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Diócesis de San Felipe

Colegios del centro de San Felipe se unen en torno a la solidaridad y el legado de San Alberto Hurtado

La comunidad de la Catedral de San Felipe acogió una significativa Eucaristía con estudiantes y comunidades educativas de distintos colegios del centro de la ciudad, quienes se reunieron para celebrar el Día de la Solidaridad y renovar, a la luz del Evangelio y del testimonio de San Alberto Hurtado, el compromiso de construir comunidades más fraternas y cercanas.


En el marco del Mes de la Solidaridad y de la memoria de San Alberto Hurtado, la comunidad de la Catedral de San Felipe vivió una significativa celebración eucarística que reunió a estudiantes, docentes y representantes de distintos establecimientos educacionales del centro de la ciudad.

La Eucaristía se convirtió en un espacio de encuentro, oración y reflexión en torno a la solidaridad, permitiendo que las comunidades educativas pudieran reunirse en torno al altar y renovar el llamado a vivir una fe que se expresa concretamente en la preocupación por los demás.

La celebración fue presidida por el obispo de la Diócesis de San Felipe, monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, y contó con la participación de los sacerdotes padre Fabián Castro Marchant y padre Nicolás Flores Lazcano, quienes acompañaron a las comunidades educativas en esta jornada.

Una invitación a elegir la comunidad

Uno de los momentos centrales de la celebración fue la homilía de monseñor Gonzalo, quien invitó especialmente a los jóvenes a mirar la solidaridad desde una dimensión profundamente comunitaria.

A partir de la Palabra de Dios, el obispo planteó la necesidad de elegir la vida en comunidad por sobre el aislamiento, recordando que la verdadera fraternidad se construye cuando somos capaces de acompañarnos, escucharnos y hacernos responsables de quienes caminan junto a nosotros.

La reflexión puso especial énfasis en que la solidaridad no puede reducirse solamente a una ayuda material. También se expresa en la presencia, la escucha, el acompañamiento, la capacidad de tender puentes y la disposición a compartir la vida con otros.

En este sentido, el llamado a los jóvenes fue a no vivir de manera individualista, sino a descubrir que cada persona forma parte de una comunidad y que desde allí también puede contribuir a construir una sociedad más fraterna y justa.

San Alberto Hurtado, testigo de una solidaridad que se hace vida

Durante la celebración estuvo muy presente la figura de San Alberto Hurtado, cuyo testimonio continúa inspirando a la Iglesia y a la sociedad chilena en la tarea de reconocer la dignidad de cada persona y responder con amor concreto frente a las necesidades de los demás.

El santo chileno fue presentado como un verdadero testigo de una fe que no permanece indiferente ante la realidad, sino que se transforma en servicio, compromiso y entrega.

Al finalizar la Eucaristía, el padre Fabián Castro Marchant realizó una bendición especial, poniendo bajo la intercesión de San Alberto Hurtado a los jóvenes y comunidades educativas presentes.

Una Iglesia que acompaña a las nuevas generaciones

La celebración permitió además fortalecer el vínculo entre la Iglesia de la Diócesis de San Felipe y las comunidades educativas, generando un espacio donde estudiantes de distintos colegios pudieron encontrarse, compartir la fe y reconocerse como parte de una misma comunidad eclesial.

La presencia de los jóvenes en esta celebración adquirió un significado especial, especialmente en un contexto donde la Iglesia está llamada a acompañar sus búsquedas, inquietudes y desafíos, ofreciendo espacios de encuentro que les permitan descubrir que la fe también se construye en comunidad.

El encuentro mostró, además, cómo la solidaridad puede comenzar desde gestos sencillos: saludar, escuchar, acompañar, compartir, tender una mano y estar disponibles para el otro.

Una solidaridad que se vive más allá de las aulas

Para la Iglesia diocesana, esta celebración se enmarca en el llamado permanente a vivir el Mes de la Solidaridad no solamente como una fecha conmemorativa, sino como una oportunidad para renovar el compromiso cristiano con quienes más necesitan acompañamiento y cercanía.

El ejemplo de San Alberto Hurtado continúa interpelando a las comunidades: mirar la realidad, reconocer al hermano y preguntarse de qué manera cada uno puede ponerse al servicio de los demás.

Así, la Eucaristía vivida en la Catedral de San Felipe fue una expresión de una Iglesia que quiere caminar junto a sus jóvenes y comunidades educativas, ayudándoles a descubrir que la solidaridad no es solamente una acción puntual, sino una manera de comprender la vida desde el Evangelio.

Porque, como recordó la celebración, no estamos llamados a vivir como personas aisladas, sino como una comunidad que acompaña, escucha, sirve y construye juntos un mundo más fraterno.

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