Cientos de fieles participaron de esta significativa manifestación de fe convocada por la Delegación Episcopal para la Familia de la Diócesis de San Felipe, en preparación a la celebración de Pentecostés.
Con una amplia participación de familias y comunidades provenientes de distintos puntos del Decanato de Petorca, este sábado se desarrolló la Peregrinación de Pentecostés en Familia, organizada por la Delegación Episcopal para la Familia de la Diócesis de San Felipe.
La actividad se realizó en la ciudad de La Ligua y convocó a niños, jóvenes, adultos y adultos mayores que, animados por el deseo de prepararse para la solemnidad de Pentecostés, caminaron unidos como Iglesia peregrina, fortaleciendo los lazos de comunión y fraternidad entre las comunidades del territorio.
La peregrinación se inició en Villa Holanda y recorrió diversos sectores de la ciudad, transformándose en un visible testimonio de fe para quienes presenciaron el paso de los peregrinos. Durante el recorrido se vivieron momentos de oración, reflexión y alegría, en torno a la acción renovadora del Espíritu Santo en la vida de las familias y de la Iglesia.
La Delegación Episcopal para la Familia, junto a su equipo de servicio pastoral, se trasladó especialmente hasta el Decanato de Petorca para acompañar esta significativa jornada, reafirmando así el compromiso de la diócesis con la promoción y fortalecimiento de la pastoral familiar en las distintas comunidades del territorio diocesano.
La celebración contó con la presencia del vicario pastoral de la Diócesis de San Felipe, padre Claudio Acevedo López, y de los delegados episcopales para la Familia, Andrés Figari y Pilar Báez, quienes acompañaron a los peregrinos durante todo el recorrido y participaron de la celebración eucarística de clausura.
La caminata culminó en el templo parroquial Santo Domingo de Guzmán de La Ligua, donde se celebró la Santa Eucaristía. Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue la gran asistencia de fieles y familias, que colmaron completamente el templo parroquial para participar de la celebración final.
La Peregrinación de Pentecostés en Familia permitió renovar la fe de las comunidades, fortalecer la vida familiar cristiana y reafirmar el llamado a caminar juntos bajo la guía del Espíritu Santo, anunciando con alegría a Jesucristo vivo en medio de la sociedad.
De esta manera, la Iglesia diocesana continúa promoviendo espacios de encuentro, oración y comunión, donde las familias son protagonistas de la vida eclesial y signo de esperanza para el mundo de hoy.
Con alegría y espíritu de fe, la comunidad de la Parroquia San Francisco de Asís de Curimón invita a todas las capillas, comunidades y fieles de la zona a participar del inicio del Año Jubilar con motivo de los 800 años del tránsito al cielo de San Francisco de Asís.
La celebración se realizará el próximo domingo 31 de mayo, a las 12:00 horas, en el templo parroquial de Curimón, en una significativa Eucaristía que será presidida por el padre Omar Orellana.
Este importante tiempo jubilar busca convertirse en una instancia de renovación espiritual, oración y encuentro comunitario, recordando el legado de San Francisco de Asís, hombre de profunda humildad, fraternidad y amor por Dios, la Iglesia y toda la creación.
La comunidad parroquial, junto a su párroco y Consejo Parroquial, ha extendido esta invitación a todas las comunidades y fieles para vivir unidos este tiempo de gracia, esperanza y reflexión, inspirado en el testimonio de uno de los santos más queridos y universales de la Iglesia.
Asimismo, este Año Jubilar será una oportunidad para profundizar en la espiritualidad franciscana, fortaleciendo valores como la sencillez, el servicio, la paz y el cuidado de la creación, tan necesarios para el tiempo actual.
Desde la Parroquia San Francisco de Asís de Curimón animan a todas las familias, agentes pastorales y comunidades a hacerse parte de esta celebración que marcará el inicio de un camino jubilar lleno de fe y fraternidad.
“Vivamos juntos este tiempo de gracia, fe y esperanza”, es el llamado realizado por la comunidad parroquial en preparación a esta importante celebración.
La instancia, organizada por la Pastoral Juvenil de Chile, reunió a agentes pastorales y representantes de distintas diócesis del país para reflexionar sobre los desafíos actuales de la evangelización de los jóvenes.
Entre los días 19 y 22 de mayo se desarrolló en la comuna de San Francisco de Mostazal el Encuentro Nacional de Pastoral Juvenil, organizado por la Pastoral Juvenil de Chile junto a la Conferencia Episcopal de Chile, convocando a representantes y equipos pastorales provenientes de diversas diócesis del país.
La Diócesis de San Felipe estuvo representada por integrantes de la Delegación Episcopal para la Pastoral Juvenil: Luna Olivares, Sandra Muñoz y Natalia Galdámez, quienes participaron activamente de las distintas jornadas de formación, oración, diálogo y trabajo pastoral desarrolladas durante el encuentro.
La actividad tuvo como objetivo fortalecer el acompañamiento a los jóvenes desde las distintas realidades eclesiales del país, promoviendo espacios de reflexión sobre los desafíos que enfrenta hoy la pastoral juvenil en el contexto social, cultural y digital actual.
El programa contempló momentos de oración comunitaria, celebraciones eucarísticas y diversas sesiones formativas. Entre los temas abordados destacaron la realidad de los jóvenes que acompañan las comunidades eclesiales, la espiritualidad de los asesores de pastoral juvenil, los desafíos del acompañamiento pastoral, la presencia de los jóvenes en la era digital y la necesidad de humanizar los espacios virtuales desde una mirada evangelizadora.
Asimismo, uno de los momentos más enriquecedores fue el intercambio de experiencias entre las distintas diócesis del país, permitiendo conocer iniciativas, proyectos y formas de trabajo que actualmente se desarrollan en parroquias, movimientos y comunidades juveniles.
Luna Olivares, integrante de la delegación diocesana, expresó su gratitud por la oportunidad de participar en esta instancia nacional, destacando especialmente la riqueza del encuentro con otras realidades pastorales.
“Fue una experiencia muy significativa. Pudimos conocer el trabajo que realizan otras diócesis, compartir experiencias y descubrir que muchos de los desafíos que vivimos en nuestra diócesis también están presentes en otras comunidades del país”, señaló.
Otro aspecto que llamó especialmente la atención de las participantes fue el entusiasmo y la preparación que diversas diócesis ya están desarrollando de cara a la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se realizará en Seúl, Corea del Sur, acontecimiento que comenzará a movilizar a miles de jóvenes católicos de todo el mundo.
Durante las jornadas también se abordaron experiencias pastorales vinculadas al trabajo con jóvenes en parroquias, colegios, movimientos y comunidades eclesiales, favoreciendo el diálogo, la escucha y la construcción de redes de colaboración entre las distintas delegaciones participantes.
Desde la Delegación Episcopal para la Pastoral Juvenil de la Diócesis de San Felipe valoraron positivamente esta experiencia, destacando que estos espacios permiten renovar el compromiso evangelizador, fortalecer la formación de los agentes pastorales y recoger herramientas que contribuyan al acompañamiento de los jóvenes de nuestra Iglesia diocesana.
De esta manera, la participación en el Encuentro Nacional de Pastoral Juvenil se transforma en una oportunidad para seguir impulsando una pastoral cercana, dinámica y misionera, capaz de responder a los desafíos de las nuevas generaciones y de anunciar con alegría a Jesucristo en medio del mundo juvenil actual.
La Iglesia da testimonio de su fe sirviendo a las personas y a la sociedad, y esto se organiza principalmente en las parroquias y capillas de nuestras diócesis. Para que este servicio sea eficaz, necesitamos contar con los medios materiales necesarios, particularmente en momentos difíciles que atraviesa la sociedad, cuando busca refugio en Dios y necesita acompañamiento espiritual.
Nuestra misión es:
Anunciar el Evangelio, siempre y por todas las vías disponibles. Celebrar la vida nueva en Cristo, aun cuando por emergencia no podamos congregarnos masivamente. Acoger gratuitamente al necesitado, sobre todo en tiempos de gran dificultad como el que vivimos. Dar testimonio de nuestro amor entre hermanos, con personal disponible para celebrar, visitar, hacer llamados y acompañar a distancia.
Misión y Fundamentos
Como Aportar
Misión y Fundamentos
Destinos de los Aportes a la Iglesia
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Misión y Fundamentos
La Iglesia actúa en la sociedad y la sirve por medio de una estructura visible. Para que esa existencia visible sea eficaz, se debe disponer de los medios materiales necesarios y así pueda realizar su misión:
Anunciar el Evangelio
Celebrar la vida nueva en Cristo
Acoger gratuitamente al necesitado
Dar testimonio de nuestro amor entre hermanos
Contribución del 1%: ¿Qué es?
Para que la Iglesia disponga de medios materiales que la constituyen como signo visible en este mundo, es necesario que todos los fieles que la integran contribuyan a proveerla con parte de sus bienes; al hacerlo su aporte queda elevado al orden sobrenatural al ser parte integrante de un sacramento de salvación. Por eso ningún dinero tiene mejor destino que el que se ofrece para que la Iglesia desarrolle su misión. Esta es la “Contribución a la Iglesia”.
¿Para quién es este llamado?
Este llamado va dirigido a los bautizados, sin distinción de edad, nacionalidad, estado civil, educación, profesión o lugar de residencia.
Específicamente a los católicos practicantes que valoran el accionar de los sacerdotes, catequistas y voluntarios que trabajan bajo el alero de la iglesia.
La iglesia siempre está en nuestras vidas, acompañándonos en las etapas más importantes, en las fiestas religiosas o regularmente en la misa dominical: la Iglesia siempre está presente para acogernos con cariño.
Todos estamos llamados a participar contribuyendo con el 1% según nuestro corazón y nuestros medios: un padre de familia puede dar el 1%, un joven puede dar algo de su mesada, incluso los niños pueden comprometerse.
No existe aporte demasiado pequeño, o demasiado grande. La verdadera medida que da valor a lo que damos a la iglesia, es el amor con que lo hacemos.
La misión de la Iglesia es anunciar la buena noticia del amor incondicional de Dios para todos y cada uno de los seres humanos, expresado en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo, Hijo de Dios.
¿Por qué aportar?
Porque la Iglesia depende exclusivamente de los aportes voluntarios de sus fieles para poder desarrollar su misión.
Porque si los católicos no ayudamos al sostenimiento de su Iglesia, ¿Quién lo hará?
Porque aún existen grandes necesidades que la Iglesia no puede afrontar por falta de fondos.
¿Cómo desarrolla la iglesia esta misión?
Dando culto a Dios, fundamental razón de nuestro existir
Celebrando los sacramentos: Eucaristías, Bautizos, Matrimonios.
Educando en la fe: al catequizar, predicar, desarrollar misiones pastorales
Desarrollando obras de caridad y apostolado
Dando un sentido a nuestra vida
Acogiendo y acompañando a los hombres y mujeres de hoy
¿Quiénes realizan esta misión?
Sacerdotes y diáconos que nos guían en nuestro conocimiento y experiencia del Evangelio
Religiosos y religiosas que ayudan a nuestros pastores en su labor.
Sacerdotes ancianos, que nos han dado tanto y que continúan apoyándonos a través de su oración.
Seminarios y seminaristas diocesanos
Laicos remunerados que trabajan en las parroquias
Laicos, voluntarios y catequistas no remunerados
¿Para qué requiere la iglesia de medios materiales?
Para remunerar dignamente a los sacerdotes, diáconos, religiosos/as.
Para proveer de los elementos necesarios para celebrar los sacramentos
Para anunciar el Evangelio y financiar la pastoral entregando a los voluntarios los medios materiales necesarios para esta misión
Para ayudar a los necesitados
Para acompañar a los jóvenes en su búsqueda, a los enfermos en su dolor
Para construir y mantener templos y lugares de oración
Sin nuestro aporte, la Iglesia no puede realizar su misión de anunciar el Amor de Dios por todos los hombres.
Como Aportar
Cómo Aportar
Hoy la Iglesia en Chile necesita tu aporte para sostener y animar el trabajo pastoral de las parroquias y capillas a través de la comunidad presente, acompañada por sus sacerdotes, diáconos, y personal de apoyo administrativo. Queremos invitarte a ser parte activa de esta misión de una manera más cercana, simple y segura por medio de tu compromiso permanente que mantenga viva la fe y la solidaridad en las comunidades eclesiales.
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Donación por una sola vez en Línea
A través de este link: Contribución en línea, podrá hacer su aporte por una vez, eligiendo la parroquia que usted desee y cancelando con su tarjeta de débito o tarjeta de crédito.
Si su aporte se realiza a través de este mecanismo, no es necesario enviarnos copia de su aporte ni del destino de éste.
Misión y Fundamentos
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Para que la Iglesia disponga de medios materiales que la constituyen como signo visible en este mundo, es necesario que todos los fieles que la integran contribuyan a proveerla con parte de sus bienes; al hacerlo su aporte queda elevado al orden sobrenatural al ser parte integrante de un sacramento de salvación. Por eso ningún dinero tiene mejor destino que el que se ofrece para que la Iglesia desarrolle su misión. Esta es la “Contribución a la Iglesia”.
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Este llamado va dirigido a los bautizados, sin distinción de edad, nacionalidad, estado civil, educación, profesión o lugar de residencia.
Específicamente a los católicos practicantes que valoran el accionar de los sacerdotes, catequistas y voluntarios que trabajan bajo el alero de la iglesia.
La iglesia siempre está en nuestras vidas, acompañándonos en las etapas más importantes, en las fiestas religiosas o regularmente en la misa dominical: la Iglesia siempre está presente para acogernos con cariño.
Todos estamos llamados a participar contribuyendo con el 1% según nuestro corazón y nuestros medios: un padre de familia puede dar el 1%, un joven puede dar algo de su mesada, incluso los niños pueden comprometerse.
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Porque si los católicos no ayudamos al sostenimiento de su Iglesia, ¿Quién lo hará?
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¿Cómo desarrolla la iglesia esta misión?
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Celebrando los sacramentos: Eucaristías, Bautizos, Matrimonios.
Educando en la fe: al catequizar, predicar, desarrollar misiones pastorales
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¿Quiénes realizan esta misión?
Sacerdotes y diáconos que nos guían en nuestro conocimiento y experiencia del Evangelio
Religiosos y religiosas que ayudan a nuestros pastores en su labor.
Sacerdotes ancianos, que nos han dado tanto y que continúan apoyándonos a través de su oración.
Seminarios y seminaristas diocesanos
Laicos remunerados que trabajan en las parroquias
Laicos, voluntarios y catequistas no remunerados
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Para remunerar dignamente a los sacerdotes, diáconos, religiosos/as.
Para proveer de los elementos necesarios para celebrar los sacramentos
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Para ayudar a los necesitados
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Destinos de los Aportes a la Iglesia
DESTINO DE LOS APORTES A LA IGLESIA
Destino de los aportes recaudados
En términos generales, cada parroquia que recauda el 1%, se queda con un porcentaje y envía lo restante a su respectiva Administración Diocesana, es decir Arquidiócesis, Diócesis, Vicariato o Prelatura. Este porcentaje es variable y lo define el Obispo responsable en cada caso, para esto se puede definir que se aplique un mismo porcentaje para todas las parroquias o se diferencia entre parroquias, según el sector de ingresos en donde estén ubicadas (las parroquias que están en sectores de menores recursos retienen un mayor porcentaje de su recaudación, mientras que las parroquias ubicadas en sectores de mejores ingresos, retienen un monto bastante menor).
Lo que se recibe por concepto del 1% en la administración de cada Diócesis, constituye un fondo solidario que se destina a pagar sólo los gastos generales de esa diócesis en particular, gastos del culto divino, construcción y mantención de templos y lugares de culto, pago de personal laico remunerado (secretaria, etc), congrua de sacerdotes y religiosos/as, mantención de seminarios y seminaristas, etc.
Adicionalmente, el 1% de todo lo recaudado en las diócesis se envía anualmente a la Santa Sede como Aporte Papal.
1% y más
Colectas de Misas dominicales: El dinero que se entrega a estas colectas queda en la Parroquia para sus necesidades.
Colectas Especiales: Durante el año se organizan colectas con un fin específico (sacerdotes ancianos, misiones, etc). Lo recolectado en este caso va a un fondo común diocesano para el exclusivo uso del motivo de la colecta.
Ofrendas de misa: Los fieles pueden pedir que una Misa sea dicho por una intención particular: por un difunto, por un enfermo o por una gracia en especial. En este caso, la ofrenda que se entrega a la parroquia para este fin, es dinero que queda en la misma parroquia para sus necesidades.
Otras ofrendas: Otras ofrendas entregadas con motivo de Bautizos, Matrimonios, Funerales, etc, se quedan en la Parroquia y se utilizan para sus gastos internos.
Legados y Donaciones Especiales: Las diócesis están facultadas para recibir legados y donaciones, cuyo destino está definido exclusivamente por la intención del donante, es decir no puede ser definido por quien recibe esta donación.
Comunidades, agentes pastorales y representantes de instituciones educativas participaron en una jornada de encuentro y proyección del compromiso social de la Iglesia en el territorio decanal.
Con el propósito de fortalecer el compromiso social y pastoral de las comunidades, este miércoles 20 de mayo pasado se realizó un encuentro entre agentes pastorales del Decanato de San Felipe y el equipo de la Delegación de Pastoral Social de la Diócesis de San Felipe.
La jornada reunió a representantes de distintas parroquias, movimientos y servicios pastorales del decanato, quienes reflexionaron y dialogaron en torno a las diversas acciones sociales, campañas solidarias y proyectos que actualmente se están desarrollando en las comunidades del territorio.
El encuentro tuvo como principal objetivo presentar el trabajo que impulsa la Pastoral Social en este tiempo pastoral, especialmente las iniciativas vinculadas a la campaña de Cuaresma y otras acciones de acompañamiento a personas y familias en situación de vulnerabilidad.
Asimismo, se motivó a las comunidades a fortalecer una verdadera red de acción social y pastoral al servicio de los hermanos más excluidos, promoviendo un trabajo conjunto y articulado entre las parroquias, dejando atrás iniciativas aisladas para avanzar hacia una misión más comunitaria, organizada y comprometida con las realidades del territorio.
La jornada comenzó con un momento de Adoración al Santísimo Sacramento, presidido por el padre Francisco Plaza, decano de San Felipe, quien animó a los presentes a asumir con generosidad y compromiso activo el llamado de la Iglesia a servir a quienes más necesitan acompañamiento y cercanía.
Durante su reflexión, el sacerdote destacó la importancia de vivir la fe desde gestos concretos de fraternidad y servicio, promoviendo comunidades que salgan al encuentro de las necesidades humanas y espirituales presentes en la sociedad.
En este encuentro también participaron jóvenes del AIEP San Felipe, estudiantes de la Universidad de Valparaíso y representantes de CEVAS San Felipe, quienes manifestaron su disposición y compromiso para colaborar en las diversas acciones sociopastorales impulsadas por el decanato.
Asimismo, la jornada contó con la presencia del administrador de bienes del Obispado de San Felipe, quien acompañó este espacio valorando el trabajo que realizan las comunidades y agentes pastorales en favor de quienes más necesitan apoyo, cercanía y acompañamiento, destacando la importancia de seguir fortaleciendo iniciativas solidarias que expresen concretamente el rostro misericordioso de la Iglesia.
Como diócesis, este tipo de encuentros continúa fortaleciendo el caminar conjunto entre las comunidades y reafirma el compromiso pastoral de seguir construyendo una Iglesia cercana, servidora y comprometida con la dignidad de cada persona.
La jornada reunió a agentes pastorales y voluntarios de los decanatos de San Felipe y Los Andes, quienes reflexionaron sobre el liderazgo cristiano inspirado en el servicio de Jesús, fortaleciendo así el acompañamiento y la formación permanente en la labor social de la Iglesia diocesana.
En el marco del programa de formación y autocuidado impulsado para este año 2026, la Delegación de Pastoral Social de la Diócesis de San Felipe llevó a cabo el pasado lunes 18 de mayo una nueva jornada formativa dirigida a agentes pastorales y voluntarios de los distintos servicios que integran esta área pastoral.
La actividad, titulada “El liderazgo de la toalla”, abordó el tema del servicio con excelencia al estilo de Jesús, profundizando en la diferencia entre un liderazgo basado en el servicio y uno centrado en el poder, invitando a los participantes a reflexionar sobre el llamado cristiano a servir desde la humildad, la cercanía y el compromiso con los demás.
La jornada contó con la participación de representantes de diversos servicios pastorales pertenecientes a los decanatos de San Felipe y Los Andes, quienes valoraron positivamente este espacio de encuentro, aprendizaje y fortalecimiento comunitario.
Desde la organización destacaron la buena asistencia de voluntarios y agentes pastorales, así como también la positiva recepción que ha tenido la propuesta de formación constante impulsada por la Delegación de Pastoral Social durante este año.
Marcela Pérez, delegada de Pastoral Social, agradeció especialmente la participación y el esfuerzo realizado por las comunidades para organizarse y ser parte de esta instancia formativa.
“Valoramos profundamente el compromiso de cada voluntario y agente pastoral que dedica tiempo a seguir formándose y creciendo en su servicio a los demás. Estas jornadas buscan acompañar, fortalecer y cuidar a quienes diariamente entregan su tiempo y vocación al servicio de las comunidades”, expresó.
Por su parte, Patricio González, integrante de la Pastoral Social de Santa Rosa, manifestó su gratitud por este tipo de espacios, señalando que “estas instancias vienen a fortalecer, formar y acompañar la labor que realiza cada voluntario desde las distintas realidades y servicios pastorales”.
La Delegación de Pastoral Social continuará desarrollando durante el año nuevas instancias de formación, acompañamiento y autocuidado, reafirmando así su compromiso con el crecimiento humano, espiritual y pastoral de quienes sirven en las diversas comunidades de la diócesis.
Con motivo del 135.º aniversario de la «Rerum novarum», el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, «Magnifica humanitas», sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial. El llamamiento a custodiar «una magnífica humanidad habitada por Dios», promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo.
«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, «sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial»— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada hoy, lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. Y de su predecesor, el papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial.
Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» (4), ni «un mal en sí misma» (9). Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» (16).
La Doctrina Social de la Iglesia es teología de la comunión
El primer capítulo —Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio— repasa la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en el magisterio reciente y en el Concilio Vaticano II, poniendo de relieve «su carácter dinámico» (17). Lejos de ser «un manual de principios y normas que aplicar», la DSI es más bien «un camino de discernimiento comunitario», una «teología de la comunión en la historia» (27) que orienta la lectura de los acontecimientos a la luz del Evangelio. León XIV recuerda el pensamiento de sus predecesores: desde Pío XII —el primero en emplear la expresión «Doctrina social de la Iglesia» en la exhortación apostólica Menti nostrae de 1950— hasta el Papa Francisco, pasando naturalmente por la Rerum novarum de 1891, definida como «hito en la evolución del magisterio social» (30). En sus respectivas épocas, cada sucesor de Pedro «ha puesto de relieve diferentes aspectos de un único patrimonio: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, la destinación universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad» (45).
Proteger la dignidad humana: la persona no es un recurso que se pueda explotar
En el segundo capítulo, León XIV enumera los Fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia: entre los primeros, incluye la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Es necesario recordarlo, ya que «la presión de nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos» puede reducir a la persona a «un recurso que se usa y se explota» o a «lo que realiza o produce» (51). Por el contrario, «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada» (53). Un segundo fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia es la inviolabilidad de los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida «desde la concepción hasta su final natural»: a este respecto, León XIV define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como «decisiones gravemente ilícitas» (55). El tercer fundamento es el reconocimiento de los derechos de las minorías, con especial atención a las mujeres: en su favor, el Pontífice pide «decisiones concretas» en las leyes, en el trabajo, en la educación, en las responsabilidades sociales y políticas, para que sean verdaderamente escuchadas y valoradas (57).
Es inmoral e inaceptable eliminar o someter a una nación
En cuanto a los principios de la DSI, León XIV señala cinco: el primero es el bien común, «forma social de la dignidad reconocida a cada uno» (59). En un punto el Papa es particularmente firme: «La promoción del bien común no puede separarse nunca del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con su originalidad a la familia de las naciones». En consecuencia, «cualquier intento o proyecto de eliminar o someter a una nación es gravemente inmoral y, por tanto, inaceptable» (64).
La tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos
El segundo principio se refiere a la destinación universal de los bienes: aquí y en otros puntos de la encíclica, León XIV insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital (67). De ello se derivan el tercer y el cuarto principio, a saber, la subsidiariedad (68) —que exige superar el paternalismo y el asistencialismo en favor de la corresponsabilidad— y la solidaridad (73), «principio y virtud» que se opone a la indiferencia y tiene en cuenta a los pueblos y a las generaciones futuras.
La justicia social y la «prueba de fuego» de los migrantes
El quinto principio de la DSI señalado por el Papa es la justicia social: en la era digital, debe garantizar a todos un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los más frágiles, combatir el odio y la desinformación, someter a control público el uso de los datos y las tecnologías, «de modo que el criterio no sea solo el lucro, sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos» (80). León XIV señala en los migrantes, los refugiados y los desplazados un «banco de pruebas decisivo» en este ámbito: la forma en que la sociedad los trata demuestra «si la idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad». De ahí el llamamiento tanto a custodiar «el derecho a la esperanza» de quienes se ven obligados a partir, garantizándoles vías seguras y legales, una acogida digna y la integración; como a promover «el derecho a quedarse» de cada uno en su propia tierra en paz y seguridad, abordando «las causas profundas» de las migraciones (81).
Los abusos y el examen de conciencia para la Iglesia
El Pontífice entiende que los cinco principios mencionados están dirigidos no solo a la sociedad, sino también a la Iglesia, llamada a «un examen de conciencia»: el Papa exhorta a «depurar las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que producen desigualdades, opacidad y prevaricaciones». La invitación es a escuchar a las «víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia», ya que ello «forma parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención» (89).
Se necesita un código ético compartido sobre la IA
El tercer capítulo —Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA— entra en el meollo del tema de la inteligencia artificial. León XIV advierte contra el «paradigma tecnocrático» ya denunciado por Francisco y por el cual toda elección viene dictada exclusivamente por parámetros de eficiencia y beneficio (92). Por el contrario, la tecnología más potente no es necesariamente la mejor: la IA puede imitar y simular al hombre, pero no posee conciencia moral, empatía, capacidad afectiva, relacional ni espiritual. Por lo tanto, es necesario abordar la IA con sobriedad y vigilancia, manteniendo la claridad sobre las responsabilidades de todas sus etapas (accountability) y apostando por políticas y marcos jurídicos adecuados, una supervisión independiente y la educación de los usuarios. Sobre todo, se necesita un código ético sometido a criterios de justicia social compartida, porque «no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos» (107). Sin dejar de lado el impacto ambiental de las nuevas tecnologías, que requieren grandes cantidades de energía y agua, afectando a las emisiones de dióxido de carbono y dañando la Creación (101).
Desarmar la IA y sustraerla de la lógica competitiva
Hay que «desarmar la IA» —insiste León XIV— para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano. Esta tarea es ética, técnica y ecológica porque la IA «ya es el entorno en el que estamos inmersos y el poder con el que debemos contar» (110). Se dedica un amplio espacio a la crítica del transhumanismo y del poshumanismo, que interpretan el progreso como la superación de los límites de lo humano. En cambio, el límite no es un defecto que haya que eliminar, sino una dimensión constitutiva de la persona, porque «el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite» (118), reconociendo en la fragilidad y en la finitud lugares en los que maduran la relación, el cuidado y la apertura a Dios y al otro.
Que el progreso de la técnica no haga retroceder el corazón
Hay mucho en juego: hacer crecer la técnica eliminando los límites de lo humano significa, de hecho, hacer retroceder el corazón. Magnífica y, sin embargo, herida, la humanidad «no debe ser sustituida ni superada». La tecnología puede aliviar sus sufrimientos y abrirle nuevas posibilidades, pero no debe negarla en lo que le es propio: «la capacidad de relación y de amor» (126). Ante la IA, la verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos formas de construir el progreso: al servicio de la persona y de los pueblos o de las lógicas de poder (129). Una elección que nos concierne a todos: «la construcción de Babel o la de Jerusalén», las dos «ciudades» del hombre y de Dios señaladas también por san Agustín (130), comienza por cada uno.
Ecología de la comunicación y centralidad de la escuela
En el cuarto capítulo – Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad — la encíclica considera la verdad como un bien común y un elemento esencial de la democracia. En el entorno digital, la verdad debe plasmarse en una «ecología de la comunicación» para que la cultura generada por la web no se convierta en un instrumento de «homologación y dominio», sino en un espacio de maduración para la «libertad interior y el pensamiento crítico» (136-137). El Papa señala algunos instrumentos: transparencia en los criterios de selección de contenidos, protección de los datos personales, un periodismo serio basado en la argumentación y la verificación, una nueva conciencia en el uso «correcto y crítico» de la IA, la integración de los conocimientos. También se exige a la Iglesia una comunicación transparente y leal, sobre todo en los casos de injusticias y abusos. Es fundamental, en la encíclica, el llamamiento a una alianza educativa renovada para que en los jóvenes no se apague «el deseo de hacer preguntas» a causa de máquinas perfectas que hacen parecer inútil el pensamiento humano. «Debemos educarnos en el ayuno de la IA» (140), subraya León XIV, eliminando las desigualdades en el acceso a la educación y apostando por la escuela como lugar donde se aprende a «buscar y amar la verdad» (143) y se enseña lo que lo digital no puede dar: «tiempo compartido para aprender y relaciones fiables» (147).
El trabajo debe centrarse en la persona, no en el beneficio
En la «cuarta revolución industrial» que representa la transición digital, el Pontífice destaca la importancia de proteger la dignidad y el valor del trabajo: «Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores», explica, ya que la tecnología puede descalificar a los trabajadores, relegarlos a funciones marginales y someterlos a una vigilancia automatizada (150). Por el contrario, es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento, porque la tecnología puede sin duda liberar al hombre de tareas pesadas o repetitivas, pero no debe conducir en absoluto al desempleo en nombre de la reducción de costes y el aumento de los beneficios. En un escenario en el que se perfilan mayores niveles de pobreza y desigualdad, provocados por sistemas automatizados que han sustituido al hombre, el Pontífice aboga también por una renovación de las organizaciones sindicales (155).
El desarrollo no se mide solo en términos de PIB
La transformación digital debe gestionarse de antemano mediante criterios sociales estables, formación accesible y continua para los trabajadores y responsabilidad empresarial. El Pontífice señala, además, la necesidad de superar el PIB como parámetro del grado de desarrollo de un país, apostando en su lugar por la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducción de las desigualdades y la protección del medio ambiente. La financiación por la financiación es, de hecho, diferente de la financiación para el desarrollo (159-160). Y, siguiendo la estela de San Pablo VI, se subraya la interdependencia entre paz y desarrollo, abogando por una cooperación internacional capaz de definir estrategias comunes «sobre todo en favor de los países y los grupos más vulnerables», porque la prosperidad contribuye a la paz «solo si es generalizada, inclusiva y sostenible» (163).
La familia, bien social primario
En la encíclica destaca, además, la referencia a la familia, fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer: es «bien social primario», «célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria» (165) que debe apoyarse también mediante políticas laborales que favorezcan la estabilidad y ritmos humanos, de modo que se garantice el justo equilibrio de vida y se proteja esa «capacidad de construir el futuro» que hace generativa a la sociedad.
La «arquitectura de la visibilidad» y los riesgos para la libertad
Por último, el tema de la libertad humana, que hay que proteger contra la dependencia y la mercantilización: en una época en la que las plataformas digitales están diseñadas para acaparar el tiempo de los usuarios y explotar sus fragilidades, es urgente reforzar la libertad interior de cada uno y hacer frente al riesgo del control social derivado de la recopilación masiva de datos y del uso de sistemas algorítmicos. Perfilar, predecir y orientar los comportamientos es, de hecho, «un poder nuevo» (171) que corre el riesgo de discriminar a los más débiles. El Papa deplora, en particular, la «arquitectura de la visibilidad» que premia y amplifica solo lo que es visible, moldeando opiniones y generando conformismo.
Nuevas formas de esclavitud y nuevo colonialismo
La IA genera nuevas formas de esclavitud, como la de los «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» (173) de quienes trabajan en la extracción de las «tierras raras» necesarias para la tecnología. Por ello, la lucha contra las nuevas formas de esclavitud es otra «prueba decisiva para el discernimiento ético» de la transformación digital. A este respecto, León XIV subraya que «la Iglesia renueva su firme condena contra toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas» y reitera que no reaccionar o tolerar estas «graves violaciones de la dignidad humana» significa, de hecho, «hacerse cómplice» (174). Al mismo tiempo, el Papa pide «sinceramente perdón» por el retraso con el que la Iglesia, en el pasado, condenó «el flagelo de la esclavitud». La encíclica se refiere también a las «nuevas tierras raras del poder», es decir, la información vital —por ejemplo, sobre salud y demografía— utilizada para orientar las estrategias económicas. Se trata, explica el Pontífice, de una faceta inédita del colonialismo que se apropia de los datos y transforma las vidas personales en información explotable, convirtiendo el entorno digital en un «espacio de depredación» (178-179).
Superar la teoría de la «guerra justa»
En el quinto y último capítulo —La cultura del poder y la civilización del amor—, León XIV dirige su mirada hacia la guerra: «La revolución digital está modificando la gramática de los conflictos» y, sin un enfoque ético, las decisiones sobre la vida y la muerte de las personas serán cada vez más impersonales, considerándose el recurso a la fuerza como una «opción inmediata y viable» (182-183) . En la base de todo hay una «cultura del poder» que normaliza la guerra y la rehabilita como «instrumento de política internacional», favoreciendo el rearme. Sobre la opinión pública, que en el pasado veía la beligerancia solo como extrema ratio, hoy pesan también las narrativas mediáticas polarizantes, así como «una preocupante pérdida de memoria histórica» que nos priva de una visión a largo plazo (191). En consecuencia, hoy la paz ya no se entiende como una tarea que hay que asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos. Por ello, León XIV reitera que —sin perjuicio del derecho a la legítima defensa en su sentido más estricto— es necesario superar la teoría de la «guerra justa», promoviendo más bien el diálogo, la diplomacia y el perdón (192).
Ningún algoritmo hace que la guerra sea moralmente aceptable
El Papa Prevost no deja de lamentar el crecimiento de la industria bélica, la carrera armamentística nuclear y la aparición de nuevos actores armados —entre ellos los yihadistas— que pretenden perpetuar los conflictos como fuente de poder y de ingresos. Es contundente, además, la advertencia contra el uso de armas relacionadas con la IA, ya que «no existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable»; es más: la tecnología «no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad, solo puede hacerlo más rápido e impersonal, rebajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia es inevitable y solo hay que optimizarla» (198). Por lo tanto, se necesitan restricciones éticas rigurosas, compartidas a nivel internacional, basadas en la responsabilidad personal y en la protección de los civiles, porque «toda tecnología que facilite atacar sin ver el rostro del otro rebaja el umbral moral del conflicto» (199).
La crisis del multilateralismo
La cultura del poder surge también de la crisis del multilateralismo y del surgimiento de un «multipolarismo desordenado y conflictivo» en el que prevalece la desconfianza hacia el otro (201). La fuerza del derecho se sustituye por el derecho del más fuerte; las lógicas del poder prevalecen sobre la construcción de la paz, relegada a un segundo plano, y las instituciones creadas para custodiar el destino común de los pueblos se encuentran ahora debilitadas, sin que se reconozca su autoridad moral. A este respecto, el Papa auspicia para la ONU y para el sistema político internacional «reformas profundas» que superen la actual crisis de valores en favor del verdadero bien común (226).
Una Realpolitik irresponsable
Hoy, prosigue la encíclica, se libran guerras «híbridas» que abarcan los ámbitos económico, financiero e informático, aprovechando la desinformación y el miedo para influir en la opinión pública y presentar el aumento del gasto militar como la «única respuesta» a un futuro incierto. Pero todo esto no es más que un «falso realismo», una irresponsable Realpolitik que siembra en las conciencias y en las culturas la resignación ante una guerra ineludible y califica la paz de utopía (204-205). Sin excluir que, para algunos, el conflicto armado podría ser un instrumento de «gestión cínica» de las dificultades, así como una forma de desviar la atención de los problemas internos (208).
La civilización del amor
El cristiano está llamado a responder a esta cultura del poder construyendo «la civilización del amor»: la gracia, de hecho, no elimina el conflicto como por arte de magia, sino que genera «una resistencia activa al mal y una sorprendente creatividad en el bien» (211). Cada uno, en su ámbito de acción, está llamado a elegir entre alimentar la lógica de la fuerza o custodiar la paz, frenando la deshumanización con pequeños actos de fidelidad y tenacidad. El Papa señala cinco «vías de responsabilidad»: desarmar las palabras diciendo la verdad; construir la paz en la justicia; asumir la mirada de las víctimas tomando posición, porque hay conflictos en los que «no es justo permanecer neutrales». Los ataques contra civiles, hospitales e infraestructuras hieren a la propia humanidad y no pueden quedar relegados al ámbito del análisis abstracto. Por el contrario, hay que dar voz a las víctimas para «tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra» la guerra y toda violencia (217). Y aún más: el Papa exhorta a cultivar «un sano realismo» que busque vías de paz viables con hechos, no solo con palabras.
No utilizar el nombre de Dios para legitimar la guerra
Por último, relanzar el diálogo pasando de una cultura del poder a una cultura de la negociación. También es decisivo «el diálogo entre las religiones», portador de un mensaje de paz. «Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra, traiciona su rostro —advierte León XIV—: luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la propia religión» (223). Por su parte, la diplomacia de la Santa Sede utiliza «el principio evangélico de la misericordia» como criterio concreto de la acción política. De ahí deriva la exhortación a la oración, porque la paz proviene ante todo de Dios (227-228).
La magnífica humanidad
Al concluir la carta, el Pontífice invita a los fieles a vivir las nuevas tecnologías a la luz del Evangelio, siguiendo «un itinerario de vida cristiana sobrio y exigente», para que, incluso en la era de la IA, todos puedan dar testimonio de «la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».
En un ambiente de profunda fe, comunión y espíritu de servicio, la Delegación Episcopal para las Familias de la Diócesis de San Felipe participó en la bendición y envío de los nuevos coordinadores diocesanos y de los nuevos encargados de la Rama de Familias del Movimiento Apostólico de Schoenstatt.
La celebración marcó un significativo momento para la vida pastoral y comunitaria del movimiento, donde se encomendó al Señor y a la Mater la misión que asumirán quienes comienzan este nuevo servicio al interior de la Iglesia y especialmente en el acompañamiento de las familias.
Durante este encuentro, se agradeció de manera especial la entrega y dedicación de quienes culminan su periodo de servicio como coordinadores diocesanos, Carolina Schlapler y Ricardo Oyarzún, así como también de Marisela Fernández e Iván Gutiérrez, quienes hasta ahora desempeñaban la misión como encargados de la Rama de Familias.
En esta nueva etapa, asumirán como coordinadores diocesanos del Movimiento Apostólico de Schoenstatt Marisela Fernández e Iván Gutiérrez, mientras que Claudia Pardo y Renzo Farías serán los nuevos encargados de la Rama de Familias.
Desde la Delegación Episcopal para las Familias expresaron su alegría por participar de este significativo momento eclesial, valorando especialmente este espacio de encuentro fraterno, oración y compromiso pastoral, que fortalece el trabajo conjunto en favor de las familias de nuestra diócesis.
Asimismo, se destacó la importancia de seguir promoviendo instancias que animen la vida familiar y fortalezcan el acompañamiento pastoral, reconociendo el valioso aporte que realizan movimientos y comunidades en la misión evangelizadora de la Iglesia.
Finalmente, se elevó una oración por quienes hoy reciben esta nueva responsabilidad, para que, guiados por el Espíritu Santo y acompañados por María, puedan servir con alegría, fidelidad y generosidad a las familias y comunidades que les serán confiadas.
🙏🔥 En un ambiente de fraternidad, comunión y trabajo pastoral, la delegación episcopal para la familia realizó una reunión en el Decanato de Petorca junto al vicario pastoral de la diócesis, padre Claudio Acevedo López, y representantes de movimientos, comunidades y pastorales, con el objetivo de coordinar y preparar la próxima Peregrinación de Pentecostés.
⛪ Durante el encuentro se dialogó sobre la importancia de vivir Pentecostés como un verdadero signo de unidad, fe y esperanza para nuestras familias y comunidades, animando especialmente la participación de niños, jóvenes y adultos en esta gran fiesta de la Iglesia.
🤝 Asimismo, la jornada permitió fortalecer el trabajo colaborativo entre las distintas realidades pastorales del decanato, reafirmando el llamado a caminar juntos como Iglesia viva y misionera.
🙏 Agradecemos la disposición, compromiso y espíritu de servicio de todos quienes participaron en esta instancia de preparación, confiando en que Pentecostés será un momento de profundo encuentro con el Espíritu Santo y de renovación para nuestras comunidades.
Pentecostés 2026: "Unidos en un mismo Espíritu, guiados por un mismo amor."
Peregrinación Familiar de Pentecostés 2026
🔥🙏 ¡Vivamos juntos la Peregrinación de Pentecostés en Familia! 🙏🔥
Con mucha alegría, la Delegación Episcopal para las Familias invita a todas las comunidades y familias del Decanato de Petorca a participar de esta hermosa jornada de fe, oración y fraternidad, preparándonos para la fiesta de Pentecostés.
👨👩👧👦✨ Será una oportunidad para caminar unidos como Iglesia, fortalecer nuestros hogares y abrir el corazón a la acción del Espíritu Santo.
📅 Sábado 30 de mayo 🕔 Inicio: 17:00 hrs 📍 Desde Villa Holanda – La Ligua ⛪ Finaliza con la Santa Eucaristía en el templo Santo Domingo de Guzmán (18:30 hrs aprox.)
🚶♂️ Recorrido: Villa Holanda → Calle Portales → Plaza de Armas de La Ligua → Templo Parroquial
🙌 Invitamos a niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, familias, amigos y vecinos a ser parte de esta gran fiesta de la Iglesia.
🕊️ “Ven, Espíritu Santo, y renueva la faz de la tierra”.
¡Los esperamos para caminar juntos hacia Pentecostés con alegría y esperanza!