del centenario, se erige como una de las acciones más significativas, que fortalece la identidad cultural y espiritual del Aconcagua, y deja una huella perdurable para las nuevas generaciones de fieles.