Este lunes 2 de febrero, la Iglesia celebró una nueva versión de la tradicional Fiesta de la Virgen de la Candelaria, una de las festividades más significativas del calendario litúrgico, que conmemora la Presentación de Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen María, cerrando el ciclo navideño a cuarenta días del nacimiento del Señor.
La celebración, profundamente marcada por el simbolismo de la luz, recuerda el pasaje del Evangelio de san Lucas en el que Jesús es proclamado como “luz para iluminar a las naciones”, dando origen a una tradición viva en la Iglesia que se expresa en el uso de velas y candelas durante la liturgia y las procesiones.
En este contexto, durante la jornada se realizaron celebraciones en distintos puntos del territorio diocesano, siendo una de las más significativas la Eucaristía celebrada en el templo Catedral de San Felipe, única misa del día, realizada a las 20:00 horas.
La celebración fue presidida por el Obispo de San Felipe, monseñor Gonzalo Bravo Álvarez, y concelebrada por el padre Fabián Castro Marchant, Vicario General de la diócesis, junto al diácono en tránsito Nicolás Flores. El templo catedral se vio colmado de fieles, quienes llegaron portando velas para participar activamente de este signo central de la fiesta. En la ocasión, la comunidad catedralicia dispuso porta velas especiales acompañados de una oración a Santa Teresita, aportando un gesto pastoral de cercanía y devoción.
Reflexión a la luz de la Palabra
En su homilía, monseñor Gonzalo Bravo, a la luz del Evangelio (Lc 2, 22-40), reflexionó sobre la actitud de Simeón y Ana, quienes, guiados por el Espíritu, supieron esperar con fe y reconocer en Jesús la salvación prometida. Destacó que Cristo sigue siendo hoy luz en medio de las incertidumbres, invitando a los fieles a presentarse ante Dios con un corazón disponible, confiado y abierto a su voluntad, tal como lo hicieron María y José al presentar a su Hijo en el Templo.
Asimismo, el pastor diocesano recordó que esta fecha está unida a la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que a nivel internacional se celebra el 2 de febrero, aunque en Chile se traslada pastoralmente al mes de agosto. En este marco, se realizó también una oración especial por los 128 años de vida del Monasterio del Espíritu Santo de Auco, que celebró un nuevo aniversario, y por toda la comunidad carmelita, cuya presencia contemplativa es un pilar espiritual fundamental para la diócesis.
Una invitación a vivir la alegría del Evangelio
Al finalizar la celebración, monseñor Gonzalo Bravo agradeció la numerosa participación de los fieles y los animó a vivir la alegría que brota del Evangelio, reconociéndonos como hermanos y hermanas, llamados a ser portadores de la luz de Cristo en medio del mundo.
La Fiesta de la Virgen de la Candelaria volvió así a congregar a la comunidad diocesana en torno a la fe, la tradición y la esperanza, renovando el compromiso de caminar iluminados por Cristo, luz de las naciones.
Fotografías Gentileza Ana María Reyes y Sandra Arancibia









