El proyecto “Camino de Misericordia y Reintegración”, presentado en Santa María, propone un acompañamiento integral —psicoterapéutico, social y espiritual— como signo concreto de la misión de la Iglesia frente a contextos marcados por la violencia, las adicciones y el debilitamiento del tejido social, promoviendo procesos de recuperación y esperanza desde la comunidad.
Con una profunda inspiración eclesial y poniendo en el centro la dignidad de la persona humana, este viernes 27 de marzo, en el comedor parroquial de la Parroquia Inmaculada Concepción de Santa María, se llevó a cabo la presentación del proyecto “Camino de Misericordia y Reintegración”, una iniciativa socio-pastoral gestada desde la Escuela del Diaconado Permanente de la Diócesis de San Felipe, en articulación con la Delegación Episcopal para la Pastoral Social – Cáritas.
Este proyecto nace como una respuesta concreta de la Iglesia ante las realidades de dolor y vulnerabilidad que afectan a numerosos jóvenes y sus familias, especialmente en contextos marcados por las adicciones, la violencia y la fragilidad del tejido social. En este sentido, la propuesta no solo contempla un abordaje profesional e interdisciplinario, sino que pone su fundamento en una convicción profundamente cristiana: que la persona se salva y se reconstruye en comunidad, acogida desde el amor de Dios y reconocida en su dignidad sagrada.
La urgencia de este tipo de iniciativas se ve reflejada en cifras preocupantes. Según el Informe Anual de Derechos Humanos en Chile (2024), 1.124 menores de 18 años fallecieron por armas de fuego entre 2021 y 2023, y un 47% de estos casos ocurrió en contextos vinculados al uso de fuegos artificiales como cobertura para disparos. A esto se suman más de 430 funerales de riesgo al año, situaciones que evidencian cómo el narcotráfico y la violencia han ido permeando la vida de nuestras comunidades, afectando incluso el funcionamiento de espacios fundamentales como escuelas, jardines infantiles y centros de salud.
Frente a este escenario, la Iglesia diocesana, desde su misión evangelizadora y su compromiso con los más vulnerables, impulsa este proyecto como un signo concreto de esperanza, orientado a fortalecer el tejido social, mejorar la calidad de vida y promover procesos de reparación integral en jóvenes que han sido afectados por estas realidades.
La iniciativa es liderada por los candidatos a la Escuela del Diaconado Permanente —José Lazcano, Moisés Herrera, Ricardo Fernández y Alexis Maldonado— junto al diácono José Carrillo y la Concejal Marisol Ponce, bajo la guía del párroco Sergio Barahona y con el acompañamiento de la delegada episcopal para la Pastoral Social, Marcela Pérez.
Durante la jornada de presentación, se congregó una amplia red de apoyo integrada por representantes del ámbito social, de salud y autoridades comunales, entre ellos la directora del CESFAM Santa María, Lorena León Escudero, el encargado de Salud Mental, Cheryl Valero; la representante de OMIL Santa María, Claudia Herrera Fernández; la coordinación del programa SENDA Previene; el alcalde Claudio Zurita Ibarra, la concejala Marisol Ponce, equipos municipales y el psicólogo Andrés Segovia, quien se incorporará como profesional a cargo del acompañamiento terapéutico.
En este espacio, se presentó el diseño del programa, que contempla un proceso de intervención de ocho meses, articulando acompañamiento psicoterapéutico, inserción social y apoyo espiritual. Asimismo, se generó un diálogo colaborativo que permitió proyectar acciones concretas desde cada institución, tales como talleres formativos, atención en salud mental, vinculación con redes de apoyo y oportunidades de inserción laboral.
Sin embargo, el corazón de esta iniciativa va más allá de la articulación técnica. “Camino de Misericordia y Reintegración” se fundamenta en la certeza de que ninguna persona se recupera en soledad, sino en una comunidad que acoge, acompaña y camina junto a ella. Es una expresión viva de la Iglesia en salida, que, como ha señalado el Papa Francisco, está llamada a ir a las periferias existenciales, allí donde más se necesita presencia, escucha y misericordia.
La jornada concluyó en un ambiente de unidad y compromiso, encomendando este proyecto a Dios y a la Virgen María, y valorando especialmente la disposición de cada institución presente, que ha asumido el desafío de trabajar en red para responder de manera integral a esta realidad.
De este modo, la Diócesis de San Felipe reafirma su compromiso con la vida, la dignidad y la esperanza, promoviendo iniciativas que no solo atienden necesidades urgentes, sino que buscan transformar realidades desde el Evangelio y el encuentro humano profundo.
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