En el marco del Jubileo de los Privados y Privadas de Libertad, celebrado en Roma como parte del Jubileo de la Esperanza 2025, una delegación chilena de la Pastoral Carcelaria realizó un significativo gesto de comunión eclesial que une la Iglesia local con la Iglesia universal.
Durante este peregrinar jubilar, Marisol Huerta y Jessica Baeza, representantes de la Pastoral Carcelaria de la Diócesis de San Felipe, concretaron un profundo anhelo personal y comunitario: la entrega del último cuadro bordado del logo del Centenario Diocesano destinado a Su Santidad el Papa León XIV.
El cuadro, fruto de un delicado y paciente trabajo artesanal, fue entregado al encargado oficial de recibir los obsequios para el Santo Padre. En el reverso de la obra, las delegadas incluyeron una nota explicativa donde se señala que este signo es enviado en nombre del padre Obispo Gonzalo, como representación de la Diócesis de San Felipe, presente en Roma a través de su pastoral carcelaria, en este jubileo dedicado especialmente a quienes viven la realidad de la privación de libertad.
“En este hermoso y emocionante viaje a Roma, cumplí mi sueño de poder entregar este último cuadro bordado del logo del Centenario al Papa”, expresó Jessica, destacando el profundo sentido espiritual y eclesial de este gesto, realizado en nombre de toda la comunidad diocesana.
La delegación chilena, encabezada por Hna. Nelly León, integrante del equipo nacional de la Pastoral Carcelaria de Chile, está conformada por obispos, sacerdotes, gendarmes, agentes pastorales y mujeres que han vivido la experiencia de la privación de libertad, dando testimonio de una Iglesia que acompaña, escucha y camina con quienes habitan las periferias más olvidadas.
Este gesto se suma a la reciente entrega del logo del Centenario a Patricia Araya Gutiérrez, Embajadora de Chile ante la Santa Sede y la Soberana Orden de Malta, fortaleciendo los lazos entre la Iglesia diocesana, la misión universal y el Estado chileno.
La entrega del logo bordado del Centenario al Papa León XIV se convierte así en un signo visible de esperanza, comunión y misericordia, que enlaza los 100 años de historia de la Diócesis de San Felipe con el llamado universal de la Iglesia a reconocer la dignidad de toda persona, especialmente de quienes viven la experiencia del encierro.
Con este testimonio sencillo pero profundamente evangélico, la Diócesis de San Felipe reafirma su compromiso de seguir anunciando la Buena Noticia de Jesucristo, haciendo vida las palabras del Evangelio:
“Estuve preso y me visitaste” (Mt 25,36), y caminando como peregrina de esperanza junto a quienes más lo necesitan.


