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Diócesis de San Felipe

Curimón celebró su centenaria Fiesta de San Francisco de Asís entre fe, tradición y una multitudinaria bendición de animales

La histórica comunidad de Curimón volvió a congregar a cientos de familias y peregrinos este domingo 4 de octubre para celebrar a San Francisco de Asís. Aunque la lluvia se hizo presente durante parte de la jornada y ese mismo día San Felipe vivía también la multitudinaria Fiesta de la Virgen de Andacollo, la devoción franciscana volvió a demostrar su profundo arraigo y convocó a una feligresía que, generación tras generación, mantiene viva esta centenaria tradición.


Curimón volvió a encontrarse en torno a San Francisco de Asís. Como ocurre cada año, la histórica localidad ubicada en la ribera sur de la comuna de San Felipe vivió durante el fin de semana una nueva versión de su centenaria fiesta patronal, una de las expresiones de fe y religiosidad popular más arraigadas del Valle de Aconcagua.

La celebración de este 2026 tuvo además un significado especial al desarrollarse en el contexto del Año Jubilar Franciscano, que recuerda los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís (1226-2026), renovando la invitación a mirar su testimonio de fraternidad, sencillez, paz y cuidado de la creación.

La jornada coincidió con otra importante manifestación de religiosidad popular en la comuna: la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo en San Felipe. Sin embargo, ambas celebraciones volvieron a demostrar la riqueza de las tradiciones religiosas presentes en el territorio. San Francisco posee en Curimón una feligresía propia, formada por familias y devotos que año tras año regresan para participar de una fiesta estrechamente vinculada a la historia e identidad de la localidad.

Una celebración preparada durante varios días

La fiesta no se limitó solamente a la jornada del domingo. La comunidad venía preparándose desde semanas antes con diferentes actividades, entre ellas la Misa a la Chilena, la Novena y el recorrido de las andas de San Francisco por distintos sectores de la parroquia.

Esta última tradición, fortalecida a partir de los años de pandemia, permitió nuevamente acercar la imagen del santo a los barrios y comunidades. Familias prepararon altares, adornaron sus casas y realizaron distintos gestos para recibir su paso, prolongando la fiesta más allá del entorno del templo.

En la víspera del día patronal, el sábado 3 de octubre, se realizó además la tradicional Farolada al Cerro San Francisco, vinculada a la memoria del tránsito de San Francisco de Asís y que permitió preparar espiritualmente las horas previas a la jornada principal.

Cientos de familias llegaron con sus animales

Desde temprano, el domingo 4 comenzó a desarrollarse una intensa programación religiosa. La jornada contempló la tradicional Misa de los Trabajadores, seguida por la celebración junto a las Franciscanas Misioneras de María en la Capilla San José.

Uno de los momentos de mayor convocatoria volvió a producirse en el Cerro San Francisco, donde cientos de personas y familias llegaron para participar de la tradicional bendición de los campos y animales.

Perros de distintos tamaños, gatos y otras mascotas llegaron junto a sus familias hasta los pies del cerro para recibir la bendición. Incluso algunas personas llevaron fotografías de aquellos animales que no pudieron trasladar hasta el lugar, incorporándolos simbólicamente a este esperado momento de la fiesta.

La bendición posee un profundo significado para la comunidad y encuentra en San Francisco de Asís un especial referente por su relación fraterna con toda la creación. Año tras año, este momento se ha transformado también en un espacio familiar, donde niños, jóvenes y adultos se encuentran en torno al llamado a reconocer, respetar y cuidar la vida creada por Dios.

Como parte de esta jornada, estudiantes de octavo básico del Colegio Carmela Carvajal de Prat de Curimón realizaron además una presentación de caporal en homenaje a San Francisco, incorporando la música y la danza a las distintas expresiones comunitarias que acompañaron la celebración.

Eucaristía, tradición y una comunidad reunida

Al mediodía tuvo lugar la Misa Solemne, uno de los principales momentos litúrgicos de la fiesta, reuniendo nuevamente a los fieles en torno a la mesa de la Eucaristía.

La celebración permitió poner en el centro el testimonio de San Francisco, cuya vida continúa interpelando a los cristianos a reconocer que la fe debe expresarse también en una existencia sencilla, fraterna y disponible para los demás.

En este especial Año Jubilar Franciscano, su figura adquirió un sentido todavía más profundo para Curimón: ochocientos años después de su tránsito, su testimonio continúa convocando a una comunidad ubicada a miles de kilómetros de Asís y que ha hecho de su espiritualidad parte de su propia historia.

Durante la tarde, las tradicionales andas volvieron a reunir a la feligresía para realizar el saludo a San Francisco y preparar uno de los momentos más esperados de la celebración: la procesión.

La lluvia acompañó el recorrido, pero no detuvo la fiesta

Al igual que ocurrió durante la Fiesta de Andacollo en San Felipe, las condiciones climáticas se transformaron en un factor inesperado durante la jornada.

La lluvia comenzó a hacerse presente en momentos de la procesión, pero no fue impedimento para que la comunidad continuara acompañando a San Francisco. Familias y peregrinos permanecieron en el recorrido, manteniendo viva una tradición que forma parte de la memoria de generaciones de habitantes de Curimón.

La imagen del santo recorrió las principales calles de la localidad acompañada por la oración y las expresiones propias de esta histórica celebración. El agua obligó a tomar algunos resguardos, pero la programación pudo continuar y la fiesta llegó a su término con normalidad.

A lo largo del recorrido destacaron también las familias que prepararon y ornamentaron los tradicionales arcos y distintos espacios por donde pasó San Francisco, un trabajo comunitario que año tras año embellece la procesión y expresa el cariño de los vecinos hacia su patrono.

Estos signos, elaborados muchas veces durante días y de manera silenciosa por los propios habitantes, forman parte esencial de una fiesta que se construye gracias a la colaboración de toda la comunidad.

Una fiesta construida por todo Curimón

Al concluir las actividades, el párroco de San Francisco de Curimón, padre Omar Orellana, expresó su agradecimiento a la comunidad parroquial y a toda la feligresía que nuevamente participó y colaboró en los diferentes momentos de la celebración.

El agradecimiento se extendió especialmente a quienes trabajaron en la organización, a las familias encargadas de preparar los arcos y ornamentar los distintos sectores, a quienes acogieron las actividades y a todos los servidores que hicieron posible el desarrollo de la fiesta.

El padre Omar reconoció además la colaboración de las instituciones encargadas del orden y la seguridad, el apoyo de la Municipalidad y la presencia de instituciones como Bomberos, que tradicionalmente se hacen parte de esta celebración y colaboran para que una actividad de gran convocatoria pueda desarrollarse adecuadamente.

La participación de estas instituciones, junto al compromiso de la propia comunidad, volvió a mostrar que la Fiesta de San Francisco trasciende el ámbito estrictamente parroquial y se ha convertido también en un acontecimiento profundamente ligado a la identidad de Curimón.

La programación concluyó con los últimos momentos de oración, la despedida de las andas y el tradicional Cantar a Francisco, cerrando varios días en que la localidad volvió a poner en el centro su fe, su patrimonio y su vida comunitaria.

Ni la lluvia ni la coincidencia con otra importante fiesta religiosa en San Felipe disminuyeron una devoción que posee su propio camino y una historia centenaria. Curimón volvió a demostrar que San Francisco sigue formando parte de la vida de su pueblo, convocando a generaciones de familias que mantienen viva una tradición heredada y renovada año tras año.

En el marco de los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, la fiesta dejó nuevamente una invitación que trasciende la celebración patronal: construir fraternidad, trabajar por la paz, vivir con sencillez y aprender a reconocer en toda la creación un don que merece ser cuidado.

Paz y Bien.

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