En la noche del Miércoles Santo, la Iglesia diocesana de San Felipe se congregó en su Catedral para celebrar la Misa Crismal 2026, presidida por el obispo diocesano, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez, en una liturgia que reunió a sacerdotes, diáconos, comunidades parroquiales, colegios y fieles provenientes de los distintos rincones de los valles de Aconcagua y Petorca.
Esta celebración, una de las más significativas del año litúrgico, estuvo marcada por la unidad del presbiterio con su obispo y la activa participación del Pueblo de Dios, que acompañó con fe y gratitud a sus pastores en este momento de profunda renovación espiritual.
Durante la eucaristía, los presbíteros renovaron sus promesas sacerdotales, reafirmando su compromiso de servicio, entrega y fidelidad en la misión encomendada. Este gesto, cargado de significado, fue vivido con especial recogimiento por la asamblea, que oró por sus sacerdotes, reconociendo en ellos la presencia viva de Cristo Buen Pastor.
Asimismo, el obispo bendijo el Santo Crisma y los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, que serán utilizados en la administración de los sacramentos a lo largo del año en todas las comunidades de la diócesis, siendo signo de la gracia de Dios que fortalece, sana y consagra.
La liturgia, iluminada por la Palabra de Dios propia de este día, centró la mirada en la misión de Cristo como el Ungido del Padre, enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres, sanar los corazones heridos y proclamar la libertad a los cautivos. En este contexto, se hizo un llamado a todos los fieles a reconocer que, por el bautismo, participan de esta misma misión, siendo convocados a vivir un camino de santidad en medio de la vida cotidiana.
En su reflexión, el obispo recordó también el llamado universal a la santidad, evocando palabras de san Juan Pablo II dirigidas a los jóvenes en su visita a Chile, animando a no tener miedo de seguir a Cristo con radicalidad y a ser protagonistas de una vida entregada al servicio de los demás.
Uno de los aspectos más destacados de la celebración fue la amplia y diversa participación de laicos, quienes, provenientes de distintas parroquias, comunidades y realidades eclesiales, dieron testimonio de una Iglesia viva, que camina unida y acompaña a sus pastores.
En este contexto, Rosa Fernández, participante de la celebración, expresó:
“Destaco la simpleza y cercanía de esta celebración. Es una linda instancia donde acompañamos a nuestros sacerdotes y a nuestro obispo en la renovación de sus promesas. Nos da alegría poder ser testigos del servicio que entregan nuestros pastores”.
La Misa Crismal se vivió así como un verdadero signo de comunión eclesial, donde ministros ordenados y fieles laicos renovaron su compromiso de caminar juntos, fortalecidos por la gracia de Dios.
Al finalizar, se extendió dos invitaciones a toda la comunidad diocesana: a participar de la Peregrinación Diocesana a Santa Teresa de Los Andes, que se realizará el próximo sábado 25 de abril desde las 09:00 horas, iniciando en el Liceo Bicentenario Parroquial Teresita de Los Andes, en Rinconada, y culminando en el Santuario. Esta jornada marcará el inicio del año pastoral, siendo una nueva oportunidad para reunir al pueblo peregrino de Dios en torno al testimonio de santidad de Santa Teresa y el 03 mayo en la Catedral de San Felipe a las 17 Hrs, a la ordenación sacerdotal del diácono en tránsito Nicolás Flores Lazcano, “sacerdote del centenario” fue como le llamó nuestro obispo y la bendición de poder ordenar a Nicolás, hombre de esta diócesis, además nuestro pastor invitó a la comunidad diocesana a orar este tiempo previo por su vida y su vocación.
De este modo, la Diócesis de San Felipe vivió una celebración profundamente significativa, renovando su fe, su vocación y su compromiso de ser una Iglesia que, ungida por el Espíritu, sale al encuentro de todos con esperanza y amor. 🙏✨