Este jueves 11 de diciembre, la Delegación Episcopal de la Pastoral Social de la Diócesis de San Felipe llevó a cabo la jornada de clausura del Proyecto “Juntos Acompañamos”, iniciativa desarrollada durante todo el año pastoral y que tuvo como eje el acompañamiento espiritual y emocional de quienes sirven a los más vulnerables.
Desde marzo, este proyecto convocó a dos grupos esenciales dentro del servicio pastoral: los voluntarios y voluntarias que visitan los centros penitenciarios de Los Andes, San Felipe y Petorca, y los miembros de la Cruzada Cáritas, que llevan consuelo y compañía a los enfermos en los hospitales del valle de Aconcagua y Petorca. Su labor silenciosa, constante y profundamente humana fue el corazón de este proceso formativo, que buscó fortalecer, acompañar y renovar espiritualmente a quienes suelen ser sostén para otros.
Hasta el antiguo monasterio llegaron voluntarios de los tres decanatos de la diócesis, junto a sacerdotes, autoridades civiles e invitados especiales. Entre ellos se encontraban el padre Roberto Gilbo, el padre Gabriel Fuentes —quien también fue tallerista del proyecto—, la coordinadora Lesli Opazo, la directora del Hospital San Juan de Dios de Los Andes, Ana Lazcano Lemus, representantes del área social, el administrador del Obispado Guillermo Cancino, la delegada episcopal de la Pastoral Social Marcela Pérez, la Hna. Carmen Leonor y, por supuesto, el obispo diocesano, Mons. Gonzalo Bravo Álvarez.
Una misión que nace del Evangelio
La jornada concluyó con una Eucaristía presidida por el Obispo Gonzalo Bravo, acompañado de los sacerdotes presentes. En su homilía, el pastor diocesano destacó el profundo valor del servicio voluntario como expresión concreta del Evangelio y del amor misericordioso de Cristo.
Subrayó que “acompañar en la enfermedad, en el dolor y en la privación de libertad es caminar junto a la dignidad humana más herida, y para ello el corazón debe formarse, fortalecerse y disponerse con humildad y compasión”.
Una misión —comentó— que exige preparación, escucha y una profunda humanidad para sostener a quienes sufren.
Gratitud por un año de acompañamiento
Tras la misa, se realizó una breve ceremonia y un posterior ágape comunitario en los espacios del ex convento, donde se agradeció a los voluntarios y voluntarias que participaron del proceso formativo. Este proyecto fue posible gracias al apoyo de Cáritas Chile, que financió la iniciativa.
Durante el encuentro, Marcela Pérez, delegada episcopal, expresó unas palabras de gratitud:
“Con mucha gratitud hemos finalizado este momento. Damos gracias a Dios por permitirnos acompañar a quienes han acompañado toda una vida. Como pastoral, poner el eje en cuidar y formar a quienes sirven reafirma nuestra misión: preocuparnos también por quienes cargan, a veces en silencio, con el peso del acompañamiento. Esta experiencia nos deja agradecidos y convencidos de que hemos aportado un pequeño granito de arena a esta hermosa vocación”.
La Pastoral Social también extendió un reconocimiento a los talleristas, cuyo conocimiento y experiencia pastoral fueron fundamentales para el desarrollo del proyecto.
Finalmente, la delegación reafirmó que este cierre no marca un final, sino un punto de partida hacia nuevos desafíos, con la convicción de seguir buscando caminos que permitan “ayudar a quienes ayudan”, fortaleciendo el tejido comunitario y el servicio a los más vulnerables del territorio diocesano.










