Tras haber sido postergada por las condiciones climáticas, la tradicional fiesta patronal se realizó finalmente entre el 5 y 6 de septiembre y volvió a congregar a miles de personas en torno a una de las expresiones de piedad popular mariana más arraigadas de la Diócesis de San Felipe.
Cabildo volvió a vivir con todo su fervor la tradicional Fiesta de la Virgen del Carmen, una celebración que año tras año convoca a familias, comunidades, bailes religiosos y peregrinos en torno a la Patrona y Reina de Chile. Luego de que las condiciones climáticas obligaran a postergar la festividad prevista originalmente para julio, la comunidad pudo finalmente reencontrarse con su tradición los días 5 y 6 de septiembre, en dos jornadas marcadas por la fe, la devoción y una multitudinaria participación.
La celebración de la Virgen del Carmen constituye para Cabildo mucho más que una fiesta del calendario religioso. Es una expresión de la identidad de un pueblo profundamente mariano, una tradición que ha pasado de generación en generación y que cada año moviliza a sus habitantes, quienes se vuelcan a las calles para acompañar a la Madre del Carmen. Las 13 comunidades que conforman la parroquia se hicieron de una u otra manera parte de esta celebración, que nuevamente transformó el centro de la comuna en un espacio de encuentro, oración y expresión de la piedad popular.
La festividad comenzó el sábado 5 de septiembre con la tradicional Fiesta Chica. A las 14:00 horas se celebró la Eucaristía desde la casa de oración de la señora Zulema, lugar que se ha convertido en un verdadero punto de encuentro y un faro de esta antigua devoción. Desde allí se inició la procesión hacia el templo parroquial, acompañada por los bailes religiosos, que con sus danzas y colores expresaron públicamente su fe y acompañaron el caminar de la imagen de la Virgen del Carmen.
El domingo 6 se vivió la Fiesta Grande, jornada que comenzó desde temprano con la preparación de las calles y de los distintos espacios destinados a recibir a la gran cantidad de personas que participarían de la celebración. El municipio dispuso cortes y medidas de seguridad, mientras Bomberos, Cruz Roja, Carabineros, comerciantes y distintas instituciones colaboraron para que la jornada pudiera desarrollarse con normalidad. Las calles también fueron adornadas por vecinos y comerciantes, dando cuenta de que la festividad involucró a toda la comunidad.
A las 10:30 horas se celebró la Eucaristía solemne en el sector del Orfeón de la Plaza de Cabildo, espacio facilitado con el apoyo de la Municipalidad y que permitió dar a la celebración un carácter especialmente solemne. La Eucaristía fue presidida por el obispo de San Felipe, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, y concelebrada por el párroco de Cabildo, padre Jimmy Veliz, junto a diáconos y candidatos al diaconado de la comunidad.
En su homilía, el obispo agradeció a Dios por la posibilidad de encontrarse nuevamente en Cabildo y por la fe expresada en esta celebración, destacando especialmente la presencia de los bailes religiosos y de quienes mantenían viva esta tradición.
A la luz de las lecturas del XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, Mons. Gonzalo Bravo centró su reflexión en el amor como fundamento de la vida cristiana. La primera lectura, tomada del profeta Ezequiel, presentó la responsabilidad de advertir y acompañar al hermano, mientras que el Evangelio de san Mateo llamó a vivir la corrección fraterna y la presencia de Cristo allí donde la comunidad se reúne en su nombre.
En este contexto, el obispo invitó a recuperar una dimensión del amor que muchas veces se ha dejado de lado: la capacidad de corregir fraternalmente. Advirtió que, en lugar de acercarnos al hermano con cariño para ayudarlo a crecer, muchas veces se opta por la crítica, por hablar a sus espaldas o, como se expresa coloquialmente en Chile, por “pelar”. La corrección cristiana, explicó, no nace del juicio ni de la condena, sino del amor que busca el bien del otro.
“Perdonémonos, corrijámonos, amémonos”, fue el llamado que marcó su reflexión, invitando a que el tono de las relaciones entre los miembros de la comunidad fuera siempre el amor. Finalmente, al recordar las palabras de Jesús —“donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo”—, destacó que Dios se hacía presente también en aquella jornada, en medio de un pueblo que se reunía para caminar junto a la Madre del Señor, quien siempre conduce hacia su Hijo.
Tras la Eucaristía, a las 15:00 horas comenzó la tradicional procesión de la Virgen del Carmen, uno de los momentos más esperados por la comunidad. Más de 14 bailes religiosos, provenientes de distintos puntos de la región e incluso de lugares como Ovalle, se hicieron presentes para acompañar a la imagen de la Virgen en su recorrido por las calles del centro de Cabildo.
La procesión volvió a expresar la fuerza de una piedad popular que no se limita al interior del templo. Familias completas, adultos mayores, jóvenes y niños acompañaron el caminar de la Virgen en una jornada marcada por el colorido de los bailes, la música, las oraciones y los gestos de devoción. Las calles se llenaron de personas que quisieron estar presentes en una tradición que para muchos forma parte de su propia historia familiar y espiritual.
Al concluir el recorrido, Mons. Gonzalo Bravo y el padre Jimmy Veliz realizaron la bendición de cierre. El párroco agradeció la masiva participación de los cabildanos y de quienes llegaron desde otros sectores, así como el trabajo de la comunidad parroquial en la preparación y coordinación de la fiesta. También valoró el apoyo de la Municipalidad, del alcalde, de Carabineros de Chile y de las distintas instituciones que colaboraron con la seguridad, los cortes de calles y el adecuado desarrollo de ambas jornadas.
Para el padre Jimmy, la celebración significó también una especial acción de gracias después de la postergación provocada por las condiciones climáticas. “No podíamos fallar”, expresó, valorando que finalmente se pudiera vivir la fiesta con un clima favorable y con la misma respuesta fervorosa que caracteriza a Cabildo, donde —más allá del frío o del calor— la comunidad responde cada año al llamado de la Virgen.
El párroco destacó además el significado especial que tuvo esta celebración en el contexto del centenario de la coronación de la Virgen del Carmen, período en el que la parroquia de Cabildo se encuentra como templo jubilar, permitiendo a los fieles acceder también a la indulgencia plenaria concedida por la Iglesia con motivo de este tiempo jubilar.
Así, Cabildo volvió a encontrarse con su Madre del Carmen. Una vez más, las calles se transformaron en templo, la danza se convirtió en oración y la multitud en una expresión viva de fe. Una devoción que ha atravesado generaciones y que continúa mostrando que, para este pueblo, la Virgen del Carmen no es solamente una tradición: es parte de su historia, de su identidad y de su manera de vivir la fe.