En una significativa expresión de solidaridad y compromiso con las familias migrantes, cerca de 45 niños y niñas participaron de una jornada preparada por estudiantes y la comunidad educativa del Colegio Santa Juana de Arco de San Felipe, en conjunto con la Fundación María en el Camino, del Instituto Secular María en el Camino. La iniciativa permitió vivir una tarde de encuentro, alegría y fraternidad, poniendo en el centro la dignidad y el acompañamiento de los más pequeños.
Una tarde marcada por la alegría, el encuentro y la solidaridad vivieron cerca de 45 niños y niñas de familias migrantes, acompañados habitualmente por la Fundación María en el Camino, del Instituto Secular María en el Camino, quienes el viernes 7 de agosto fueron recibidos por la comunidad educativa del Colegio Santa Juana de Arco de San Felipe para celebrar una especial jornada con motivo del Día de la Niñez.
La iniciativa nació desde la propia comunidad educativa, que quiso abrir las puertas de su establecimiento para ofrecer a los niños una tarde diferente, preparada con cariño por un grupo de alumnas solidarias, acompañadas por la hermana Marisol.
El encuentro se desarrolló en un ambiente festivo, con juegos, bailes, dinámicas, regalos y distintos espacios de recreación, permitiendo que los niños y niñas pudieran disfrutar de una jornada especialmente pensada para ellos.
Una experiencia de encuentro y solidaridad
Desde la perspectiva pastoral, la actividad representa una expresión concreta de cómo la solidaridad y el compromiso cristiano pueden hacerse vida en las comunidades educativas, especialmente cuando estas son capaces de abrir sus espacios y disponer sus talentos para acompañar a quienes viven distintas situaciones de vulnerabilidad.
Uno de los aspectos más destacados de la jornada fue precisamente la participación de las estudiantes del Colegio Santa Juana de Arco, quienes se involucraron activamente en la preparación y desarrollo de las actividades, acogiendo a los niños, acompañándolos en los juegos y compartiendo con ellos durante toda la tarde.
Más que una actividad recreativa, el encuentro permitió generar vínculos, cercanía y reconocimiento, poniendo en práctica valores como la fraternidad, la empatía y la preocupación por el otro.
Para la Fundación María en el Camino, que acompaña semanalmente a estos niños y sus familias, este tipo de iniciativas contribuye a fortalecer los espacios de integración y acompañamiento que se desarrollan durante el año.
Una red que se une para acompañar
La jornada también contó con la colaboración de distintos actores que hicieron posible la celebración.
A la iniciativa se sumó personal de Gendarmería, que realizó una donación de regalos nuevos para los niños, mientras que la comunidad de la Catedral de San Felipe, mediante su aporte mensual, permitió adquirir alimentos y productos para compartir durante la jornada, entre ellos golosinas, queques, jugos, helados y los ingredientes necesarios para preparar completos.
De esta manera, distintas expresiones de la comunidad fueron capaces de unirse en torno a un mismo propósito: regalar un momento de alegría y acogida a niños y niñas que forman parte de familias migrantes.
La experiencia muestra cómo la solidaridad puede construirse desde distintos espacios y comunidades, articulando voluntades y recursos para responder de manera concreta a las necesidades de quienes requieren acompañamiento.
Una Iglesia que acoge y acompaña
Para la Iglesia de la Diócesis de San Felipe, este tipo de experiencias reflejan el llamado permanente del Evangelio a acoger, acompañar y reconocer la dignidad de cada persona, especialmente de quienes se encuentran en contextos de mayor vulnerabilidad.
La labor que desarrolla la Fundación María en el Camino se inserta precisamente en esta mirada, acompañando a niños y familias migrantes y generando espacios donde puedan sentirse acogidos y parte de una comunidad.
En esta oportunidad, la comunidad educativa del Colegio Santa Juana de Arco se convirtió en un espacio de encuentro donde la solidaridad se expresó no solamente a través de donaciones, sino también mediante algo tan significativo como el tiempo, la compañía, la alegría y la disposición de las estudiantes para compartir con otros niños.
La jornada dejó así una experiencia que trasciende la celebración puntual y que invita a seguir fortaleciendo una cultura del encuentro, donde las comunidades educativas, parroquiales y sociales puedan trabajar juntas por una sociedad más acogedora y fraterna.
Porque cuando una comunidad decide abrir sus puertas, compartir sus dones y poner en el centro a quienes más necesitan sentirse acogidos, la solidaridad deja de ser solo una palabra y se convierte en una experiencia concreta de Evangelio.