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Diócesis de San Felipe

Capilla Nuestra Señora de los Desamparados de Río Blanco celebró con fe y esperanza sus 80 años de historia

Con profunda alegría y un espíritu de gratitud, la comunidad católica de Río Blanco celebró este sábado 28 de marzo los 80 años de la construcción de la Capilla Nuestra Señora de los Desamparados, un espacio de fe que, a lo largo de las décadas, se ha transformado en un verdadero signo de la presencia de Dios en medio de su gente.

La conmemoración se vivió en un ambiente de recogimiento y fiesta, marcado por la celebración de la Santa Eucaristía, presidida por el obispo de la diócesis, Gonzalo Bravo Álvarez, junto al padre Jimmy Véliz, quien actualmente colabora en la jurisdicción pastoral de La Asunción y otras comunidades de Los Andes, a la cual pertenece esta querida capilla.

Este significativo aniversario coincidió, además, con el inicio de la Semana Santa, por lo que la comunidad también celebró el Domingo de Ramos, llegando con entusiasmo y devoción para alzar sus ramos y recordar la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén. Así, la celebración adquirió un doble sentido: memoria agradecida por el camino recorrido y apertura confiada al misterio pascual que comienza.

En su homilía, el obispo diocesano invitó a los presentes a reflexionar, a la luz de la Palabra de Dios, sobre la salvación y la profunda necesidad que tenemos hoy, como humanidad, de dejarnos salvar por Cristo. En medio de un mundo marcado por desafíos e incertidumbres, animó a la comunidad a renovar su fe y su confianza en el Señor que sigue caminando con su pueblo.

Asimismo, expresó un sentido agradecimiento a Dios por estos 80 años de vida comunitaria, destacando la fe sencilla y perseverante de quienes han sostenido este espacio como un verdadero faro de esperanza en los rincones más apartados de la diócesis. Una fe que se ha transmitido de generación en generación, y que hoy sigue dando fruto en una comunidad viva, acogedora y comprometida.

La celebración no solo recordó un aniversario, sino que renovó el llamado a seguir construyendo Iglesia desde lo cotidiano, desde la cercanía, desde la fe compartida. Porque en lugares como Río Blanco, donde la sencillez se encuentra con la esperanza, Dios sigue haciendo nuevas todas las cosas.

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